Las actuaciones de los árbitros desatan polémicas en el fútbol argentino. Fallos controvertidos, diferentes criterios para sancionar una idéntica acción, desempeños inconsistentes de quienes son designados para actuar en el VAR atraviesan al plantel que lideran Federico Beligoy, titular de la Dirección Nacional de Arbitraje (DNA) de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y secretario general de la Asociación Argentina de Árbitros (AAA), y Fernando Rapallini, en la función de secretario técnico de la DNA. Los cuestionamientos sobre los desempeños avanzan de una temporada a otra y, al volver la vista atrás, la figura del referí se esmeriló, perdió jerarquía, aunque desde la conducción se enfatiza en que el grado del arbitraje argentino está entre los mejores del planeta. Hay una realidad que atenta contra la escalera de crecimiento, la adquisición de rodaje y de experiencias: un campeonato de 30 equipos, como el de la Liga Profesional, y el ingreso de la tecnología para revisar jugadas puntuales con repeticiones de video impone el nombramiento de más árbitros para la cobertura de una fecha. Las promociones son más vertiginosas y hasta con un puñado de partidos se accede a la chapa de internacional, que ofrece un salto deportivo y económico.
En los últimos calendarios, varios árbitros tuvieron el bautismo en la Liga Profesional, aunque el recorrido resultó efímero en el campo y ahora intercalan funciones de cuarto juez o son nominados para desempeñarse en el VAR. Para otros, en cambio, ni los cuestionamientos detuvieron el ascenso y hasta lograron la designación de internacionales. Las nominaciones de Pablo Giménez, que se estrenó en 2021 y apenas dirigió tres partidos; Franco Acita, 11 juegos entre el debut en 2022 y la séptima fecha del torneo Clausura; Fabricio Llobet, una sola actuación, en abril del año pasado; Rodrigo Rivero, dos partidos desde 2022 –este curso solo tiene designaciones en el torneo Federal A-; Jorge Nelson Sosa, la estadística señala un partido en 2024 y controversias que lo persiguen desde las jornadas en que diría en la liga correntina… demuestran las bajas performances del recambio. Con mejores números en la estadística, no en la conceptualización, asoman Pablo Dóvalo, Bruno Amiconi y Bryan Ferreyra, mientras que algunos que se destacan por situaciones polémicas en los campeonatos de ascenso, como Lucas Novelli, José Carreras o Gastón Monzón Brizuela, son actores desde el VAR.
Entre los diez árbitros internacionales que acredita el fútbol argentino, dos de los tres nombramientos para 2025 son observados de reojo: Sebastián Martínez Beligoy, sobrino del secretario de la AAA, y Luis Lobo Medina; el restante es Andrés Gariano. Bahiense, de 35 años, Martínez Beligoy debutó en 2022 en la elite, después de cumplir 23 partidos en la Primera Nacional. El progreso resulta vertiginoso: en marzo de 2021 dirigía su primer encuentro en la Primera B. Designado para conducir hoy Vélez vs. Lanús, dos jornadas atrás dejó una floja imagen, al borde del descontrol, en Platense vs. San Lorenzo.
Primer árbitro internacional tucumano, Lobo Medina (40 años) desanduvo el camino inverso a Martínez Beligoy y demoró una década en dar el salto a la Liga Profesional, desde las categorías de ascenso. Las polémicas resaltan en su hoja de ruta, como si se tratara de una virtud y no de un llamado de atención. ¿La última? Este viernes dejó un tendal de desaciertos en el empate sin goles entre Instituto e Independiente, en Córdoba. Los nuevos nominados y aquellos que dejaron de ser internacionales en 2025 tienen en común los escándalos y desempeños objetados: Andrés Merlos, Fernando Espinoza y Pablo Echavarría fueron quienes dejaron el espacio en el actual curso. En los dos calendarios anteriores treparon Nazareno Arasa y Sebastián Zunino, en 2024, y Nicolás Ramírez y Leandro Rey Hilfer, en 2023; los que dejaron el status de internacionales fueron Rapallini, Nicolás Lamolina, Néstor Pitana y Mauro Vigliano.
La comparación entre la aptitud de los árbitros de otras generaciones y la actuales es difícil de equiparar. Cantidad de partidos, la exposición de la TV –en la última final de la Copa Libertadores se colocaron 33 cámaras-, la herramienta tecnológica del VAR… algunos de los ítems que impiden medir épocas. “Hoy es más difícil ser árbitro que hace 30 años. Es una actividad maravillosa, atrapante, pero demandante. Ejercer justicia deportiva es más complejo, porque los cambios desde la época en que dirigía mi papá a los que dirigí yo fueron no solo en una cancha, la sociedad se modificó”, revela Patricio Loustau, que se retiró en noviembre de 2022.
Su padre, Juan Carlos, debutó en primera en 1979, fue 11 años árbitro internacional –desde 1981 a 1992-, dirigió en el Mundial de Italia 1990, en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y en dos copas América, además de tener a su cargo una final Intercontinental y dos finales de Copa Libertadores. “Ahora se necesitan más cantidad de árbitros y las promociones son más rápidas. Es un doble filo: a veces no se está maduro y los errores terminan quemando una carrera. Hay otra exposición, pero también otra preparación. Los árbitros de hace 50 años pareciera que eran mejores, pero las polémicas también eran muchas”, comenta un exárbitro mundialista.
Los árbitros con estatus de internacionales son los que están en condiciones de lograr, además, un mayor progreso económico. Darío Herrera, internacional desde 2015, Facundo Tello (2019), Yael Falcón Pérez (2022), Nicolás Ramírez (2023) y exinternacionales como Jorge Baliño, Silvio Trucco, Fernando Rapallini y Néstor Pitana dirigieron en Arabia Saudita, que paga 10 mil dólares por partido. Tello fue designado para dirigir en la Eurocopa 2024 y actuó en tres juegos: dos de etapa de grupos –5000 euros cada uno- y uno de octavos de final, donde embolsó otros 10.000 euros. Al reciente Mundial de Clubes asistieron como árbitros principales Tello y Falcón Pérez, con Hernán Mastrángelo como AVAR: la remuneración de un referí principal ascendió a US$ 5000 por partido, mientras que en el Mundial de Qatar 2022 –fueron nominados Rapallini y Tello-, la FIFA dispuso la misma remuneración que en la Euro2024. Quienes estuvieron en el VAR –como Vigliano- percibieron entre 3000 y 5000 euros, según las instancias.
Dirigir la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana ofrece prestigio y también dinero. La Conmebol desembolsa 3300 dólares por partido, suma que asciende en los mata-mata con el siguiente escalonamiento: US$ 3700, en octavos; US$ 4000, en cuartos; US$ 10.000 en semifinales y US$ 20.000, la final.