2025, el año en que kirchneristas y libertarios confirmaron sus parecidos

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“Mira tú libro de quejas y dime qué es lo que ves ¿eres tan diferente? ¿o eres igualito a mí?”, dice aquel tema de Sumo, la banda de rock liderada por Luca Prodan, que sonaba en los años 80, titulado “No tan distintos”. Una letra que nos permite pensar y comparar cómo el gobierno libertario de Javier Milei cosecha adhesiones mostrándose como el verdadero modelo antikirchnerista -de hecho, suman más por referenciarse en sus antípodas que por logros propios- pero en realidad se asemejan cada día más en los modos a lo que, según dicen, vinieron a cambiar.

Claramente son distintos en su visión de país, si bien ambos no dieron ni dan señales de adherir a las maneras republicanas -de hecho ambos subestiman y califican de “tibios” a quienes las interpreten y ponderen- hay diferencias de fondo. Cristina Kirchner claramente es partidaria de un Estado intervencionista y regulador. Milei defiende un enfoque neoliberal y minimalista. Ese es el gran desacuerdo, además de su perfil como conductores: por un lado, de un modelo colectivista y sensible a los reclamos sociales (no siempre con éxito en la práctica, pero sí en el discurso), como Cristina; por el otro, con una exacerbada actuación en favor del individualismo, del sálvese quien pueda y de la anulación del rol del Estado como administrador y ejecutor de políticas que generen soluciones (también sin éxito comprobado) como Milei.

Pero tanto uno como el otro coinciden en la manera de construir mayorías políticas, generando una fuerte división en la sociedad, lo que les ha permitido consolidar bases de apoyo intensas, pero también una fuerte oposición. Ambos se necesitan en ese sentido y lo peligroso del asunto es que el posible éxito de uno está basado más en el fracaso del otro, sin importar los problemas insolubles que se fortalecen y se expanden en el seno de la sociedad. Es que ambos disfrutan de su lado confrontativo, de generar fanatismo más que adhesión ideológica o política y se comportan de la misma manera, aunque no lo parezca porque apuntan en direcciones diferentes. Pero necesitan sostener de modo permanente un tono de confrontación, ya sea con la oposición política, los medios, los periodistas o ciertos sectores de la sociedad o grupos de representación de poder.

Los modos de los libertarios para conseguir votos en el Congreso son similares a aquellos que fueron tan criticados en el kirchnerismo: alinear votos con la “billetera” en mano. Es el caso de la utilización discrecional de una herramienta legal, los famosos Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Esto se vio en los últimos días, cuando solo en las dos primeras semanas de diciembre se giraron $66.000 millones a algunas provincias. Los beneficiados fueron Osvaldo Jaldo (Tucumán), Hugo Passalacqua (Misiones), Leandro Zdero (Chaco), Raúl Jalil (Catamarca), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Gustavo Sáenz (Salta). No hay decoro a la hora de girar fondos discrecionalmente que fueron negados durante el año y, en especial, a otras provincias. “Hay que conseguir votos como sea” dijo un legislador libertario convencido de que es mejor castigar y premiar que atender necesidades reales de cada provincia y sus ciudadanos. Una práctica tan criticada al kirchnerismo durante mucho tiempo pero que hoy se replica sin tanto desgaste mediático y social, algo que va de la mano de los “republicanos selectivos”, que antes daban la vida por la república y hoy aplauden estas mismas maniobras, muchos ya vestidos de violeta.

También son celosos del acceso a la información pública, un derecho ganado por la sociedad en todo sistema democrático. El año pasado, el gobierno nacional dictó un decreto que establece una serie de restricciones al acceso a la información pública, en rigor, la norma dictada por el presidente Javier Milei reglamentó siete artículos de la Ley de Derecho de Acceso a la Información Pública, sancionada en 2016. Diversos especialistas y organizaciones de la sociedad civil cuestionaron el decreto y su validez de imponerse al valor de una ley. No hubo marcha atrás. Fue ponerle un moño a la opacidad con la que el gobierno maneja todos los temas ligados a denuncias de corrupción, como la causa $LIBRA, Andis y también el PAMI o el destino de las 37 toneladas de oro que salieron del país y eran reservas del Banco Central. El gobierno, al igual que el kirchnerismo, oculta información y dificulta cualquier tipo de investigación administrativa. Hay que tomarse el tiempo de revisar la cantidad de mentiras que dijo el presidente Milei respecto de la causa $LIBRA -que la revista de negocios Forbes llamó “el robo cripto más grande de la historia”- donde aún hay una pregunta que el presidente no respondió y es esa que busca saber “cómo accedió a la dirección alfanumérica de 43 caracteres del contrato del token $LIBRA que publicó en su cuenta de la red social X”. Milei dijo que vio pasar el contrato y lo “difundió”, pero hoy nos enteramos gracias al periodismo que había firmado un contrato de confidencialidad con el trader americano Hayden Davis, y tomamos conocimiento del acuerdo en Dallas el 14 de febrero pasado y de las visitas del mismo Davis a reuniones con él y su hermana Karina. Está claro que el kirchnerismo mintió varias veces para ocultar o desviar hechos en distintas denuncias de corrupción, pero hoy Javier Milei y su hermana Karina hacen lo mismo. Milei se jacta de despedir a funcionarios mencionados en hechos de corrupción, pero por mucho más no actuó de la misma manera con la secretaria general de la Presidencia y su principal funcionario, Eduardo “Lule” Menem. Con ellos fue más contemplativo. Las razones solo generan más dudas.

