Un anestesiólogo de la guardia del Hospital General de Niños R. Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, fue hallado muerto en su domicilio. Según fuentes oficiales consultadas, la causa del fallecimiento fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos fármacos de uso anestésico intravenoso. En la vivienda de la víctima, identificada como Alejandro Zalazar, fueron hallados medicamentos anestésicos e instrumental médico, lo que dio inicio a una serie de averiguaciones sobre el origen de esas sustancias.
A partir del análisis de la trazabilidad de los fármacos y de los elementos encontrados, se determinó que pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires. En ese contexto, la Justicia decidió unificar la causa que investiga el robo de los anestésicos y las circunstancias de muerte de Zalazar.

Ese dato derivó en un procedimiento interno dentro de la institución y en la identificación de un médico del área de Anestesiología, cuyas iniciales son H.B., y de una residente de anestesiología, de iniciales D.L.
Según fuentes médicas, una vez establecido que los anestésicos y los implementos para consumirlo provenían del Hospital Italiano, Hernán Boveri -profesional señalado- presentó su renuncia. En paralelo, se abrió un sumario interno para establecer responsabilidades y determinar cómo se produjo la salida de sustancias controladas del establecimiento.
Por qué la causa fue unificada
Inicialmente, el caso se tramitaba en dos expedientes: uno impulsado por el Hospital Italiano y otro por la Asociación de Anestesistas. Con el avance de la prueba, la Justicia determinó que los hechos, los protagonistas y la trazabilidad coincidían, por lo que decidió unificarlos.
La causa quedó a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento, con el objetivo de ordenar la investigación, evitar duplicaciones y reconstruir de forma integral el circuito clandestino del propofol.
Esta unificación no modificó las imputaciones, pero permitió concentrar el análisis en la sustracción, traslado y destino de los anestésicos.
La investigación en curso
Fuentes judiciales informaron a LA NACION que la causa por el faltante de estos estupefacientes quedó bajo el expediente N° 8922/2026, el día 23 de febrero y días más tarde, ordenaron tres allanamientos a cargo de la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad.

El punto de origen identificado es el Hospital Italiano, ubicado sobre la calle Teniente General Juan Domingo Perón al 4190. Desde allí, siempre según la investigación, el propofol y otras drogas de uso intrahospitalario habrían salido del circuito médico regular para ser trasladadas a al menos dos viviendas particulares.

Los domicilios allanados están ubicados en Cabrera al 4700 y en la avenida Pueyrredón al 2400. En esos procedimientos se secuestraron medicamentos anestésicos y otros insumos médicos que son clave para lograr la trazabilidad de las drogas y determinar responsabilidades.
El punto en común entre la ruta del propofol y la muerte del anestesista
La trazabilidad realizada por los peritos estableció que los medicamentos encontrados junto al cuerpo de Zalazar pertenecían al Hospital Italiano.
Ese fue el nexo objetivo que dio origen a la causa por el robo de anestésicos y que motivó los primeros procedimientos judiciales. Sin embargo, la Justicia mantiene separadas las conclusiones sobre el origen de los fármacos y las circunstancias de la muerte del médico.
Los principales nombres bajo investigación
Entre los ejes del expediente aparecen Hernán Boveri y Delfina Lanusse, también conocida como “Fini”, ambos vinculados al servicio de Anestesiología del Hospital Italiano.
Boveri, anestesiólogo con trayectoria en la institución, fue identificado como uno de los principales investigados en la causa. Se formó en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo Diploma de Honor. Realizó la residencia en Anestesiología en el Hospital Italiano de Buenos Aires y se desempeñó dentro de ese centro de salud en distintas funciones vinculadas con la práctica clínica y la formación.
Entre sus antecedentes figura su participación como miembro de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires, así como su rol como coordinador de la rotación de anestesia total intravenosa y neuromonitoreo dentro del Hospital Italiano. También se lo menciona como secretario científico de TIVAmérica, un grupo vinculado a la especialidad.
Fue indagado y optó por no declarar en un expediente que analiza la presunta sustracción de medicamentos hospitalarios.

Lanusse, por su parte, se desempeñaba como residente de tercer año de Anestesiología en el Hospital Italiano desde septiembre de 2023. Según su recorrido profesional, se había formado en Medicina en la Universidad Austral, donde además de cursar la carrera participó de instancias prácticas vinculadas con procedimientos anestésicos.
En su paso por esa institución, realizó una rotación clínica en anestesiología entre marzo de 2021 y septiembre de 2023, con alrededor de 500 horas de observación y participación en procedimientos quirúrgicos junto a anestesiólogos. En paralelo, también se desempeñó como tutora académica en materias como Fisiopatología, entre marzo y diciembre de 2021, y previamente en Inmunología.
Durante su indagatoria realizó un descargo verbal y adelantó que lo ampliaría por escrito, sin aportar elementos sustanciales sobre el eje central del caso.

El nexo en el entramado
Según el informe presentado en LN+, en la investigación surgió la figura de una intermediaria identificada como “Tati”, señalada como un punto de conexión entre distintos actores.
Se trata de Chantal Leclercq, quien no es solo una residente de anestesiología que cursa el tercer año en el Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia del sistema de salud porteño, sino también la figura que conecta, a partir de su propio relato, las dos causas que hoy investiga la Justicia: la muerte del anestesista del hospital de niños Ricardo Gutiérrez y la investigación por la sustracción de propofol del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Leclercq no figura imputada en ninguno de los expedientes, según pudo saber LA NACION.
Sin embargo, su testimonio quedó incorporado formalmente a una causa judicial y es el primero que vincula de manera directa a los protagonistas de ambas investigaciones.

