“Siempre hay un pequeño guiño en mis películas para mis amigos argentinos. No podría olvidarlo. Y lo que más espero es que esa pequeña presencia les haga gracia. Mi idea siempre fue estar por allí en este momento porque vuestro país me encanta, pero el regreso de Torrente ha tenido tanto éxito que todavía sigo promocionándolo”.
Entre guiños, revelaciones, secretos que sería imperdonable revelar y el lamento por una visita que estuvo a punto de concretarse, pero no pudo ser, Santiago Segura comienza vía Zoom una charla mano a mano con LA NACION en la víspera del estreno en la Argentina de Torrente presidente, la sexta aventura del personaje más incorrecto e impresentable del cine español de los últimos tiempos También el más convocante (con cifras siderales de taquilla) y polémico.
En el mismo momento en que Segura se conecta a la pantalla que lo comunicará virtualmente con Buenos Aires (donde se filmaron las grandes escenas de acción de la trama de la tercera película de la serie, El protector) seguían actualizándose las extraordinarias cifras de convocatoria que acompañan la vuelta a los cines de un personaje festejado por multitudes en la Madre Patria desde su primera aparición en 1998.
Torrente presidente sumó en España, en sus primeras cuatro semanas en cartel, algo más de tres millones de entradas vendidas y superó los 23 millones de euros de recaudación. Sumadas las seis películas de la saga, casi 19 millones de espectadores (cifra equivalente a una tercera parte de la población total de España) fueron al cine para ver al menos una vez alguna de las películas del personaje creado por Segura, autor, director y protagonista absoluto de todos sus largometrajes (con una pequeña ayuda de sus amiguetes).
“Me da tanta rabia de verdad no estar allí porque algunas de las mejores proyecciones de Torrente han sido en la Argentina. Recuerda una en concreto de Torrente 4 que pensaba que formaba parte de una cámara oculta que me estaban haciendo porque la gente se reía en todo momento. Uno se pregunta con todos los chistes que escribes, piensas, ruedas y editas, ¿tendrá esto gracia? En un momento empiezas a dudar y de repente el público responde y te pone como en una nube. Y es algo maravilloso”, dice Segura desde su oficina en Madrid.
Segura no pudo moverse de la capital española y viajar a la Argentina como imaginó en un principio y fue su deseo original, porque sigue siendo el personaje del momento en la península. Sobre todo a partir del inusitado debate ideológico que se abrió en España a partir de la trama de Torrente presidente.
Aquel “brazo tonto de la ley” de la aventura original ahora se convierte, a través de la mirada satírica y paródica de Segura, en una figura protagónica de la política española con su rostro en los afiches de una ficticia agrupación de ultraderecha llamada Nox (en explícita alusión al partido Vox, identificado con esas ideas en la vida real).
Torrente siempre fue un personaje más bien atemporal hasta que en la cuarta (Crisis letal) y sobre todo en la quinta película de la serie (Operación Eurovegas) empezaron a aparecer referencias concretas a la actualidad española. ¿Acaso estaba ya en ese momento dentro de la cabeza de Segura el germen de esta sexta entrega, decididamente inclinada a reírse y burlarse de la política peninsular de manera mucho más concreta?
“En la quinta película, la política y las noticias hicieron que la realidad empezara a superar a la ficción. Por eso decidí hacer una película distópica. Yo hice Operación Eurovegas en 2015, pero los hechos ocurrían en 2018. Y desde que se estrenó, dos o tres cosas que parecían locuras pasaron a formar parte de la realidad española. Allí pensé que Torrente ya no tenía sentido y que la sociedad española estaba ya por encima del personaje”, responde.
-Pero ahora se estrenó una sexta película que habla de política como ninguna de las otras. Y con un título tan gráfico como Torrente presidente.
-Durante todos estos años la gente me preguntaba: ¿Cuándo vuelve Torrente? Y yo pensaba que ya había cumplido su función, no tenía mucho interés en volver a él. Pero también es verdad que con el mundo político que tenemos, con la polarización, el populismo y lo que les gusta vender lo que no tienen o prometer cosas imposibles, Torrente sería perfecto para ese escenario. Un thriller político protagonizado por un tipejo que va ascendiendo en el escalafón y puede llegar a ocupar un puesto alto me parecía muy oportuno para hacer una buena sátira o parodia de lo que es este mundo.
-Desde el estreno de la película en España, a principios de marzo, no dejaste de involucrarte en toda clase de debates. Tuviste que hablar muy en serio de un personaje satírico que no tiene nada que ver contigo, pero es tuyo en todo sentido: lo escribiste, lo dirigiste y lo interpretaste.
-Ahora dicen que Torrente me ha comido, que soy un facha y no se qué más. Todo esto es por la polarización. Lo que llevo haciendo durante mi vida entera, que es mantenerme un poco al margen de todo el debate de la actualidad, ahora mismo ya no se puede hacer. Quieren saber quién eres y dónde estás para ponerte una etiqueta y ubicarte. Y eso no me apetece, no lo quiero. Cada vez que tengo que decir algo debo ser muy cuidadoso. Y además aquí en España los debates son absurdos.
