SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Se cumplen tres meses del inicio del incendio en Puerto Patriada, El Hoyo, y, a poco de terminado el verano, la fecha resulta una buena excusa para reflexionar sobre una temporada que tuvo dos grandes incendios forestales y que dejó, en total, más de 70.000 hectáreas quemadas en el noroeste de la provincia de Chubut. La catástrofe significa más de tres veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires.
Los expertos coinciden en señalar que se trató de una de las temporadas de incendios más devastadoras desde los años ’40. Un evento que conmovió incluso a personas que viven muy lejos de la Patagonia, con imágenes del infierno que se replicaron infinitamente. A pocos días de que los incendios de Puerto Patriada y de Villa Lago Rivadavia fueran declarados finalmente “extinguidos” por el Servicio de Manejo del Fuego de Chubut (hace una semana, la Agencia Federal de Emergencias calificó como “controlado” el fuego forestal en el Parque Nacional Los Alerces, el estado previo a estar extinguido), la pregunta que surge es: ¿qué podemos aprender de lo ocurrido?
“Una primera enseñanza es que la prevención sigue siendo la deuda principal. En un contexto de sequías prolongadas y temperaturas extremas, el factor que define la magnitud de los incendios no es solo cómo empiezan, sino cómo encuentra el fuego al territorio. Paisajes continuos, con alta carga de combustible y escaso manejo, se transforman en escenarios propicios para incendios de gran escala. Esto implica que la prevención ya no puede limitarse a campañas de concientización: requiere intervenciones concretas sobre el territorio, desde la reducción de combustibles hasta la planificación de la interfaz urbano-forestal”, señala el doctor en Ciencias Biológicas Javier Grosfeld.
A su vez, el especialista en conservación de ecosistemas indica que la segunda lección refiere al combate: “Los eventos de esta temporada volvieron a mostrar un límite conocido: cuando las condiciones son extremas, la capacidad de supresión resulta insuficiente. Brigadistas, medios aéreos y logística operativa son indispensables, pero no alcanzan frente a incendios que generan su propia dinámica. Esto no implica resignación, sino un cambio de enfoque: invertir exclusivamente en el combate sin fortalecer la prevención es, en términos estratégicos, correr siempre detrás del problema”.

En ese sentido, Grosfeld considera que la comparación entre los dos principales incendios de la temporada (el del parque Los Alerces y el de Puerto Patriada) permite entender mejor esas dinámicas. Por un lado, un evento asociado a condiciones climáticas extremas y propagación explosiva (el fuego se inició a principios de diciembre pasado en un lugar de difícil acceso del área protegida, producto de una tormenta eléctrica), donde la velocidad del fuego superó rápidamente la capacidad de respuesta. Por otro lado, un incendio con múltiples focos y fuerte componente antrópico (se investiga si el incendio que corrió a ambos márgenes del lago Epuyén fue intencional), donde la complejidad operativa estuvo dada por la simultaneidad y la cercanía a áreas pobladas.
“En ambos casos, más allá de sus diferencias, el denominador común fue la disponibilidad de combustible y la continuidad del paisaje. Esto es central: distintos orígenes, mismos resultados. La evidencia sugiere que, aunque cambien las causas inmediatas, las condiciones estructurales del territorio terminan definiendo la magnitud del daño”, sostiene el biólogo.
“Comprender el riesgo”
En relación con las causas, y si bien la mayor parte de los incendios en la región siguen teniendo origen humano (ya sea por negligencia o por prácticas inadecuadas), Grosfeld advierte que la participación social no se agota en evitar igniciones: “También implica una ciudadanía informada, capaz de comprender el riesgo, respetar restricciones, colaborar en la detección temprana y, sobre todo, acompañar políticas de manejo que muchas veces generan resistencias. Sin legitimidad social, ninguna estrategia de largo plazo es viable”.

Thomas Kitzberger, licenciado en Ciencias Biológicas y experto en ecología del fuego, viene señalando desde hace años que estos incendios sin precedentes en la Patagonia representan una nueva realidad. “Estos eventos recurrentes nos han hecho aprender a la fuerza. Más allá de que existe el negacionismo, creo que hay hoy un consenso a nivel social de que son una manifestación del cambio climático, que nos exceden, que somos vulnerables y que debemos adaptarnos”, dice.
Agrega que esta nueva normalidad no solo ocurre aquí: Estados Unidos, uno de los países mejor preparados en términos de combate de incendios forestales, enfrenta la primavera más seca de los últimos 1200 años y ya se prevé que los recursos resulten insuficientes ante eventuales incendios. “Es importante ser proactivos y generar acciones más allá de lo que hacemos post incendio. No nos podemos relajar. Creo que vamos en la dirección correcta, aunque no a la velocidad necesaria”, subraya Kitzberger.
