“Me complace mucho que el gobierno de las Islas Falklands (Malvinas) mantenga vínculos tan estrechos con los veteranos y los miembros de guerra, todos los cuales dieron tanto por la liberación de nuestras islas en 1982”. Así se pronunció días atrás el representante del gobierno de las Islas Falklands (Malvinas) ante el Reino Unido y Europa, Richard Hyslop, quien participó de la Asamblea General Anual y el encuentro de confraternidad de veteranos de guerra ingleses de la Asociación de la Medalla del Atlántico Sur, celebrado en la ciudad de Gloucester, Inglaterra.
Así viven los isleños el recuerdo de la guerra del Atlántico Sur y el desembarco de tropas argentinas en las islas el 2 de abril de 1982, que fue el punto de partida para lograr una identidad y una autonomía política que hasta entonces no tenían. La Argentina había conseguido un triunfo diplomático histórico en el gobierno de Arturo Illia, en 1965, cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2065, que reconocía la existencia de una disputa bilateral de soberanía e instó a la Argentina y al Reino Unido a negociar sobre las islas. En esos años, antes del enfrentamiento bélico, existía una convivencia por necesidad, con isleños que viajaban al continente a atenderse a hospitales, a tener sus hijos o a enviarlos a estudiar a Río Gallegos o Comodoro Rivadavia. Además, desde 1974 y hasta 1982, un grupo de maestras argentinas viajaba a las islas a enseñar español y en base a un acuerdo con las autoridades locales, existía presencia de empresas públicas argentinas en las islas, como YPF, Correo Argentino y hasta LADE (Líneas Aéreas del Estado) -que abrió una oficina en Puerto Argentino-, que se mantenían en funcionamiento cuando desembarcaron las tropas argentinas. De hecho, existe un relato que da cuenta que el día de la recuperación de las islas, en la llamada Operación Virgen del Rosario, mientras los militares argentinos avanzaban desde Moody Brook, fue un empleado de LADE quien llevó una bandera blanca para negociar con el gobernador inglés, Rex Hunt y solicitar su rendición, mientras permanecía en su residencia ubicada en el cruce de Ross Road con Government House Road, acompañado de un grupo de marines.
Desde la culminación de la guerra, el escenario cambió considerablemente. Las consecuencias de la Guerra del Atlántico Sur fueron letales para una posible recuperación del archipiélago para la Argentina. Se dilapidaron las posibilidades de todo tipo de convivencia e interacción con los isleños que, de alguna manera, hasta ese entonces necesitaban de nosotros. Por esas razones es que convirtieron el 14 de junio en el día más importante de su calendario: es su fecha patria porque conmemoran el “Día de la Liberación”. Todo comenzó, luego de 74 días donde las tropas argentinas combatieron con coraje y heroísmo, cuando se produjo la capitulación argentina a cargo del general Mario Benjamín Menéndez, que acordó un cese de hostilidades, ante el mayor general Jeremy Moore. Atrás quedaban los combates más sangrientos que se desarrollaron en las últimas 72 horas de guerra; primero en los montes Longdon, Dos Hermanas y Harriet, para que luego las tropas británicas avanzaran sobre Wireless Ridge, Monte Tumbledown, Monte William y finalmente Sapper Hill. Así como el 2 de abril pasa absolutamente inadvertido para la población local, ellos se enfocan en el 14 de junio, que es una fecha de celebración para recordar a sus héroes caídos que dieron la vida para que sus habitantes recuperaran la soberanía, y lo evocan cada año con un desfile en las calles principales que va desde la Catedral hasta el Monumento a la Liberación de 1982, incluyendo un saludo formal frente a la Casa de Gobierno. La avenida Ross Road se viste de fiesta, con banderas británicas e isleñas -los locales tienen sus propios símbolos patrios- que decoran todo el recorrido desde Philomet Street hasta el Memorial de la Infantería de Marina.
“En 1982 nosotros veíamos la BBC dos horas por día, leíamos diarios británicos que llegaban días después, teníamos radio, sabíamos lo que sucedía en la Argentina, donde había un gobierno militar que secuestraba y desparecía personas, era una dictadura. Bueno, un día amanecimos con esos militares que venían a gobernarnos. Para nosotros fue una invasión de esa dictadura, nunca superamos eso”, relató alguna vez a LA NACION, J. Grimms. un viejo granjero inglés radicado en las islas desde 1966. Toda la experiencia isleña en la guerra está retratada en el libro Waking up to War (Despertar a la Guerra) escrito por Lisa Watson, editora del periódico isleño Penguin News, donde rememora como atravesó la guerra siendo una niña de 12 años. Hoy ese libro es de lectura obligatoria en la escuela The Falkland Islands Community School, que tiene alumnos de 11 a 16 años ubicada en el centro de Puerto Argentino. Es que desde 2007 la guerra de Malvinas está presente en la educación local, algo que no sucedía en los años que siguieron al enfrentamiento, cuando los maestros isleños se aferraban a los libros de texto británicos adoptados por el diseño curricular que se imparte en Gran Bretaña, que incluían historias desde los Vikingos hasta la Segunda Guerra Mundial, pero casi nada decían del conflicto del Atlántico Sur. Basta ver el manual de historia utilizado por aquellos docentes. En el libro A history of the XX Century, de Brynn O´Callaghan, apenas se pueden leer seis líneas en la página 145 sobre la guerra de Malvinas. La incorporación de contenidos que enseñan “los sucesos de 1982”, como le llaman los profesores de historia en las islas, fue producto de una demanda de los padres que fueron niños durante la guerra. De alguna manera, fue la comunidad la que llevó el tratamiento de la guerra a las escuelas.
