Después de las empanadas, otro boom argentino en Europa: las medialunas conquistan Barcelona

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BARCELONA.- Si el rebusque de las empanadas argentinas venía pisando fuerte en el mundo, un nuevo ítem le compite en expansión y creatividad: hoy, las medialunas salen a la conquista de Europa. Y en Barcelona, el destino europeo con mayor cantidad de habitantes argentinos en la actualidad, plantan definitivamente bandera abriendo camino para lo que viene. Cuatro kilómetros hacia un lado o hacia el otro de la Sagrada Familia, el punto central de la ciudad, ya son más de 15 panaderías las que venden el producto autóctono, que cada vez es más internacional.

Todos consideran a Mendieta el germen del boom. Cuando dos panaderos rosarinos abrieron las puertas de su negocio en 2007 en Barcelona, había una sola, que ya no existe más. Lo suyo no fue un negocio por análisis de mercado, sino por oficio. Ornella, actual responsable del local familiar, dice que su padre –ahora con 78 años– nació en un saco de harina.

Tras algunos episodios de inseguridad en Rosario, vendieron las cuatro panaderías que tenían y emigraron a España en 2004. No lograron proyectarse en Mallorca y a los tres años optaron por Barcelona: “La medialuna era un producto nuevo. No había casi nada. Había argentinos, pero llevaban mucho tiempo viviendo acá y el primer tiempo fue complicado porque la materia primera no era la misma –cuenta Ornella, de 36 años y segunda generación de Mendieta, a LA NACION–. Pero la gente se fue enamorando del producto artesanal. En 2011 nos terminamos de afianzar en el barrio, y eso fue lo que nos dio vida porque el 50% de nuestro público es catalán”.

Mendieta, el germen del fenómeno

Todos los días, a las cuatro de la mañana, se encienden los hornos y los primeros clientes llegan a las siete con la apertura de puertas para buscar los productos recién hechos. Las medialunas cuestan 1,60 euros y también venden empanadas, tortas y sándwiches de miga. Las mesas en el interior están frente a una caricatura gigante de Mendieta, el célebre personaje de Fontanarrosa, y las de afuera sobre la vereda son las más requeridas durante las tardes. Los fines de semana, la fila se acumula hacia la calle, donde también a veces hay autos con balizas esperando. De lunes a viernes venden aproximadamente 600 facturas por día y los sábados y domingos cinco o seis veces más. La panadería familiar de tres personas ahora tiene 20 empleados y conserva la clientela.

“Ser empresario en España está muy idealizado porque los dolores de cabeza no son pocos. Creo que el fenómeno de las medialunas argentinas se dio porque la gente está abierta a probar un montón de cosas nuevas como también se ve el éxito del kebab, los tacos o la comida africana. Empezó hace poquito, dos o tres años, pero no creo que sea una moda, yo creo que el producto es rico”, dice Ornella, quien jura que nunca probó otras medialunas argentinas en Barcelona, pero conoce cuáles son las que más crecieron después de la pandemia.

La panadería familiar de tres personas ahora tiene 20 empleados y conserva la clientelaLa gente hace fila para comprar en Mendieta

Es el caso de Mariano y Valentina, que trabajaban en otros rubros cuando aterrizaron desde Mar del Plata en 2020. En diciembre de 2023 abrieron el primer local de Alfar, que ya tiene cinco en la ciudad, además de uno en Madrid y otro en Valencia. “Creímos que había una oportunidad de negocio porque consideramos que no había buenas medialunas en Barcelona y que tenía muchísimo potencial porque en la Argentina es la bollería más consumida. Las barreras de entrada eran bajas porque son similares a las croissants, que se comen acá. También vimos la tendencia creciente del café de especialidad y diseñamos un modelo de negocio monoproducto y súper escalable”, cuenta Mariano.

El crecimiento de la marca se dio a la par de la familia: se convirtieron en padres y por el momento piensan permanecer en Barcelona. Se consideran fanáticos de Mar del Plata y la referencia a su ciudad natal no solo está en el nombre de la marca sino también en la búsqueda de conservar el estilo de allí. “Yo creo que el secreto de las medialunas marplatenses está en su artesanalidad y en la mística que tienen. Está la teoría del agua de Mar del Plata, que les da ese sabor característico, pero nosotros las hacemos con leche. Somos muchos argentinos en Barcelona y eso ayuda, pero también la cultura argentina está en auge. La medialuna es un producto excelente. Tengo amigos de varias nacionalidades que les encantan, por eso no creo que sea una tendencia pasajera”, dice Mariano.

Con una inversión inicial y préstamos personales a los que pudieron acceder, montaron el negocio con el que ahora venden aproximadamente 60.000 medialunas por mes. La pareja afirma que el emprendimiento no es tan fácil como se podría pensar desde afuera, y que están 100% dedicados al emprendimiento que comenzaron hace menos de tres años.