A nivel vecinal, el experto destaca la organización de brigadas de combate (como los grupos de autoconvocados que comenzaron a surgir desde hace al menos diez años en la comarca andina y que este verano trabajaron a la par de los combatientes oficiales) y las brigadas que se dedican a reducir el combustible vegetal o a controlar la invasión de pinos exóticos (especies que son muy inflamables, tienen un alto contenido de resina y arden a muy alta intensidad). Dice que una parte de la ciudadanía que habita en norpatagonia aprendió a no esperar ayuda “porque la realidad nos lleva puestos”.
A nivel institucional, Kitzberger observa algunos cambios positivos, como los implementados este verano en el Parque Nacional Lanín, donde consiguieron sofocar múltiples incendios originados en tormentas eléctricas: “La caída de rayos suele generar una simultaneidad de focos y supieron organizar cuadrillas más chicas de brigadistas, para atacarlos rápidamente”.
Y continuó: “Esta temporada hubo una subestimación de algunos focos y eso habla de lo que nos falta aprender. Desde la ciencia, tenemos que mejorar nuestros pronósticos de riesgo de incendios, para lograr que sean a largo plazo. Y mejorar los modelos predictivos: en Los Alerces, por ejemplo, la propagación de pavesas (pequeños fragmentos incandescentes que vuelan y hacen ‘viajar’ las llamas lejos, incluso cientos de metros) multiplicó el fuego hacia lugares insospechados. Las simulaciones que se hicieron no permitieron estimar de forma precisa lo que ocurriría”.
Otro punto importante es que el fuego no reconoce jurisdicciones, como quedó probado este verano. “La magnitud del incendio de Puerto Café, en el parque Los Alerces, y su impredecible evolución cotidiana (con comportamientos explosivos de características únicas) nos puso a prueba en cuanto a las capacidades de articulación interinstitucional y estamos convencidos que, de otra manera, hubiera sido imposible enfrentar esta situación crítica, con una emergencia regional potenciada por otros grandes incendios simultáneos en la zona, que amenazaban viviendas rurales y centros urbanos. Este operativo implicó un despliegue histórico que puso a prueba nuestra estrategia integral a diario”, dice Ariel Amthaur, director de lucha contra incendios forestales y emergencias de la Administración de Parques Nacionales.
Por otro lado, también es necesario mejorar la eficiencia en materia de restauración, una práctica que actualmente se realiza de forma manual, a través de voluntarios, con plantas generadas en viveros. “El número de hectáreas quemadas excede nuestra capacidad. Hay que trabajar en tecnología de restauración, a partir de siembra por drones (aérea), con semillas resistentes, por ejemplo, para poder cubrir incluso zonas remotas”, suma Kitzberger.
En ese sentido, otro aprendizaje central debiera dar paso a una mejora en los planes de ordenamiento posincendios. Entre 2013 y 2021, Puerto Patriada fue elegido como sitio piloto para formar parte del Observatorio Nacional de Degradación y Desertificación de Tierras que tenía el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El lugar había sufrido un incendio grande en 1987, otro en 2012 y experimentaría otro en 2015.
Pinos exóticos
“Cada vez era peor la invasión, es decir, cada vez era mayor el número de pinos que aparecía después del fuego. El pino radiata y el ponderosa ya vienen adaptados al fuego del hemisferio norte, pero acá se adaptaron más. Y lo único que se puede hacer es sacarlos, pero no una vez, sino que es algo que se tiene que mantener en el tiempo, a lo largo de años, porque vuelven a aparecer. Las semillas quedan en el suelo y vuelven a germinar: tienen una tasa de germinación del 90%, que para un árbol es altísima”, asegura la ecóloga Estela Raffaele, que ha estudiado esa retroalimentación positiva entre fuego e invasión de pinos.
Como ella, diversos expertos coinciden en que sacar todos los pinos exóticos resulta casi imposible (para tener una idea, en una hectárea donde había 1000 pinos plantados, aparecen unos 450.000 pinos tras un incendio), aunque sostienen que es fundamental erradicarlo en zonas pobladas. Y que debe haber “parches” o “zonas de sacrificio” –lugares ya quemados o sin vegetación– para que el fuego no se esparza tan fácilmente cuando aparece.
“Además de controlar el pino y monitorearlo, una buena manera de aumentar la diversidad es dejar que se regeneren especies autóctonas rebrotantes, como ñire, laura y maqui, que son nodrizas: facilitan que otras especies se establezca debajo de ellas”, agrega Raffaele.
Finalmente, Grosfeld afirma que la temporada deja una enseñanza de fondo: “El fuego ya no puede ser pensado solo como una emergencia. Es un componente estructural del sistema y, como tal, debe ser incorporado en la planificación del territorio. Esto implica pasar de una lógica reactiva a una lógica de gestión, donde la prevención, el manejo del paisaje, el fortalecimiento institucional y la participación social formen parte de una misma estrategia. La pregunta no es si habrá incendios el próximo verano. La pregunta es si estaremos mejor preparados para enfrentarlos. Y, sobre todo, si seremos capaces de reducir el riesgo antes de que el fuego vuelva a imponerse”.
