
Hace unas pocas décadas, ver el rostro de Meg Ryan en la pantalla era sinónimo de estar a punto de reír y enamorarte a partes iguales con alguna de sus películas. Durante los años 90, su imagen y estilo se convirtieron en sinónimo del género de las comedias románticas. Sobre él, la actriz construyó una identidad que la vinculó de manera casi inseparable a títulos como Cuando Harry encontró a Sally, Algo para recordar y Tienes un e-mail.
Tan es así que Meg Ryan comenzó a entrar en ese arquetipo de la “novia de América”, etiqueta a pesar de la que la intérprete intentó diversificarse (eso sí, con poco éxito en taquilla) con incursiones en dramas como En honor a la verdad o películas de suspense como el thriller erótico En carne viva. Con el tiempo, de hecho, se la vio cada vez en papeles menos comerciales y proyectos independientes que no alcanzaron una gran repercusión.
Del cambio en la industria a la ruptura de su matrimonio
Tras su esplendor en la década de los 80 y los 90, las comedias románticas cada vez fueron a menos en los nuevos proyectos de las productoras y cada vez quisieron contar menos con Ryan. En el plano personal, la actriz no pasó tampoco al siglo XXI en su mejor momento, tras el duro divorcio que pasó con el actor Dennis Quaid, su sonada aventura con Russell Crowe y el acoso del escrutinio mediático por las diferentes cirugías estéticas a las que se había sometido, lo que afectó gravemente su imagen pública.
Esto hizo que, con los años, cada vez fuera más difícil encontrarla protagonizando alguna película, siendo la última de ellas la comedia Atrapado por amor, disponible en Prime Video. Con menos de 50 años, Ryan padecía el ostracismo de esa misma industria que tanto le había dado en el pasado, si bien ella también tenía sus propios planes lejos de ella, como su estreno como directora en el drama bélico Ithaca, donde, por cierto, aparece uno de sus grandes compañeros de reparto, Tom Hanks.
“Con la edad me he sentido más cómoda con las cosas”
“Me encanta la persona en la que me he convertido, en la que he evolucionado”, dice hoy Meg Ryan, en una entrevista concedida a la revista Glamour recientemente. La actriz parece haber entrado en una etapa completamente distinta con la dirección de su segundo largometraje, Lo que sucede después (Prime Video), y la incursión en futuros proyectos como Good Sex, comedia protagonizada por Natalie Portman y Mark Ruffalo que veremos en 2027. “Ahora que soy mayor, me encanta mi edad. Me encanta ver dónde estoy. Envejecer no es tan aterrador. Todos lo hacemos. Ojalá alguien me hubiera dicho antes: ‘Relájate, es lo que hay, no prestes atención a los obstáculos’”.

Así, liberada de una cultura que describe como “muy obsesionada con la juventud”, Ryan parece estar satisfecha lejos de la primera línea de la industria del cine. “En mi vida he sido muy luchadora, pero ahora me siento cómoda con las cosas. Creo que eso viene con la edad”. Con los años, por desgracia, también han llegado varias pérdidas dolorosas, la última de ellas la del director que la llevó a lo más alto, Rob Reiner.
“Gracias por vuestra fe en lo mejor de las personas y por vuestro profundo amor por nuestro país”, se despedía a través de sus redes sociales la actriz del cineasta y su mujer, asesinados el pasado mes de diciembre. “Tengo que creer que su historia no terminará con esta tragedia imposible, que algo bueno puede surgir, que se cree conciencia… No lo sé, pero supongo que ellos querrían que fuera esperanzador y humano, algo que nos llevara a todos a una mayor comprensión mutua y a un poco de paz”.
