Eduardo Coudet, el trapecista, tomó decisiones fuertes y contagió con los pibes: está a un partido de ser campeón

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A Eduardo Coudet, tal como le había pasado a Gallardo cuando River echó a Martín Demichelis, le tocó subirse a “un tren en movimiento”. En medio de las competencias, con casi todos los jugadores en la mira y un clima espeso que hasta había generado una de las frases más resonantes desde que está en el banco millonario: “Esto era Vietnam”. A veces, el Chacho se sube al vértigo de sus equipos, que tratan de ser audaces, arriesgados y viajan a mucha velocidad, tanto para atacar como para defender. Las conferencias de prensa suelen tener un ritmo similar. Sanguíneo, frontal y temperamental, Coudet aprovechó las prácticas y no dudó en meter mano de arranque.

Entonces River fluctuó entre el entusiasmo inicial (más por los resultados que por el juego), el tropezón con Boca y una manera de “sobrevivir” en el torneo Apertura y la Copa Sudamericana (pero sobre todo en el certamen doméstico) asumiendo riesgos como si fuera un trapecista. Y ahora se prepara para la final con Belgrano, con la fluctuante situación que, aunque pasó algunas tormentas, puede ser campeón con apenas 73 días de gestión en el club de Núñez, si se toma como punto de partida el debut con triunfo ante Huracán por 2-1 en Parque de los Patricios, conseguido el 12 de marzo.

Eduardo Coudet con Fausto Vera, uno de sus titulares, en un entrenamiento de River

Justamente por lo mencionado antes, le tocó asumir, debutar con Aldosivi, y –obviamente- no poder hacer una pretemporada ni conseguir refuerzos, más allá de la llegada de Tobías Ramírez (defensor central de Argentinos Juniors), que apareció como una oportunidad y una ventana generada por una lesión. Ante esa situación, Coudet podría haber mantenido la calma y esperar al receso del Mundial para tomar decisiones fuertes y concretas, pero no.

La formación que sentenció el segundo ciclo de Gallardo al frente de River, ante Vélez (derrota por 1-0) fue con Armani; Montiel, Martínez Quarta, Paulo Díaz y Viña; Vera, Moreno y Galván; Juanfer Quintero; Driussi y Colidio. Es cierto que la salida del técnico más ganador se dio una fecha después, con el triunfo ante Banfield por 3-1, pero eso había sido una formalidad.

Los titulares de Coudet en la semifinal ante Rosario Central fueron: Santiago Beltrán; Montiel, Martínez Quarta, Lautaro Rivero y Viña (Acuña estaba tocado); Moreno; Juan Cruz Meza, Vera y Tomás Galván; Driussi y Colidio. También ingresaron frente al conjunto rosarino Lucas Silva, Joaquín Freitas (como primer recambio), más Santiago Lencina y Ian Subiabre.

Teniendo en cuenta encuentros por Copa Sudamericana u otros compromisos del Apertura, también les dio rodaje a chicos como Ulises Giménez, Facundo González, Lautaro Pereyra y Jonathan Spiff. La imagen dada ante Bragantino no fue buena, pero -teniendo en cuenta los contextos- cada decisión de Coudet generó una tendencia notoria: en muchos casos confió más en lo que potencialmente podría darle un juvenil de las inferiores antes de las prestaciones que podrían entregarle futbolistas de más recorrido como Kevin Castaño, Maximiliano Salas, Giuliano Galoppo, Maxi Meza, Paulo Díaz, Kendry Páez y hasta Juan Fernando Quintero. El propio Franco Armani, superganador en el arco millonario, hoy debe rendirse ante la evidencia por el gran momento de Beltrán.

Eduardo Coudet da indicaciones aprovechando una pausa de rehidratación dispuesta por la Conmebol en la Copa Sudamericana

“Acá no hay ningún misterio ni problema personal con nadie: los que mejor están van para adentro”, marcó pautas de arranque Coudet. Y el mejor ejemplo es Juanfer Quintero, quien hizo el gol más importante de la historia de River y era el capitán con el último Gallardo, pero su rostro hoy muestra fastidio. El 10 entra enojado, cuando lo normal es que un futbolista se retire molesto si no le salieron las cosas. Otra de las decisiones del Chacho. Más allá de sus aportes recientes, ¿el domingo podrá Juanfer recuperar la felicidad?.

