Estudiamos a los tiradores masivos: algo aterrador está pasando en Internet

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Hasta hace poco, si nos hubieran pedido perfilar a un tirador masivo típico lo habríamos descrito como un hombre de mediana edad, socialmente aislado y sumido en la desesperación. No estaba atrapado por una ideología política ni padecía una condición de salud mental como la esquizofrenia. Más bien estaba profundamente abatido por una crisis vital, quizá un divorcio o la pérdida del trabajo. Al atacar un lugar de trabajo o a un grupo de personas a quienes culpaba de sus problemas estaba a la vez cobrando venganza y, en los hechos o literalmente, suicidándose.

En los últimos años, algo cambió. Estamos presenciando la aparición de un paradigma distinto: un tirador masivo igual de desesperado frente a las dificultades de la vida, pero más joven, altamente conectado a redes sociales en línea y aparentemente convencido de que, al actuar violentamente, él o ella está llevando a cabo el único acto significativo posible en un mundo por lo demás carente de sentido. Este giro es muy significativo para comprender las patologías alimentadas por internet que afligen a nuestra sociedad y para las políticas que podrían ayudar a prevenir tragedias como estas.

Consideremos un ejemplo reciente. El mes pasado, en Tumbler Ridge, Columbia Británica, una joven de 18 años mató a su madre y a su medio hermano en su casa y luego abrió fuego en una escuela secundaria a la que había asistido, matando a cinco estudiantes y a una educadora.

Tras el tiroteo, entre las evidencias esperables de la desesperación de la atacante, apareció un rastro alarmante de actividad online: en Roblox, una plataforma de juegos, la tiradora había creado un juego que simulaba un tiroteo masivo; en su cuenta de TikTok, según se informó, había republicado videos de un tirador masivo; pertenecía a un foro gore donde los usuarios pueden publicar videos de violencia sin censura, un espacio frecuentado por otros asesinos masivos; y había visitado el perfil en línea de una chica de 15 años que mató a dos personas en la Abundant Life Christian School, en Madison, Wisconsin, en 2024.

La subcultura a la que pertenecía esta tiradora se conoce como la comunidad del crimen real: True Crime Community. Existe en plataformas como Tumblr, Telegram, Discord, TikTok y Roblox y celebra a los asesinos masivos.

Allí, los autores de la masacre de Columbine son tema de fan art, los tiradores masivos obtienen estatus de “santos”, y el material de los ataques se archiva y se analiza cuadro por cuadro. El contenido infractor suele ser dado de baja por las plataformas por violar sus términos de servicio, pero a menudo reaparece en nuevas formas en cuestión de horas, muchas veces con códigos. (“Going E.R.”, por ejemplo, se refiere a la violencia incel.) Estamos viendo que los varones suelen llegar a esta comunidad a través de foros gore; las chicas, a través de comunidades vinculadas a trastornos alimentarios.

Al menos siete tiroteos escolares en los Estados Unidos desde 2024 hasta el otoño pasado han estado vinculados a la True Crime Community, según investigadores del Institute for Strategic Dialogue. Pese a la atención que concitan los tiroteos masivos, siguen siendo poco frecuentes, así que incluso un puñado de ejemplos de este tipo es significativo.

La muerte como reafirmación personal

Lo que la comunidad de crimen real hizo, en los hechos, fue tomar la desesperación que siempre caracterizó a los tiroteos masivos y darle un guion performativo. La True Crime Community convierte el dolor privado en una narrativa pública: otros también se sintieron como vos, y mirá lo que hicieron. Mirá cómo todo el mundo los recuerda.

En agosto del año pasado, una joven de 23 años disparó a través de las ventanas de la Iglesia Católica de la Anunciación (Annunciation Catholic Church) en Minneápolis durante la misa: mató a dos chicos e hirió a más de 20 personas. Las inscripciones en sus armas contaban la historia de la comunidad online de la que había formado parte: había una cita atribuida a los tiradores de Columbine y un texto en cirílico aparentemente copiado de la remera de un tirador escolar en Crimea. También había un diario en línea, mostrado en un canal de YouTube con un video que calificaba el ataque como su “obra maestra”.

Esto es característico del giro performativo de la violencia masiva. El tirador pasa a ser el personaje principal de una historia que la True Crime Community viene escribiendo colectivamente desde hace años, y el ataque es el clímax: tanto la culminación del nihilismo (nada importa) como, de algún modo, su superación imaginada a través de la violencia (esto importa).

El efecto copycat

La violencia no es un medio para llegar a un fin. Es el fin. Los tiradores no están tratando de cambiar el mundo. Están tratando de ser vistos en él, una última vez, en términos que ellos controlan.

Siempre existieron asesinos imitadores, pero esto está en otro nivel: asesinatos por imitación alimentados por el poder viral de la cultura “meme”. La tiradora de 15 años en Madison, en 2024, por ejemplo, se convirtió rápidamente en un ícono de la True Crime Community: un chico de 17 años que cometió un tiroteo escolar en Nashville en 2025 y que parece haber sido un asociado online de la tiradora de Madison se refirió a ella en internet antes de su ataque. Del mismo modo, la atacante de Minneapolis en 2025 escribió el nombre de la tiradora de Madison en su rifle.

Antes, internet era simplemente un lugar que uno visitaba para aprender cosas. Ahora, te aprende a vos. Si sos un adolescente en crisis, no necesitás salir a buscar material oscuro: los algoritmos estudian en qué te quedás mirando y te sirven más contenido parecido. Un falso documental de “metraje encontrado” sobre Columbine podría llevarte a un hilo relacionado en Reddit, que podría llevarte a una edición de fan en Tumblr, que podría llevarte a un canal de Telegram donde alguien publica planos de una escuela local (“solo arquitectura interesante”). Todos se ríen. Es irónico. Hasta que deja de serlo.

Algoritmos preventivos

No existe una única solución de política pública para los tiroteos masivos. Es un problema complejo que requiere mejores recursos para orientadores escolares y equipos de evaluación de amenazas, y mejores prácticas de incautación de armas de fuego durante crisis de salud mental.

Pero las plataformas online también tienen que ser más vigilantes. Antes del tiroteo de Tumbler Ridge, la tiradora había tenido conversaciones con ChatGPT que fueron señaladas por los sistemas automatizados de OpenAI por describir escenarios que involucraban violencia armada. Según informes, alrededor de una docena de empleados debatieron si alertar a las fuerzas de seguridad. Decidieron no hacerlo. La cuenta fue bloqueada, pero nadie llamó a la policía.

Si empresas como TikTok pueden identificar un sonido o una imagen en tendencia en segundos, presumiblemente pueden construir sistemas para detectar mejor la glorificación de la violencia, ralentizar la redifusión de material de ataques e impedir que contenido violento conocido resurja. Ya son muy eficaces monitoreando contenido de esta manera ante posibles infracciones de derechos de autor.

En una economía de la atención, lo que miramos y lo que alentamos a otros a mirar son actos inevitablemente consecuentes. Cada vez que ponemos el foco en los tiradores, ayudamos a completar su performance. En algún lugar, ahora mismo, un adolescente está sentado a solas, deslizando el dedo por un feed que aprendió exactamente qué es lo que él o ella está buscando. El algoritmo lo sabe. La pregunta es si el resto de nosotros actuará en función de lo que también sabemos.

  • El Dr. James Densley es profesor de criminología y Justicia penal en Metro State University. La Dra. Jillian Peterson es profesora de criminología en Hamline University. Son fundadores del Violence Prevention Project Research Center y autores de The Violence Project: How to Stop a Mass Shooting Epidemic. Llevan una década estudiando los tiroteos masivos.
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