
El aumento del salario mínimo para 2026, que quedó en $2.000.000 con auxilio de transporte, tiene dividido al país. Desde el Gobierno nacional, en cabeza del presidente Gustavo Petro, se asegura que la medida mejorará el poder adquisitivo de los trabajadores y que, por tanto, incrementarán su gasto y moverán la economía.
Por otro lado, desde la oposición política y desde el sector empresarial se advierte sobre consecuencias negativas que se evidenciarán en la economía del país. Aseguran que los pequeños empresarios no podrán costear el aumento de los salarios de sus empleados y que tendrán que despedirlos, lo que aumentará el desempleo y la informalidad. Además, auguran un alza en los precios de los productos y servicios, así como en la inflación.
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Frente a este último punto, que se centra en la inflación, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, se pronunció, con el fin de mostrar que hay casos de éxito en los que se ha evidenciado que la inflación se ha mantenido, pese al aumento del salario mínimo.
En su cuenta de X compartió el ejemplo de Brasil, gobernado por Luiz Inácio Lula da Silva, refiriéndose específicamente a las decisiones económicas que tomó en su primera administración.
“Son datos y hay que darlos para derrumbar falacias ideológicas. Lula 1 y 2 (2003 – 2010) en Brasil incrementó nominalmente el salario mínimo en un 99,89% y en términos reales un 53,58%, manteniendo la inflación año promedio en un 5,8%”, detalló el jefe de la cartera.

Las cifras que expuso indican que hubo importantes variaciones en el alza del salario mínimo en Brasil durante los años analizados, pero sí hubo incrementos parecidos al que se estableció en Colombia para 2026, considerado por la oposición como excesivo.
Así aumentó el salario mínimo en ese país cada año:
- 2003: 24 reales – 20,00%
- 2004: 260 reales – 8,33%
- 2005: 300 reales – 15,38%
- 2006: 350 reales – 16,67%
- 2007: 380 reales – 8,57%
- 2008: 415 reales – 9,21%
- 2009: 465 reales – 12,05%
- 2010: 510 reales – 9,68%
Y, aunque es cierto que en todos esos años la inflación tuvo una tendencia estable –como aseguró el ministro de Trabajo–, en 2003 el índice quedó en el 9,3% y en 2004 se estableció en 7,6%.

En otra publicación, Sanguino defendió el alza del salario mínimo, asegurando que además de representar una mejora económica para el país, constituye un avance en la garantía de derechos fundamentales de la población. Desde su perspectiva, no hay suficientes pruebas que relacionen el aumento con una reducción significativa de empleos, siendo esta una preocupación de las personas que trabajan en el sector de los servicios domésticos.
“No existe evidencia que demuestre que garantizar remuneración y condiciones dignas se traduzca en despidos masivos”, precisó.
En ese sentido, el jefe de la cartera instó la ciudadanía a dejar atrás la noción de que el reconocimiento salarial conduce inevitablemente a escenarios de desempleo. Indicó que muchas trabajadoras domésticas aún no reciben el salario mínimo en Colombia, lo que justificaría la intervención gubernamental para asegurar una remuneración adecuada y combatir la precariedad.

Aclaró también que el aumento del sueldo básico de los trabajadores envía un mensaje explícito relacionado con la valoración de las labores de cuidado: “Esta labor, fundamental para el bienestar de las familias y la sostenibilidad de la vida, ha sido históricamente subvalorada y precarizada”. Aseguró que el incremento busca revertir esta tendencia y otorgar a este trabajo el estatus económico y social que le corresponde.
“La realidad es que, como nunca antes, el país ha avanzado en el reconocimiento del valor del trabajo doméstico y en la garantía de condiciones dignas para quienes lo realizan”, añadió.