River no jugó mucho mejor con Coudet de lo que lo hacía con Gallardo, pero sí pasó a moverse a otro ritmo, con más espíritu, cambio de ritmo y velocidad. Desde el aspecto individual, tampoco puede decirse que el Chacho haya potenciado a varios futbolistas, a excepción de Acuña, que había quedado marginado por el entrenador anterior, o Moreno. Las figuras millonarias del semestre están entre Beltrán, Acuña y Driussi, que cuando las lesiones no lo castigan logra aportar su cuota goleadora.

Tomás Galván, uno de los jugadores con mejor rendimiento en River

Y siempre hace méritos para subirse al podio Tomás Galván, con menos “realismo”, con menos gol y asistencias de las que podría ofrecer, pero –desde las tomas de decisiones y movimientos- es el mejor mediocampista millonario. Controla bien, se mueve bien, aparece siempre libre, rompe líneas para adelante y le cometen muchas infracciones que luego el equipo aprovecha para lanzamientos de pelota parada: sus compañeros lo buscan menos de lo que deberían para, así, poder tomar más contacto con la pelota dentro del área rival. Pero en cuanto se termine de soltar o ensamblar desde los “entendimientos” con sus compañeros, será más gravitante.

“Vamos a seguir necesitando de los más jóvenes porque los necesitamos”, había dicho Coudet después del 3-1 de River vs. Aldosivi. Y había dejado un mensaje a los hinchas por las reprobaciones a Subiabre: “Hay que tocarle el hombro al de al lado y decirle que acá los chicos nunca se tocaron, no hay murmullo ni nada con los chicos. Yo estoy para poner la cabeza, pero un murmullo con un chico de 19 años no va. Me hubiese gustado que empujemos alguna de las situaciones que generó Ian (Subiabre). Quiero que les vaya bien a los jóvenes”.

Eduardo Coudet da indicaciones en un entrenamiento de River

Chacho asumió riesgos con planteos protagonistas y cambio de nombres importantes pero también recurriendo a movidas defensivas –poniendo línea de 5- para sostener resultados en los minutos finales, como ante Huracán (Paulo Díaz por Páez) y Estudiantes de Río Cuarto (Viña por Subiabre, Castaño por Driussi y Paulo Díaz por Acuña). También armó una línea de 3 para arriesgar y buscar el empate con Bragantino, que terminó consiguieno Lautaro Pereyra para asegurar la clasificación internacional.

La ciclotimia también se modificó en pocos días, del enojo de “hicimos un buen partido. Parece que River nunca juega bien. Quieren convencer a la gente de que no juega bien. Pateamos 23 veces al arco, tuvimos más de 70% de posesión contra un equipo que se cierra atrás con nueve jugadores. Hay varios factores, como el campo de juego, pero la intención está”, al pedido de disculpas a la gente por la derrota ante Atlético Tucumán. Pero él también fue cambiando las evaluaciones, del “es difícil, cuando tenés que cambiar la ecuación en un clásico, mirar para atrás y tener cuatro o cinco chicos de 20 años” (en referencia a la derrota con Boca) a elegir directamente como titulares a chicos de 20 años por encima de futbolistas con mayor experiencia, como hace ahora.

Eduardo Coudet, DT de River, con una sonrisa optimista

“¿Tengo mucho cu…? ¿Hace cuántos partidos que estoy y cuántos perdimos? ¿Sólo dos? Seguramente, la suerte la construyen los jugadores y el trabajo, lo que se sacrifican todos los días. Soy un trabajador, obsesivo de esto. Y los partidos duran hasta lo que digan los árbitros. En los últimos partidos demostramos cosas buenas que vamos a tratar de sostener”. Chacho, un DT impulsivo, llama a los futbolistas por los apodos. Siempre fue cercano al jugador, aunque le toque tomar decisiones difíciles. Si las reglas están claras, Castaño puede ser “Pana” para el técnico en la pausa de rehidratación. Coudet intenta poner al equipo por encima de todos. En el juego está todavía lejos de lo que pretende ver, en los resultados no tanto. Y, mientras asume riesgos con movimientos de trapecista, está a un partido de ser campeón. A su juego lo llamaron.

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