Parece el Parque Güell de Gaudí, pero no está en Barcelona, sino en Italia: “Si no hubiera hecho esto, habría arruinado mi matrimonio”

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No es un museo ni una atracción turística, y eso es precisamente lo que la hace especial. (Instagram/Cristina Puleo)

El estilo de Gaudí es uno de los más reconocibles en el mundo: el uso de colores, elementos inspirados en la naturaleza y una fusión única de elementos góticos y modernistas. La inconfundible huella del arquitecto catalán ha inspirado a varios artistas por todo el mundo.

¿Y si un trocito de su arte se hubiera trasladado a Italia? En Lombardía, hay un rincón escondido que recuerda a Barcelona. Un lugar donde la mirada evoca ecos de las obras de Antoni Gaudí. Se encuentra en Grosio, en el auténtico corazón de la Valtellina, y es de un jardín privado, no un museo que merezca la pena visitar.

El protagonista de esta historia es Nicola, un artista autodidacta que transformó su patio en un universo pintoresco y extraordinario. El boca a boca entre los viajeros curiosos lo ha apodado desde hace tiempo el “Gaudí italiano”.

El jardín secreto de Lombardía

Pasear entre sus creaciones es como entrar por el agujero del conejo en el País de las Maravillas. A lo largo de los años, Nicola ha recopilado materiales que se encuentran por todas partes: botellas de vidrio, azulejos rotos, piedras lisas, cerámica irregular e incluso conchas.

Cada fragmento cobra nueva vida en sus manos, convirtiéndose en una obra única que merece la pena admirar al menos una vez en la vida. Se trata de una instalación completamente libre, y de acceso gratuito. No hay un camino preestablecido, solo un artista que ha elegido crear algo mágico y sumamente evocador para los visitantes.

Pero lo verdaderamente sorprendente es el entorno. Grosio es un pueblo tranquilo, enclavado en la campiña de Valtellina, famoso por sus viñedos en terrazas, la luz tenue en las montañas y el ambiente tranquilo de los pueblos de montaña.

Entre las casas más características de Grosio, un jardín se presenta como una visión, transportándote al instante al corazón de España. No es un museo, ni una atracción turística, y eso es precisamente lo que la hace especial. Por eso, cualquiera que se acerca a esta casa se queda sin palabras, al igual que los dos jóvenes creadores italianos.

El jardín de Nicola es un lugar para perderse, permite admirar una dimensión diferente a la habitual, mucho más íntima, ofreciendo una experiencia única. Los brillantes colores de su mosaico gigante merecen ser admirados con la certeza de que te encuentras en un lugar no solo hermoso, sino también privado. Así que, si estás en Valtellina, no puedes evitar admirar esta maravilla y sumergirte en su belleza inagotable.

El “Gaudí de la Valtellina”

Nicola es un hombre sencillo, originario de Abruzzo, que llegó a Grosio hace muchos años. Al jubilarse, se encontró pasando mucho más tiempo en casa. Pero en vez de terminar en el sofá discutiendo con su esposa, como él mismo ríe, decidió encargarse de un muro de piedra detrás de la casa que realmente no le gustaba.

Empezó a arreglarla, alicatándola, decorándola con fragmentos de vidrio, platos rotos, espejos, objetos encontrados en vertederos o tirados. Un proyecto nacido por casualidad, en parte para llenar el tiempo, en parte por belleza. Pero se convirtió en algo mucho más grande.

Nicola lleva más de 40 años trabajando en su “jardín de rocas”. Cada año añade algo nuevo: un murete, un mosaico, una escalera, un rincón nuevo. Todo lo hace a mano, sin dibujos ni planos, siguiendo únicamente el instinto y el deseo de crear.

¿El resultado? Un camino de 207 escalones, terrazas, nichos y decoraciones en cada rincón. Un increíble collage de formas y colores. Encontrarás de todo: botellas de vidrio, tazas, corazones, cerámica rota, tuberías, estatuas, conchas. Y todo funciona en armonía. Nicola afirma sin rodeos en una entrevista con Calendario Vatellinese: “Si no hubiera hecho esto, habría arruinado mi matrimonio”.

El jardín se ha convertido en su desahogo, su fuente de felicidad. Es la forma en que ha ocupado su tiempo con algo que disfruta, algo que lo estimula y lo enorgullece. ¿Y hoy? Hoy, muchos lo llaman el “Gaudí de la Valtellina”. En parte en broma, en parte por respeto. Porque sí, lo que construyó evoca algo artístico, espontáneo y poco convencional, como las obras del famoso arquitecto catalán.

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