River encadena festejos en los penales, pero no descubre una versión alentadora

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Rompió el hechizo en el Monumental y lo que era una maldición se convirtió en un aliado. Los penales le devolvieron la sonrisa a River, como en la Copa Libertadores, una semana atrás. Ahora en Mendoza, para derrotar por 4-3 tras un 0-0 a Unión, de Santa Fe, y clasificarse para los cuartos de final de la Copa Argentina, donde se medirá con Racing. Otra vez Franco Armani fue determinante con sus atajadas: el santafecino detuvo dos remates en la serie, a Lucas Gamba y a Valentín Fascendini y recibió una nueva ovación de los hinchas.

El tridente ofensivo con el que se entusiasmó el hincha quedó archivado con la ausencia de Facundo Colidio. La presencia de Juanfer Quintero en la alineación, fue desechada. El chileno Paulo Díaz completando la zaga central con Martínez Quarta, descartada. La idea de rotar piezas y las lesiones modificaron las expectativas, y el director técnico Marcelo Gallardo tuvo que ejecutar retoques para no malgastar elementos ante la triple competencia que desanda River, con la Copa Libertadores como objetivo de máximo y las dos competencias locales –el torneo Clausura y la Copa Argentina- completando el combo. Las individualidades ofrecieron una impronta a la formación que dispuso el Muñeco, que repitió la receta de lanzar a los laterales como extremos y, desde ese movimiento ensayó las rectificaciones.

Franco Armani, determinante en la tanda de penales: el jueves a la noche, en la clasificación con Unión en la Copa Argentina; una semana atrás, frente a Libertad, por la Copa Libertadores.

La presencia de Enzo Pérez, que tuvo descanso el lunes ante Lanús, se impuso como la ficha más retrasada en el diamante que dibujaron los volantes: al mendocino se le acoplaron el colombiano Kevin Castaño y Giuliano Galoppo, a la derecha e izquierda, respectivamente, con Nacho Fernández como punta de la figura geométrica. Sebastián Driussi y Maxi Salas, los atacantes que se exprimían para incomodar: movilidad para no ser detectados por los rivales, aunque por pasajes y ante la imprecisión tampoco eran localizados por los compañeros.

Marcar el pulso, manejar la intensidad del desarrollo, una invitación a la que los millonarios no se rehusaron, aunque el control de la pelota y el campo no se reflejó en situaciones de riesgo en el primer tiempo. La volea que ensayó Galoppo, después de una habilitación de Castaño, una acción que provocó un aplauso del entrenador –el volante demostró su capacidad para pisar el área-, pero resultó la única jugada en la que Gallardo esbozó una mueca de satisfacción en el episodio inicial.

Nacho Fernández y una actuación de mayor a menor en Mendoza; en el segundo tiempo fue reemplazado por Juanfer Quintero.

Unión se abroqueló, recortó espacios, aunque sin refugiarse contra su arco: la distribución de piezas que hizo River, los santafecinos la contrarrestaron con un clásico 4-4-2. Un sello típico de los equipos que ordena Madelón, que fue paciente, cerró los caminos para que su arquero Matías Tagliamonte no recibiera un asedio constante –intervino ante una arremetida de Salas, que terminó cometiendo falta- y con dos corridas expuso que tenía armas para lastimar. Mauricio Martínez fue quien martilló y encendió las alarmas en el rival: primero, lanzando desde su propio campo al observar a Armani adelantado; más tarde, en una corrida que inició Marcelo Estigarribia, que descargó en Caramelo, para que el volante definiera junto al poste izquierdo.

Descubrir una versión mejorada, después de la agónica clasificación por penales ante Libertad (Paraguay) para los cuartos de final de la Copa Libertadores y el empate que logró Lanús en la última acción, el lunes pasado, por el torneo Clausura, una tarea que River no cumplió. Por esa razón, Gallardo metió manos en la formación. Las charlas entre el director técnico y su ayudante Matias Biscay presagiaban movimientos: el primero fue el ingreso de Quintero por Nacho Fernández, que fue de mayor a menor.

Batalla en el piso: Fernández y Valentín Fascendini disputan la pelota; el zaguero de Unión es uno de los jugadores que fallaron en la tanda de penales ante Armani.

Se animó a juntar pases y aunque la jugada se ensució entre múltiples rebotes y alguna pifia, River demostró otra actitud para atacar; de la definición de Galoppo al remate de cabeza de Salas, que incómodo elevó la pelota, y la pegada de Marcos Acuña, que sin recorrido pateó al arco, aunque no hizo blanco. Pero el fervor también tuvo un freno: Julián Palacios habilitó a Cristian Tarragona, que no encontró el ángulo ante Armani; al guardavalla, que fue gravitante en el partido y en los penales en la Libertadores y anoche, se le escurrió de las manos un envío aéreo y Francp Fragapane falló. El Pulpo se recompuso al controlar un pelotazo de Mauro Pittón, como si empezara a tomar la confianza para gravitar en los penales.

El partido también tuvo un pasaje para la polémica, cuando Juanfer Quintero habilitó a Acuña, que cruzo la pelota para el ingreso de Gonzalo Montiel; el lateral derecho no llegó a conectar y reclamó una sujeción de Fragapane. El árbitro Andrés Gariano no sancionó, y como en la Copa Argentina no se utiliza la tecnología del VAR para revisar las acciones controvertidas el partido continuó con un saque de arco. La pegada del colombiano Quintero era un cuchillo filoso: de un tiro libre que lanzó, Driussi impactó mordido el balón y facilitó la atajada de Tagliamonte. River se oxigenó con las modificaciones, el juvenil Santiago Lencina reemplazó a Galoppo, y preparó el asalto final. La contracara era la disposición de Unión, que cambió pieza por pieza con la meta de sumar frescura y quitar a los futbolistas que se desdoblaron entre chocar con los defensores rivales o recorrer las bandas.

Resumen de la River 0 (4) vs. Unión 0 (2)

Con Miguel Borja y Colidio, Gallardo renovó la fórmula de ataque. La idea de los penales no entraba en los planes: Lencina hizo lucir a Tagliamonte y Unión, en la misma jugada, tuvo tres oportunidades para desnivelar. El empate estaba sellado y River desató el nudo con las manos de Armani para que la triple competencia siga en pie, aunque para hacer historia el equipo debe descubrir una versión superadora. Tiene margen para crecer, necesitará que las individualidades den un paso al frente y que colectivamente los engranajes se conviertan en una maquinaria.

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