Alfar ya tiene cinco locales en la ciudad, uno en Madrid y otro en Valencia

Tiempo después, una de las grandes marcas que construyó la identidad de las medialunas marplatenses, SÃO, vio la oportunidad. Su historia es diferente: fundada en 1952, ya tenía 18 locales en la Argentina cuando en 2024 abrió el primero fuera del país. La ciudad elegida fue Barcelona mediante la modalidad de franquicia y ya tiene cinco en la ciudad condal, además de dos en Madrid.

SÃO, la cadena de medialunas marplatenses

Las medialunas argentinas se venden en panaderías, pero también en cafeterías, brunchs o pastelerías. Lautaro tiene 30 años, es de Escobar y llegó a Barcelona en 2021. Había estudiado gastronomía y tenía ganas de emprender. Empezó haciendo medialunas en su casa, pero cuando llegaron sus dos hermanos más chicos –Nazareno y Martina– decidieron abrir un obrador en Hospitalet, al sur de Barcelona. Con una inversión de 25.000 euros a la que accedieron mediante un préstamo, sus medialunas de marca blanca empezaron a venderse en más de 15 lugares. Uno de los dueños de los negocios que le compraba, Andrés, decidió asociarse con los tres hermanos y abrieron Mezza Morris, cerca de la Sagrada Familia, en julio de 2025.

Mezza Morris, cerca de la Sagrada Familia, abrió en julio de 2025

“Es un producto parecido al croissant, que nunca te vas a cansar. Me tiré el lance y salió bien. Un mes después de que abrimos el obrador, empezaron a llegar otras marcas. Se nota el boom y está bueno porque a la gente le gusta y el producto está funcionando. Creo que tenemos las mejores de Barcelona porque nunca dejamos lo artesanal. Hacemos literalmente todo a mano. Esto no tiene techo: hay mucho público y, sobre todo, el de acá”, cuenta Lautaro.

El precio en euros de las medialunas

Con menos de un año, Mezza Morris vende aproximadamente 20 docenas por día y los sábados y domingos son sus días más concurridos. En diciembre y enero tuvieron una pequeña caída en ventas: casualmente, coincide con el frío y el período en que una mayor cantidad de argentinos regresa de visita a su país natal.

A pocas cuadras de distancia están las medialunas Fausto, que tiene una historia similar. Agustín, argentino de 35 años oriundo de Adrogué, llegó a Barcelona en 2023. Aunque se dedicaba a la contabilidad, su pasión por la cocina lo llevó a dar un giro en su vida. La primera vez que preparó medialunas fracasó: a su novia no le gustaron. Como sobraron, las llevó para comer con sus amigos, que le dijeron que tenía que dedicarse a eso.

Fausto empezó vendiendo 20 docenas por mes y hoy vende más de 2000

El boca en boca circuló, empezó a vender a gente que le pedía por WhatsApp y aparecieron los encargos de cafeterías. Durante seis meses estuvo cocinando medialunas en su casa: se levantaba a las dos de la mañana para fermentarlas, dormía dos horas, las horneaba a las cinco de la mañana y a las siete salía a hacer los envíos.

La clave está en el sabor, pero también en la variedad

En noviembre de 2024 decidió que no podía seguir así. Abrió su local y lo bautizó con el nombre de su sobrino, fanático de las medialunas, que vive en la Argentina. Además del obrador, desde donde distribuye también a hoteles y restaurantes, tiene un pequeño café con tres empleados. Empezó vendiendo 20 docenas por mes y hoy vende más de 2000.

“Hay costos que son altos y hay mucha burocracia, pero Barcelona te permite una mejor previsión que Argentina. Yo soy partidario de que el que viene, tiene las cosas claras y quiere trabajar, puede hacer grandes cosas. Si hay competencia es porque hay mucho público y al final a uno le gusta más una u otra, pero el fenómeno se nota bastante”, plantea Agustín.

El reconocido crítico gastronómico Mikel López Iturriaga, también opinó sobre el boom: “Primero vinieron las cotorras argentinas, luego llegaron las empanadas y ahora las medialunas. Estoy detectando esta invasión”, dijo en el pódcast A Pachas.

La fachada de Dulce María

Sabor excéntrico

Una de las curiosidades propias de la mayoría de las ciudades de España es el doble desayuno. Es decir, a media mañana es frecuente hacer una pausa laboral para tomar un café acompañado de pan con tomate, una tostada o hasta un sándwich. Entre las opciones dulces, el croissant de origen francés es el más tradicional y en los últimos años se han popularizado los manolitos, una adaptación española con un exceso de manteca al que a veces añaden chocolate.

Una bandeja abundante en Claras a Nieve

Quizás en un tiempo las medialunas, que todavía son un sabor excéntrico para la mayoría, también pasen a ser una opción. Eso sí: lo más difícil es imaginar que compren por docena, una práctica que todavía sigue siendo totalmente argentina.

El desembarco de la bollería estrella también se asentó de la mano de Dulce María, Taulat, Pa de Llet, Claras a Nieve y Primate, que abrieron sus puertas en los últimos años. Si es una tendencia del momento o una globalización del producto se verá en los próximos años.

Lo que seguro está claro es que, de un tiempo a esta parte, Barcelona tiene un poco más de sabor a Argentina.

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