El ascenso a Valdezcaray volvió a escena en la Vuelta a España tras trece ediciones de ausencia, convirtiéndose en el gran punto de interés durante la última jornada de la primera semana.
Los 195,5 kilómetros de recorrido entre Alfaro y la estación de esquí de Valdezcaray presentaron un perfil engañoso, donde el único desafío montañoso relevante del día se reservó para el tramo final.
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Con la mayor parte de la etapa transcurriendo por carreteras exigentes, los ciclistas atravesaron un terreno repleto de pequeños ascensos “pestosos” y bajadas de curvas cerradas, aunque estos repechos no puntuaban para la clasificación de la montaña.
Tales características dificultaron el ritmo en la aproximación al puerto principal, aunque la atención de equipos y aficionados se focalizó en los 13,2 kilómetros de subida al 5% de media que caracterizan a Valdezcaray.
El perfil de este puerto mostró un comportamiento peculiar: los primeros 4 kilómetros exigieron un esfuerzo considerable, con una inclinación promedio del 7% y rampas puntuales del 12%, mientras que el tramo posterior fue suavizándose hasta desembocar en un final casi llano en los últimos 3.000 metros.
Esta estructura propició un desarrollo de altas velocidades, favoreciendo a los ciclistas que permanecieran a rueda de sus rivales y pudieran aprovechar el efecto de drafting para conservar energía.