Las declaraciones de los imputados
Hernán Boveri y Delfina Lanusse son los médicos que se encuentran imputados y se les prohibió el contacto entre ambos, así como la posibilidad de salir del país. Indagados los días 18 y 25 de marzo, se ordenaron declaraciones testimoniales.
Por un lado, Boveri no realizó declaraciones sobre el caso en las indagaciones, según informaron las fuentes judiciales consultadas por LA NACION, mientras que Lanusse realizó descargos verbales y sostuvo que también lo hará por escrito. En este contexto, se refirió a situaciones personales y se mostró como víctima ante la Justicia

Según las fuentes consultadas, se investiga la desaparición de medicamentos que no son de venta libre ni farmacéutica, sino de uso interno en hospitales, que al ser drogas legales, no se considera tráfico de estupefacientes. Aunque el expediente no fue caratulado aún, el caso podría enmarcarse como hurto o administración fraudulenta, con esta última figura contempla penas de hasta seis años de cárcel.
Los fármacos bajo la lupa
El propofol y el fentanilo son fármacos que se administran por vía intravenosa en distintos procedimientos médicos, como estudios endoscópicos y cirugías, y su dosificación se realiza mediante bombas de infusión que regulan la cantidad suministrada según múltiples variables clínicas. Una administración indebida puede generar una depresión respiratoria severa, conocida como apnea, que requiere asistencia ventilatoria inmediata.
La investigación continúa centrada en el circuito de control y resguardo de medicamentos anestésicos dentro de la institución.

Audios y mensajes de WhatsApp, también en la mira
En paralelo a las actuaciones formales, en ámbitos médicos comenzaron a circular audios y mensajes de WhatsApp en los que se relatan presuntas prácticas irregulares vinculadas al uso de anestésicos fuera del ámbito asistencial.
Se trata de comunicaciones informales, sin respaldo documental ni confirmación judicial, que describen un contexto de consumo recreativo de propofol y fentanilo entre profesionales de la salud y mencionan la realización de encuentros privados en los que se utilizaban insumos hospitalarios.

En esos audios se escucha, por ejemplo, que “hacían fiestas con bombas de infusión y había una persona encargada de ambucear cuando aparecía la apnea” y que “todo el material que usaban era del hospital”. En otro tramo, uno de los interlocutores afirma que “el fallecido había ido alguna vez a esas reuniones”, aunque aclara que se trata de comentarios que circulan entre colegas. Las versiones descriptas en esas comunicaciones privadas no cuentan, por ahora, con validación administrativa ni judicial y permanecen fuera de los expedientes en curso.
Qué dijo el Hospital Italiano
El Hospital Italiano de Buenos Aires informó que realizó una denuncia ante las autoridades competentes por el robo de estupefacientes detectado en la institución y que adoptó medidas administrativas sobre las personas involucradas, ninguna de las cuales continúa desempeñando funciones en el establecimiento. La comunicación oficial fue enviada a LA NACION luego de que trascendiera que anestésicos hallados en la vivienda de un exresidente fallecido habían sido trazados al hospital.

Según precisó la institución, la situación fue advertida a partir de una denuncia interna y comunicada de inmediato a la Dirección del hospital. En paralelo, se dio intervención a la Justicia y el Hospital Italiano se puso “a disposición para colaborar plenamente con la investigación en curso”. El texto difundido señala que se aplicaron los procedimientos institucionales previstos mientras avanza la pesquisa judicial.
El comunicado también informó que el hospital trabaja de manera conjunta con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) para analizar este tipo de situaciones, que, según señalaron, fueron reportadas en otras instituciones del sistema de salud. En ese marco, indicaron que se trata de una problemática que requiere el fortalecimiento coordinado de políticas, controles y estrategias de prevención.
“El Hospital reafirma su compromiso con la seguridad y la calidad en todos los procesos de atención de sus pacientes”, concluye el texto firmado por la Dirección. Al mismo tiempo, se aclaró que no se brindarán más detalles mientras la investigación judicial continúe en trámite.
Un caso que sería similar
l enfermero Eduardo Bentancourt fue encontrado muerto el viernes por la tarde en su domicilio en Palermo. En el departamento las autoridades hallaron ampollas de varias drogas en la cocina -entre ellas fentanilo y propofol– junto con jeringas y agujas.
De acuerdo a lo que contó su hermana, no podía contactarlo desde el 30 de marzo y cuando entró al inmueble, se encontró con el cuerpo.

Quién era el enfermero
Eduardo Bentancourt tenía 44 años y trabajaba como enfermero. Era oriundo de la ciudad de Gualeguaychú, Entre Ríos, pero vivía en un departamento situado en Fray Justo Santa María de Oro al 2400.
Se recibió de la carrera de enfermería en el Instituto de Enseñanza Superior María Inés Elizalde, según consignó el medio UNO Entre Ríos.
Fuentes de la policía porteña informaron el viernes a LA NACION que recibieron un llamado al 911 que alertaba sobre un hombre que no respondía a los llamados.
