
Durante el mes de diciembre, mientras en Occidente se preparan las celebraciones de la Navidad, los antiguos mexicas conmemoraban uno de sus rituales más relevantes: el nacimiento de Huitzilopochtli, su principal deidad solar y de la guerra. Este evento se desarrollaba en el contexto del festival de Panquetzaliztli, un periodo que marcaba la renovación anual del sol y tenía un significado central en la cosmogonía mexica.
La llegada de los españoles sorprendió a los cronistas al observar coincidencias en la época y el tono espiritual entre los ritos mexicas y las tradiciones cristianas. A diferencia de la festividad cristiana que gira en torno al nacimiento de Jesús, los mexicas enfocaban sus rituales en la regeneración del sol y el triunfo de la luz sobre la oscuridad, conceptos vitales para la subsistencia agrícola y el orden cósmico en el Anáhuac.
Panquetzaliztli, el mes de los estandartes elevados

El festival de Panquetzaliztli coincidía con el solsticio de invierno, periodo en el que los días comienzan a alargarse y la luz solar vuelve a predominar. Durante este mes, los mexicas erigían banderas y estandartes en templos y plazas, símbolos que representaban la presencia y el renacimiento de Huitzilopochtli. Nuestros registros describen cómo las calles de Tenochtitlán se llenaban de color por medio de flores y papeles recortados, en una atmósfera festiva que convocaba tanto a la élite como a la población común.
En ese contexto, se desarrollaban procesiones y ofrendas donde los danzantes y sacerdotes interpretaban episodios vinculados a la creación del mundo y a la victoria del dios solar sobre las fuerzas de la oscuridad. Era una celebración colectiva en la que se agradecía la supervivencia y la promesa de un nuevo ciclo agrícola.
Ritual y simbolismo en el nacimiento del dios solar

El punto central de Panquetzaliztli era el acto ritual que representaba el nacimiento de Huitzilopochtli. La mitología mexica narra que la diosa Coatlicue, madre de la deidad solar, dio a luz a su hijo en el monte Coatepec después de un momento de peligro, pues sus otros hijos planeaban matarla. El nacimiento de Huitzilopochtli simbolizaba la aparición del sol, que derrota a la noche y restablece el equilibrio del universo.
Los antiguos habitantes de México reproducían este acontecimiento con ceremonias que incluían la elaboración de figuras del dios hechas con masa de amaranto y miel, las cuales eran compartidas entre los participantes. Después se realizaban danzas y cantos que evocaban la gesta divina, mientras se entregaban ofrendas de flores, alimentos y banderas.
Contrastes y paralelos con la Navidad occidental

Existen elementos cercanos entre Panquetzaliztli y la Navidad, como el sentido de renovación y la importancia de la unión comunitaria. Si bien no existía un equivalente exacto al pesebre ni al árbol navideño, los mexicas elaboraban altares decorados y compartían alimentos rituales, consolidando lazos familiares y sociales. El protagonismo de la luz y la esperanza de un nuevo ciclo resuena tanto en la tradición mexica como en la cristiana, aunque cada una se funda en historias, símbolos y contextos históricos propios.
Durante el dominio colonial, varias prácticas indígenas se fusionaron con las celebraciones cristianas, generando tradiciones populares que aún pueden observarse en México. El recuerdo del nacimiento de Huitzilopochtli permanece como testimonio de la riqueza simbólica y espiritual que caracterizaba a esta civilización.
