A simple vista parece una excentricidad más de Hollywood: un Cadillac Serie 62 descapotable de 1963, intervenido hasta el último detalle para rendir homenaje a una de las marcas de helados más reconocidas del mundo.
A pesar de esto, detrás de su estética llamativa hay algo más que una simple acción promocional. Este clásico estadounidense convertido en una heladería sobre ruedas combina diseño, cultura pop, preservación automotriz y un destino solidario.
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El proyecto fue un encargo de Häagen-Dazs y estuvo a cargo de West Coast Customs, el célebre estudio californiano especializado en personalizaciones extremas. El objetivo no fue crear un vehículo de reparto, sino un modelo homenaje conceptual pensado para exhibiciones, eventos y acciones de alto impacto visual.

La intervención respetó la esencia del Cadillac original. No hubo alteraciones estructurales ni mecánicas y se conservaron tanto su instrumentación como las líneas que lo convirtieron en un ícono del diseño norteamericano de los años 60.

La transformación se concentró en la identidad estética: la carrocería y el interior adoptaron los tonos borgoña y crema característicos de la marca, mientras que los cromados originales fueron reemplazados por terminaciones en crema mate. Incluso los emblemas de Cadillac cedieron su lugar a los logotipos de la heladería, reforzando el carácter simbólico de la pieza.

Puertas adentro, el concepto se replica con tapizados de cuero a tono y una presencia constante del logo bordado, en una puesta en escena cuidada y deliberadamente excesiva.
Entre los detalles más curiosos aparece un soporte especial para dos cucuruchos que emerge del apoyabrazos central delantero, un guiño lúdico que refuerza la narrativa del proyecto sin alterar la funcionalidad original del vehículo.

El baúl concentra la mayor carga escenográfica. Allí se diseñó un espacio que combina exhibición y espectáculo: tapa interior espejada, iluminación LED, un sistema de sonido de alto nivel y un refrigerador integrado, pensado para conservar helados durante eventos puntuales.

El auto forma parte de The Vault, la exclusiva colección del Petersen Automotive Museum, que reúne más de 300 automóviles raros e históricos. Allí permanecerá antes de ser subastado.
El cierre del recorrido también tiene un objetivo claro: todo lo recaudado será destinado a los programas educativos y sociales del museo, orientados a acercar a niños y jóvenes de contextos desfavorecidos al mundo de la automoción, la educación técnica y la preservación del patrimonio automotor.

