El clásico bidet de uso tan difundido en la Argentina empezó a desaparecer en los desarrollos edilicios modernos. La practicidad, una necesidad de refuncionalizar el baño, sumar metros y opciones más estéticas lo están dejando de lado. Aunque no fue eliminado completamente, sino que otras soluciones lo remplazan.
Durante mucho tiempo fue sinónimo de higiene en nuestro país. El bidet comenzó a tener un lugar en los baños de las grandes ciudades argentinas a medida que los departamentos de la segunda mitad del siglo XX comenzaban a edificarse. Pero se dice que ganó fama en Francia, en el período napoleónico, cuando se hizo popular entre nobles, que lo exhibían como símbolo de estatus. Fue en ese entonces que se lo bautizó como “Bidet”, una palabra que en Francia es utilizada para nombrar a un caballo pequeño o un pony y que, en el caso de este artefacto, hace referencia a la posición que la persona adopta en su uso.

El futuro de los baños sin bidet
Sin embargo, es un artefacto para el que no hay lugar en el baño del futuro. Hasta se lo considera anticuado, poco funcional y no conveniente para espacios reducidos. Los arquitectos concuerdan en que hay que aprovechar al máximo los metros, de manera que la tendencia es buscar cómo reemplazarlo de manera eficiente. El cambio no implica renunciar a la higiene, sino adaptarla a soluciones más discretas, prácticas y sofisticadas.
La opción más popular y económica es instalar una ducha lateral, es decir, un pequeño rociador junto al inodoro que cumple la misma función, pero no ocupa espacio extra. Esta alternativa gana terreno porque su instalación sencilla, suelen tener un diseño minimalista, resulta cómodo en el uso diario y supone un mayor ahorro de agua y reducción del consumo de papel higiénico. Por otra parte, es un aliado para adultos mayores o personas con movilidad reducida.
Los especialistas advierten que el espacio ganado puede utilizarse para muebles de guardado o incluso un lavarropas o, simplemente para disponer de mayor espacio de circulación, especialmente en baños con escasos metros cuadrados.
Cómo funciona el inodoro inteligente
Otro aliado que vino a reemplazar al bidet es el inodoro inteligente, que tiene funciones de higiene como chorros regulables, temperatura ajustable, secado con aire caliente y controles remotos. Aunque parezca un equipo complicado, en realidad su uso es sencillo, viene con un mando a distancia o control remoto, pero también tiene un panel de control lateral, de manera que el usuario pueda elegir la opción que le resulte más cómoda. Las funciones principales, que son las de lavado y secado son muy fáciles de manejar, en muchos modelos, el aire sale por una ventana ubicada en la zona posterior, justo por debajo del asiento. Su fuerte radica en la higiene que proporciona a la persona, el smart toilet ofrece una limpieza completa con agua y secado con aire, mucho más suave y completa que el tradicional papel higiénico.

Si bien su uso es incipiente en nuestro país, se presenta como una alternativa que combina tecnología, funcionalidad, comodidad y una estética minimalista que es preferida por los arquitectos. Entre sus beneficios también se cuenta el ahorro de espacio, una mayor higiene.
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Por otra parte, hay que considerar que en la arquitectura moderna, el baño dejó de ser un espacio meramente funcional para pasar a ser un ambiente dedicado al bienestar dentro de la casa, en el que se busca generar experiencias sensoriales, por eso dominan los cuartos con mayor metraje, duchas tipo spa y distintos espacios pensados para la relajación. Los materiales de los baños son ahora naturales y nobles como piedra, mármoles y porcelanatos en paletas cálidas y neutras con griferías protagonistas y escenas de luz suaves. El bidet ya no tiene espacio en el concepto de baño moderno.
