Denzel Washington dio un giro inesperado en su filmografía al aceptar el rol del corrupto Alonzo Harris en Training Day, papel que no solo rompió con la imagen de hombre íntegro que lo había acompañado durante años, sino que también le valió el Óscar al mejor actor protagonista.
Su decisión fue motivada, en esencia, por la influencia directa de su hijo mayor y el respaldo de su círculo íntimo, factores que le permitieron embarcarse en un registro interpretativo completamente nuevo.
El consejo de John David Washington

En el proceso de elegir su próximo proyecto, Washington involucró a su hijo John David en una tarea aparentemente cotidiana: le entregó dos guiones con la intención de promover su hábito de lectura. La actitud del joven, quien también ha dedicado su vida a la actuación, fue determinante.
Ante la resistencia inicial de Denzel para leer ambos guiones, John David fue enfático: “Papá, tienes que hacer este papel”. Esa recomendación, tan directa, lo descolocó y lo obligó a replantearse sus propios límites. Según relató el actor, su hijo justificó la elección al recalcar que “era rudo” y “nadie te ha visto hacer eso”.
El peso de esas palabras, nacidas de alguien que lo conoce íntimamente, resultó suficiente para que Washington le diera una oportunidad al guion de David Ayer.
Un cambio de registro inédito
Hasta ese momento, Washington había construido su carrera sobre personajes íntegros y admirables, papeles que reflejaban valores positivos. Sin embargo, él mismo reconoció que la única razón que lo alejaba de personajes más oscuros era la falta de propuestas atractivas.
Pero el guion de Training Day le ofreció, por primera vez, la posibilidad de mostrar otra cara de su talento y desafiar la percepción que el público tenía de él.

La calidad argumental del libreto, sumada a la recomendación familiar, influyó de manera decisiva. Washington destacó que nunca antes había leído una historia tan provocadora, lo que terminó de convencerlo para asumir el reto. Así, la combinación de un texto sólido y el apoyo cercano lo llevó a dar uno de los pasos más importantes de su carrera.
El estreno tras la adversidad y renacimiento profesional
La producción de Training Day enfrentó su propio desafío externo: el estreno, originalmente planeado para septiembre de 2001, fue retrasado por los atentados del 11 de septiembre, llegando finalmente a las salas el 5 de octubre de ese año.
Pese a la incertidumbre que marcó ese periodo, la película encontró un recibimiento notable tanto en crítica como taquilla. La recaudación mundial rozó los USD 105 millones, superando ampliamente su presupuesto de USD 45 millones.

El resultado no solo fue visible en cifras: el papel de Alonzo Harris le permitió a Washington obtener el mayor reconocimiento de la Academia, consolidando así su valentía de cara al desafío interpretativo.
La transformación actoral que expuso ante las cámaras fue celebrada por la crítica, marcando una nueva etapa en su filmografía y ampliando las posibilidades para su futuro profesional.
Una lección sobre los riesgos y la renovación
El viaje de Washington hacia ese rol resume la importancia de dejarse influenciar por quienes observan desde cerca y nos conocen profundamente. Elegir el papel de un personaje tan alejado de su imagen tradicional significó para el actor una puerta hacia nuevas oportunidades, pero también un ejemplo de cómo escuchar las sugerencias de los seres queridos puede ser clave en los momentos críticos de una carrera.

Explorar un registro desconocido fue, en definitiva, una apuesta a largo plazo. Denzel reconoció que el consejo de su hijo no solo tenía sentido en lo profesional, sino que también le dio la seguridad necesaria para romper con los lugares cómodos que había transitado durante años.
La historia detrás de Training Day muestra que, a veces, los mayores impulsos para cambiar provienen del entorno más cercano. Al aceptar un papel radicalmente distinto gracias a la opinión de su hijo mayor y el soporte del círculo íntimo, Washington redefinió su legado y renovó la forma en que la industria lo percibe.
La película no fue solo un éxito comercial y crítico: representó también un salto cualitativo en su carrera, abriendo camino para nuevos retos y personajes.
