ROSARIO.-La abrupta caída de los homicidios en Rosario en los últimos dos años provocó un efecto positivo en las estadísticas nacionales, que –según datos del Ministerio de Seguridad Nacional- llevaron a la tasa de homicidios en el país al 3,7 cada 100.000 habitantes.
De acuerdo a un documento presentado por la ministra Alejandra Monteoliva, en las zonas patrulladas por las fuerzas federales, en el marco del denominado Plan Bandera, los crímenes bajaron un 22 por ciento con respecto al año anterior.
La información difundida por esa cartera no aporta un detalle sobre la cantidad de hechos, sino un porcentaje. Actualmente, las fuerzas federales tienen presencia en seis zonas de la ciudad, donde se coordina con la Policía de Santa Fe el trabajo de patrullaje y control del delito. En esos sectores de la ciudad, como por ejemplo, Empalme Graneros, en el noroeste de Rosario, la violencia narco, de todas maneras, está latente. El domingo pasado, fue acribillada una mujer y un hombre resultó gravemente herido en un ataque con sicarios. A cuatro cuadras de donde ocurrió este asesinato fue baleada en diciembre pasado una niña de 7 años que quedó en el medio de un enfrentamiento entre bandas narco de la zona.
Los datos difundidos por el Ministerio de Seguridad Nacional están alineados con los que elabora el gobierno santafesino, a través del Observatorio de Seguridad Pública. En el último dossier publicado esta semana se detalla que en Rosario se produjeron 115 homicidios durante 2025. Hubo un repunte con respecto a 2024, cuando la caída fue abrupta. En el gobierno santafesino prefieren contrastar esas estadísticas con las de 2023. Ese año se cometieron 260 crímenes y al año siguiente cayeron a 90, un 65 por ciento menos.
Los números marcan que algo cambió en una dinámica criminal, sobre todo la vinculada al narcomenudeo, que se asentaba en los disparos calibre 9 mm, como forma de imponerse en un mercado que se atomizó con el tiempo, pero que quedó marcado a fuego por el “modelo de exterminio” de Los Monos, que también se trasladó al dominio dentro de las cárceles, desde donde por varios años capitanearon el negocio. En diciembre pasado el termómetro de la violencia empezó a preocupar otra vez por el incremento de las llamadas “balaceras”.

El Plan Bandera fue implementado desde diciembre de 2023, pero se reforzó con mayor cantidad de efectivos y de patrullajes en marzo de 2024, cuando se produjeron cuatro asesinatos de trabajadores elegidos al azar que provocaron una fuerte conmoción, que llegó a paralizar la ciudad durante una semana. Esa crisis actuó como un punto de inflexión en Rosario, porque demostró que la planificación de los asesinatos por parte de una especie de “cooperativa” de bandas narco era un desafío al control del Estado.
Desde ese momento, las desconfianzas mutuas entre los gobiernos nacional y provincial quedaron absorbidas por la necesidad de restablecer la “normalidad” del funcionamiento de una ciudad. El comité de crisis que se había creado no existe más, pero se mantienen reuniones los lunes y jueves entre jefes de fuerzas federales y provinciales.
En un plano más general, Rosario volvió a tener índices de homicidios tolerables, aunque siguen siendo altos. La ciudad tiene hoy una tasa de asesinatos que es casi el triple que la media nacional, pero antes, entre 2012 y 2023, era cinco veces más alta.
El gobernador Maximiliano Pullaro opinó que en el proceso de reducción de la violencia en Rosario tuvo una importancia vital el control del sistema penitenciario. “El problema estaba en que las órdenes se daban desde las cárceles. Hoy logramos controlar las prisiones y eso permitió bajar la conflictividad y evitar que muchos delitos se cometan en la calle”, indicó. En octubre próximo se va a inaugurar la cárcel llamada “El infierno”, que construyó la provincia en Piñero. Estará destinada a 1152 presos de “alto perfil” que estarán en módulos separados del resto de la población carcelaria.
Las armas de fuego siguen siendo el medio empleado en la gran mayoría de los homicidios en Rosario. Según los datos de noviembre de 2025 del Observatorio de Seguridad Pública, representan el 79,8% de los casos (83 víctimas).
Un dato que encendió alarmas en 2025 fue el aumento de personas heridas con armas de fuego en Rosario. Durante 2025, el departamento registró 363 heridos acumulados hasta noviembre, lo que evidencia un panorama de violencia armada sustancialmente más amplio que el reflejado en homicidios consumados.
En noviembre de 2025 se registraron 41 heridos por armas de fuego, lo que sitúa este mes como uno de los más críticos del año en términos de víctimas no letales de violencia armada. Este dato sugiere que, mientras el número de homicidios ha aumentado, la exposición general a la violencia por armas de fuego es aún más extensa.
Según el informe de noviembre de 2025, el 56,7% de los homicidios en Rosario ocurren en contextos vinculados a economías ilegales u organizaciones criminales (59 casos). Los conflictos interpersonales explican el 25,0% de los casos (26 víctimas), mientras que los homicidios en ocasión de robo representan el 3,8%.
En materia de crimen organizado se ejemplifica con el mito griego de “Hidra de Lerna” el efecto que la solución de un problema desemboca en la aparición de otro. Se corta una cabeza de Hidra y crece otra. A la par de la baja de la violencia durante los últimos dos años empezó a destacarse durante el último año la aparición de organizaciones que están un escalón más arriba en la estructura criminal, que no centran su negocio en la venta y distribución de droga, sino en la logística narco, que utiliza distintas modalidades para traer cocaína desde Bolivia y Paraguay.