Toda esa relación anterior al conflicto, que seguramente hubiese decantado en una convivencia en base a la integración social, se rompió y no se reconstruyó jamás. Los isleños ganaron atención de parte del Reino Unido, que desarrolló una base militar en Mount Pleasant, a 45 kilómetros al sur de Puerto Argentino, que incluye una base naval (Mare Harbour), una base aérea y una base de lanzamiento de misiles, además del centro de comunicaciones y monitoreo. Este cambio de relación con el Reino Unido luego de la guerra permitió un desarrollo económico sideral para los locales, que mejoraron su economía en un 500%. En último censo isleño muestra como pasaron de tener 1822 habitantes en 1982 a 3662 en la actualidad. La mitad son isleños, otra parte británica, pero el resto son de otras 60 nacionalidades, con colonias fuertes de la isla de Santa Helena, Chile y Filipinas. Los isleños alcanzaron un PBI per cápita de 103.500 dólares, similar al del Principado de Mónaco y de los barrios medios y altos de Londres. La prosperidad económica comparada con 1982 es tremenda basada en contratos pesqueros millonarios, turismo vía cruceros y una inminente explotación petrolera que les otorga a sus habitantes un presente soñado, todo bajo el resguardo de las fuerzas armadas británicas y la autonomía política lograda por los isleños de común acuerdo con el Reino Unido.
Argentina nunca logró avances en cuanto a recuperar la soberanía de las islas, sin embargo, la identificación de los cuerpos de los soldados argentinos sepultados en Darwin se convirtió en una política de Estado que atravesó la grieta que tanto ha marcado la suerte del país, porque comenzó a tomar forma durante el gobierno de Cristina Kirchner, donde se tomaron las decisiones más destacadas para encarar el proyecto; y se firmó, oficializó y ejecutó casi en su totalidad durante el gobierno de Mauricio Macri y luego continuó en el gobierno de Alberto Fernández, donde se siguió con la segunda parte del Plan Proyecto Humanitario Malvinas (PPH), que permitió identificar hasta ahora los cuerpos de 121 soldados. Quizás hoy se pueda decir que es el hecho histórico más importante referido a Malvinas desde que culminó la guerra.
En la actualidad el panorama es muy confuso. Milei sostiene verbalmente el reclamo de soberanía sobre las islas, pero también genera cierto desconcierto cuando habla de la autodeterminación de los isleños, contrariamente a lo que señala la Constitución Nacional, y de su admiración por Margaret Thatcher, verdadero prócer entre los “kelpers”. El mundo hoy está paralizado por la guerra en Irán, pero no hay que soslayar que en enero pasado surgió un rumor sobre un acuerdo, según lo informado por al Canal 12 de Tel Aviv, información también citada también por el diario The Times of Israel, sobre los planes de la empresa Navitas Petroleum, de propiedad israelí, para iniciar perforaciones petroleras en alta mar cerca de las Malvinas. Estaría estimado que dichas operaciones comiencen en 2028, con una inversión que supera los dos mil millones de dólares. Los isleños, excusados en su autonomía, no sienten que deban darnos explicaciones sobre ese “contrato” millonario, a pesar de que la diplomacia argentina lleva tiempo denunciando que ese tipo de “permisos” son unilaterales, otorgados solo por el Reino Unido, algo no autorizado por Naciones Unidas. El consorcio israelí Navitas está asociado a la empresa británica Rockhopper, que tiene prohibido operar en la Argentina desde 2013, cuando sus actividades fueron vedadas por el gobierno de Cristina Kirchner. La misma sanción tiene Navitas, pero desde 2022, por perforar sin autorización suelo marítimo de nuestra plataforma continental. Si esto llega a concretarse, y si es con la anuencia de Washington, el alineamiento entusiasta de Milei con Trump y su amistad con Israel no estarían ayudando mucho a la hora de poder impedir un desarrollo de explotación petrolera en nuestro suelo marítimo y del que participarían empresas de tres países: Israel, Reino Unido y EE.UU. Podemos culminar siendo solo un mero espectador, una fotografía triste de nuestra situación.
Este presente, anclado aún en al pasado de la guerra injusta decidida por la dictadura militar que dejó consecuencias humanas devastadoras, nos confirma un escenario por demás pesimista a 44 años de culminado el conflicto. Estamos inmersos en un contexto de debilidad que expone que los escasos 464 kilómetros que separan al archipiélago de Cabo Guardián, el punto más cercano desde la Argentina, no demuestran la verdadera distancia que existe hoy entre las Islas Malvinas y una posible recuperación de su soberanía.