Esta semana la exvicepresidenta de la Unidad de Investigación Financiera, María Eugenia Talerico, denunció en Comodoro Py un entramado de posible corrupción basado en relaciones de inteligencia y potenciales negocios que tiene como protagonistas a Santiago Caputo, el asesor presidencial, y Leonardo Scatturice, el empresario con vínculos con los servicios de inteligencia y los Estados Unidos. Todo comenzó con el acuerdo firmado el 12 de febrero de 2025 entre la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y la consultora estadounidense Tactic Global, cuya legalidad y finalidad se encuentran sospechadas en la denuncia, donde Talerico alerta sobre la posibilidad de una red de “embajadas paralelas” para realizar negocios oficiales fuera del circuito diplomático correspondiente. La gran pregunta es: ¿por qué la SIDE realiza estos contratos secretos? Todo se asemeja a aquellas “embajadas paralelas” en Venezuela durante el kirchnerismo, cambian los protagonistas pero no las acciones oscuras. El área de Inteligencia es la única del sector público que quintuplicó su presupuesto. Allí, donde todo es secreto, es donde más invierte el gobierno.

Un retroceso enorme en términos culturales y sociales es aquel que caracterizó gran parte del discurso del propio Milei y sus espadas libertarias. Directamente se abandonaron las buenas formas, el respeto en el diálogo y en el debate político. Se puede coincidir o no con el adversario, pero tratar al otro de “mogólico” “kuka” o “negro planero ignorante”, es una regresión social demasiado peligrosa. Podríamos citar otros ejemplos que vienen de parte de otras voces libertarias que actúan en su escenario preferido, las redes sociales. Allí se despachan contra todo aquel con pensamiento crítico, abusando de insultos agraviantes, con el objetivo de acallar y segregar esas voces desde un lugar de poder, donde la razón se obtiene por solo pertenecer al espacio político que se adueña de la verdad, como hizo el kirchnerismo durante dos décadas. Ahora ocurre desde la vereda de enfrente y de manera muy grave, donde voces afines al gobierno desde las redes sociales llaman a bombardear el Congreso, sacar los tanques a la calle porque el Senado votaba la reparación salarial de los jubilados o desearle que “muera de SIDA” a un diputado opositor. Luego del triunfo del 26 de octubre, Lilia Lemoine, legisladora libertaria, apareció en el programa FDC, que se emite en el streaming Ánima Digital conducido por el abogado Alejandro Sarubbi Benítez. Allí, el columnista Alfredo “Rino” Gammariello dijo que a los K “con lo único que les va mal es con el agua. Cuando van a las marchas los bañan; si los tiran de los aviones, no saben nadar y, si se tiran por algún lado por el sur, también se ahogan”. La referencia aludía a la represión ilegal y a los vuelos de la muerte como parte del exterminio practicado por la última dictadura, juzgado y condenado en democracia. Lemoine acompañó la expresión con una carcajada. Se rumorea que algunos legisladores pedirán su expulsión por tal afrenta a los derechos humanos y a la democracia.

Con otras ideas, con otros argumentos para leer los hechos a su conveniencia, falta de disposición a dar el debate pero sí en imponer su verdad en las redes y los medios de comunicación, se replica lo que hizo, desde otro lugar pero con el mismo modo autoritario, el kirchnerismo durante su permanencia en el poder. Hay tantas coincidencias en su comportamiento político como diferencias en el aspecto económico y social. Se terminan copiando los modos. Y si siguen así, los libertarios solo lograrán reflejar una imagen repetida en el espejo de la historia. Esa que vinieron a cambiar pero que hoy, sin pudor, están reproduciendo.

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