Los días más optimistas de Milei y el espejo roto de Trump

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En Javier Milei conviven el dogma y el oportunismo como dos almas paralelas. Es una suerte de bilardista moral que prioriza los resultados, pero los reviste a conveniencia de un sentido trascendental. Así se mostró esta semana en Davos, donde pregonó la supremacía ética de la economía de libre mercado y al mismo tiempo celebró el nuevo orden mundial que Donald Trump edifica a fuerza de aranceles, coacción estatal y caprichos personales.

La pieza de media hora que pronunció en la cumbre económica la trabajó durante dos meses en el viejo depósito reacondicionado donde se mudó dentro de la residencia de Olivos para vivir más cerca de sus perros. Eligió una declaración de principios, de apariencia académica, que expresa el espíritu optimista con el que encara los dos años que le quedan del actual mandato. En el teatro del poder global, ya no era el profeta que anticipaba el ocaso de Occidente sino el creyente que describe un resurgimiento en curso.

Delante de empresarios dio rienda suelta a esa confianza desbordante que lo inunda desde que La Libertad Avanza (LLA) ganó las elecciones legislativas de octubre. Les dijo que invertir hoy en la Argentina es como haber comprado acciones de Apple en 1985 o de Amazon antes de 2007. “Ya atravesamos la tormenta. No se imaginan lo que va a ser ahora con las velas desplegadas y el viento a favor”, aventuró.

Con los pies en la nieve, Milei celebró el fin de la visita a Davos junto a su hermana Karina y los ministros Quirno, Caputo y Sturzenegger

Considera que el ajuste y los conflictos de sus primeras temporadas en la Casa Rosada fueron como subir una bola de nieve por una montaña. Ahora se trata de empujarla hacia abajo y ver cómo se acumula el crecimiento argentino “segundo a segundo”. Pronostica que el PBI escalaría hasta 7 u 8 por ciento anual cuando se aprueben las reformas que se discutirán a partir de febrero en el Congreso. Casi el doble de la cifra que vaticinó el FMI para 2026 (y que sería, según ese informe, la mayor de la región).

La ecuación que hace Milei se sostiene en el apoyo de Trump, la debilidad creciente de la oposición al Gobierno y algunos signos de la coyuntura que lo llevaron a abrazarse con su ministro Luis Caputo durante la estadía bajo la nieve en los Alpes suizos: la baja del riesgo país a cifras que no se veían desde 2018 y la calma en la cotización del dólar a pesar de que el Banco Central avanza con la política de compra de reservas.

A la euforia de Milei se opone el escepticismo que subsiste fuera de la burbuja libertaria. Los datos del Indec siguen mostrando una economía estancada y con perspectivas de recuperación muy desiguales, en las que las actividades más demandantes de empleo (industria, construcción y comercio) sufren particularmente. Las todavía flacas reservas del Banco Central impiden disipar la expectativa de devaluación, una barrera para el repunte del crédito. La contracción de los salarios y el recalentamiento de la tasa de inflación en los últimos meses le añade presión social al panorama. y con perspectivas de recuperación muy desiguales, en las que las actividades más demandantes de empleo (industria, construcción y comercio) sufren particularmente. Las todavía flacas reservas del Banco Central impiden disipar la expectativa de devaluación, una barrera para el repunte del crédito. La contracción de los salarios y el recalentamiento de la tasa de inflación en los últimos meses le añade presión social al panorama.

Luis Barrionuevo y sus aliados, en el acto que organizó en Mar del Plata para sumar fuerzas contra la reforma laboral

El camino de las reformas no está del todo despejado. Los gobernadores siguen aumentando la lista de pedidos a cambio del voto para la ley laboral. El ministro del Interior, Diego Santilli, camina el país para encajar la geometría perfecta de una negociación atomizada. No le alcanza con explicarles la preeminencia moral de la economía de libre empresa.

