
Antes de que se produjera el enfrentamiento actual, Kiko Rivera e Irene Rosales mostraron en público una relación cordial que les permitió compartir celebraciones familiares, como el reciente décimo cumpleaños de su hija Ana, al que también asistió Guillermo, actual pareja de Irene. Sin embargo, según la revista Lecturas, esta armonía entre el dj y la influencer se quebró por completo debido a una acalorada discusión telefónica relacionada con la custodia y recogida escolar de sus hijas en común, Ana y Carlota.
De acuerdo con la información publicada por Lecturas, el detonante del conflicto fue una solicitud que realizó Kiko Rivera. El artista, que ha iniciado una relación con Lola García desde el 30 de diciembre, pidió a Irene Rosales que autorizara a su nueva compañera sentimental para recoger a las niñas en la escuela. Este pedido sorprendió a Irene, quien, tras plantear varias preguntas a Kiko para conocer los detalles de la situación, no recibió respuesta satisfactoria por parte de su exmarido.
Según detalló el medio, Irene dejó claro durante la conversación que no estaba dispuesta a permitir que «una desconocida» se responsabilizara de sus hijas. El rechazo a la petición de Rivera provocó un aumento en la tensión de la llamada, marcada por la insistencia de Kiko y la negativa firme de Irene. La revista Lecturas resaltó que ante la escalada de la discusión, Irene optó finalmente por finalizar abruptamente la comunicación.
Otro de los puntos que amplificó el conflicto entre los exmiembros de la pareja fue la advertencia de Irene sobre la posibilidad de emprender acciones legales. Según recogió la misma fuente, Irene expresó durante la conversación que contemplaba recurrir a la vía judicial para evitar que Lola García, a quien consideró aún una persona ajena al entorno de las niñas, pudiera recogerlas del colegio.
El impacto de la llegada de Lola García a la vida de Kiko Rivera se ha convertido en el centro de las recientes fricciones con Irene Rosales. Tras anunciar públicamente su romance, la relación entre ambos ha generado diversos cambios en la dinámica familiar, especialmente en lo vinculado a la crianza y los acuerdos de coparentalidad. Lecturas señaló que la cercanía de Kiko con Lola y su deseo de integrarla en la vida cotidiana de sus hijas resultó inesperada para Irene, quien hasta el momento había mantenido una actitud de cordialidad en la convivencia por el bienestar de las menores.
El medio también apunta a que la separación formal de Kiko e Irene, anunciada en agosto tras once años juntos, había logrado establecer un marco de entendimiento que ahora parece haberse debilitado. A pesar de haber mostrado buena disposición en anteriores ocasiones, la reciente confrontación evidencia cómo las nuevas relaciones de pareja pueden afectar acuerdos previos e impulsar desacuerdos que llegan incluso al plano legal.
Lecturas sostiene que, además del desacuerdo puntual sobre la recogida escolar, la situación refleja un posible distanciamiento entre ambas partes en cuanto al manejo de la privacidad y la protección de las menores. Irene Rosales, de acuerdo con la publicación, ha expuesto su preferencia por mantener a sus hijas alejadas de personas que no formen parte de su círculo familiar más cercano, postura que habría chocado con los deseos de Kiko Rivera al buscar la participación activa de su nueva pareja en la vida diaria de las niñas.
El contexto del conflicto subraya el papel de la comunicación tras la ruptura y los retos de la educación compartida tras el inicio de nuevas relaciones sentimentales. Según Lecturas, mientras Kiko pretende avanzar en su nueva etapa sentimental incorporando a Lola García en el entorno de sus hijas, Irene exige garantías sobre la seguridad y la confianza en las personas que puedan hacerse cargo de las menores. La negativa de Irene y la advertencia sobre recurrir a la justicia amplían la brecha entre los dos, dejando en evidencia el alcance emocional y legal que pueden alcanzar estas disputas familiares conocidas por el público.
Lecturas resalta que el malestar surgido por la petición de Kiko Rivera ha marcado un antes y un después en la relación que ambos mantenían desde su separación y enfatiza que el caso se ha convertido en un foco de atención sobre los límites y responsabilidades en acuerdos de coparentalidad cuando hay nuevas parejas involucradas.