Santilli, en el despacho del gobernador de Salta, Gustavo Sáenz

La gestión de gobierno atraviesa, en medio, turbulencias recurrentes. Desde Suiza, Milei tuvo que avalar la salida de ocho funcionarios de áreas diversas, algunos bajo la sombra de manejos irregulares de fondos. Salió el secretario de Transporte, el jefe de la Unidad de Información Financiera (UIF), el jefe del Enargas, hubo cambios en la Aduana y quedaron apartados dos gerentes de la empresa Nucleoeléctrica por presuntos sobreprecios en la licitación de un contrato de limpieza en las centrales atómicas. “Son señales positivas. Estamos más rápidos que en otros momentos, nos adelantamos a posibles escándalos”, matiza un dirigente libertario que estuvo en contacto con la comitiva presidencial.

Signos de transformación

Milei minimiza esos problemas. Su foco, como es habitual, está en la economía. La experiencia lo convenció de no salirse de ese riel. Davos exhibió su transformación: detrás de la pretensión académica y del relato antisocialista de su discurso se distinguió la vocación de no abrir conflictos innecesarios. Está muy fresca la crisis de protestas que desató el año pasado cuando asoció en una frase la homosexualidad con la pedofilia.

Vaticinó que se hablará pronto del “crecimiento a tasas argentinas” y que el país que él gobierna es “una de las pocas grandes oportunidades” que el mundo pone en la vida delante de los inversores.

Endulzó con su energía aperturista y desreguladora los oídos de los ejecutivos que fueron a tomarle la temperatura en una muy concurrida reunión a puertas cerradas. Cuando dio su discurso en el salón principal resaltaban las sillas vacías. Le tocó hablar después de que Trump divagara durante más de una hora sobre sus planes de conquista global.

Davos: la sala del auditorio en el que expuso Milei.mp4

La entrevista que le concedió a John Micklethwait, editor jefe de Bloomberg News, reflejó en cierto modo la cautela del ambiente empresarial que se tienta con el rosario capitalista de Milei, mientras reniega de sus extravagancias y contradicciones.

El periodista le preguntó por qué aún no podía levantar las restricciones en el mercado cambiario. “Cuando usted llega al gobierno no viene de cero. Tiene que enfrentar una historia y Argentina tiene una muy mala historia”, respondió Milei. Aclaró que solo lo hará cuando termine de eliminar el sobrante monetario heredado. No puso fecha.

Se materializaba ahí mismo el Milei pragmático. El alma gemela de quien el día anterior había afirmado que la política económica “debería orientarse a identificar y remover todas las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial y los intercambios voluntarios”. Y que “las políticas públicas deben estar guiadas por la ética y no por el utilitarismo, en tanto este siempre deriva en soluciones populistas y empobrecedoras”.

Fue todo un homenaje a Maquiavelo, que en paz descanse. El florentino, al fin y al cabo, postulaba una separación de la política y la moral tradicional, bajo la premisa de que la lógica y la finalidad del gobernante consiste en usar la virtud y la fuerza para lograr el bien común, incluso si eso lo lleva a actuar de un modo reñido con los preceptos morales. Una forma de entender el poder en función de la eficiencia, y no el cinismo desnudo al que pareció aludir el Presidente en su presentación.

Cuando le preguntaron por su relación con China olvidó también sus menciones inmediatamente cercanas a los comunistas que propiciaron “el asesinato de 150 millones de personas” para imponer sus ideas. Respondió: “Yo gobierno para 47,5 millones de argentinos y tomo las decisiones que más favorecen a los argentinos. Mi plan es abrirme a la Unión Europea, a China, a Estados Unidos. Mire el peso que tiene China en el comercio internacional: tengo que tener comercio con China”.

A ciegas con Trump

Trump y Milei se saludan en el acto de lanzamiento del Consejo por la Paz, en Davos

Al referirse a China puso énfasis en aclarar que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, le había dicho que no tenía problemas en que la Argentina mantuviera el flujo de negocios con el gran rival de Estados Unidos en la guerra comercial que desató Trump. Micklethwait le preguntó entonces qué pasaba con la base espacial que China tiene en la Patagonia argentina. “Eso no está probado”, lo frenó Milei, en un giro sorprendente que el entrevistador resolvió con una risita piadosa. A la estación ubicada en Bajada del Agrio (Neuquén) entró incluso su excanciller Diana Mondino en una misión de reconocimiento. Fue aquella vez en la que dijo no saber si había o no militares en el lugar “porque los chinos son todos iguales”.

Lo cierto es que Milei siente que su política con China se mantiene en los límites que trazó Washington. Sobrevuela siempre el temor de que Bessent pida revisar el swap de monedas con Pekín, que Estados Unidos interpreta como una posible herramienta para condicionar a la Argentina en cuestiones geopolíticas.

El apego a Trump es una condición inmodificable del gobierno libertario. Por eso el jueves Milei estuvo, aplicado, en el lanzamiento del órgano que el presidente de Estados Unidos creó con la vocación de reemplazar la institucionalidad internacional vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el llamado Consejo por la Paz.

La Argentina integra ese club junto a las monarquías del Golfo Pérsico, una decena de países de la antigua esfera soviética y una limitada muestra de democracias occidentales. Es el reino de Trump. Él lo preside, él tiene exclusivo poder de veto y para removerlo del cargo se exige una decisión unánime: es decir, que lo voten todos, incluido él. El Consejo mezcla objetivos militares y comerciales, y en su gestión participan empresarios además de diplomáticos, en una suerte de multilateralismo privatizado.

Milei se llevó un apretón de manos de Trump y un mensaje elogioso en redes sociales, que encendió a su tropa digital.

El club de Trump, al completo

Es lo bueno del amigo Donald: se guía por los actos y no por las palabras. De lo contrario sería problemático. Si algunos dichos de uno y otro en la cumbre fueran un diálogo tendrían la fisonomía de una amarga discusión:

-Milei: “Usted explíqueme por qué va a justificar que los argentinos tengan que pagar más caros bienes que podrían conseguir más barato. Es falso que eso destruya empleos. Es una de las grandes mentiras de los economistas keynesianos, que todo lo que toca lo rompen. Cuando usted abre la economía va a tener una reasignación de recursos, pero va a tener una ganancia de productividad por mayor división del trabajo y por mayor especialización”.

-Trump: “Si no fabricas tu producto en Estados Unidos… simplemente tendrás que pagar un arancel. Un arancel que dirigirá cientos de miles de millones de dólares, e incluso billones, a nuestro Tesoro para fortalecer nuestra economía”.

-Milei: “Ningún ser humano tiene derecho a ejercer agresión de ningún tipo contra otro ser humano, lo cual no sólo incluye la agresión física, sino también todo tipo de coacción, coerción y oposición bajo amenaza de uso de la fuerza”.

-Trump: “Queremos Groenlandia. Queremos un pedazo de hielo para la protección del mundo. Ustedes (los europeos) tienen una opción: pueden decir ‘sí’ y estaremos muy agradecidos, o pueden decir ‘no’ y nos vamos a acordar”.

Si logran convivir en las diferencias es por la afición compartida a la religión de los resultados. Cada uno obtiene del otro lo que necesita. Milei ha sabido, además, interpretar las necesidades narcisistas de Trump. Un rasgo que comparte pero que sabe reprimir en el altar de los bienes superiores.

“Maquiavelo ha muerto”: Javier Milei en Davos

La apelación ética que desplegó Milei en Davos es el ensayo de un nuevo relato en el que el outsider que venía a luchar contra “la casta” se afianza en el poder y propone fundar las bases de un porvenir. El capitalismo de libre empresa, en su versión libertaria, es “la única opción ética y justa”, postuló. Cuando clama que “Maquiavelo ha muerto” pretende clausurar la especulación política que subvierte el orden natural al que él adscribe. Fue como decir “sigo siendo el mismo” a una población que le amplió el crédito y ahora espera el bienestar prometido.

Las urgencias del poder se disimulan en un sueño de trascendencia. Son señales para el año decisivo que comienza. Si todo es moral, entonces, quien piense lo contrario no merece otra cosa que el castigo. Una filosofía que en la raíz conecta, como Trump, con un liberalismo que desconfía del disenso y que ubica el matiz en el espacio reprochable de las herejías.

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