-¿Cómo es eso?
-¿A ti te gusta la tortilla española de patatas con cebolla o sin cebolla? Riete de eso, pero cuando dices “con cebolla” te responden que no, que es mejor la clásica y no sé qué más. En España los dos extremos sienten que tienen la razón y que son los buenos. Pero no se dan cuenta que no es una discusión entre buenos y malos, sino una cosa de convivencia, de humanidad. La ideología es importantísima, pero no me voy a pelear con mi mejor amigo porque no opine exactamente igual que yo.
-¿Te tocó perder amigos, como ocurrió aquí en la Argentina en el pasado más reciente, a partir de todas las discusiones planteadas a partir de una película que divide aguas y que no es precisamente correcta en términos políticos?
-Ningún político queda bien parado en esta película. Quedan todos en ridículo de alguna forma. Claro que hay gente que se la toma mejor y gente que se la toma peor. Pero a mis buenos y grandes amigos, además de gente en la que confío y a la que respeto, la película les ha gustado y la han entendido perfectamente. Es tan difícil agradar a todo el mundo que lo mejor es dejar de intentarlo.
-La película tiene una toma de posición muy precisa respecto de lo que debe hacer un comediante. Una vez más estás reivindicando el derecho a reírse de todo y de todos, sin límites en ese sentido.
-¿Se te ocurre algo más bajo que Torrente? Está entre lo peor de la humanidad. Yo creo que puede ser un aspersor haciendo bromas para arriba, porque todo lo que no sea Torrente está por encima de él en humanidad, en clase, en estilo, en elegancia. Dicho esto, yo creo que tenemos la obligación de reírnos de todo, de hacer sátira y parodia de todo, pero también hay cosas con las que no se puede bromear. Tú te puedes reír de la muerte, pero no de los muertos. Son pequeños límites que los cómicos tenemos bastante claros. Si estoy en una sala con 100 personas, digo una broma y se ríen 99, perfecto. Pero cuando se ofenden 99 y se ríe solo una estoy haciendo un humor que no funciona.

-Ahora que se habla tanto de la crisis del cine, de la pérdida de espectadores en las salas ¿Puede ser la comedia la salvación del cine?
–Cuando una comedia funciona en una sala de cine es un bálsamo, sales de allí feliz. Hay endorfinas, dopamina y un montón de hormonas que se revuelven en tu cuerpo cuando ríes y también cuando compartes la risa, porque es muy contagiosa. A veces oyes cómo se ríe una señora delante tuyo por algo que no tiene mucha gracia y te ríes solo porque se ha reído la señora. Fernando Trueba me contaba que alguien decía al ver una película de Torrente que la gente se va a reír tanto que no va a oír el diálogo del siguiente chiste, y eso es terrible. Y yo le respondo que es maravilloso, porque en el cine lo que está bien es eso, que haya tanta risa que no oirás lo siguiente. Ya la verás después completa en tu casa.
-¿Y qué futuro le augurás al cine como experiencia comunitaria?
-Los estadounidenses, que lo analizan todo, dijeron una vez que le daban al cine 20 años más como forma de negocio. Cuando escuché eso me dio una gran depresión. Como he sido tan cinéfilo y me ha gustado tanto ir al cine me apenó mucho que los americanos pensaran esto. Pero también es verdad que en este momento hay muchas más películas y contenido disponible que nunca, más series que nunca y más plataformas para verlas que nunca. No sé decirte cuál es el futuro. Yo espero que el cine nunca llegue a morir.
-Después de Torrente presidente, ¿qué aparecerá en tu vida artística? ¿Volverás a las comedias familiares? ¿Sigue teniendo hilo en el carretel la serie de Padre no hay más que uno, que lleva varias películas y una convocatoria también multitudinaria?
-Siempre es el público el que realmente tira de ese hilo. Cuando ya no haya nadie más dispuesto a ir al cine, está claro que eso no ocurrirá. Ya me están preguntando si habrá una segunda Torrente presidente y si se me ocurre una buena idea o un buen vehículo por supuesto que la haré. Yo nunca he renunciado a las sagas. Sé que en el cine se dice que la primera película es arte y las demás secuelas son un poquito una prostitución de ese arte. A mí me encantan las secuelas y si se hacen con cariño me encanta volver a ellas.
#TorrentePresidente
3 millones de espectadores!
(Algunos partidos no tienen tantos votantes)
La risa como mecanismo de defensa. pic.twitter.com/pEO95guieY— Santiago Segura (@SSantiagosegura) April 4, 2026
-Hablabas de que hay más películas, series y plataformas que nunca. ¿Estará por allí, en uno de esos formatos híbridos de los que hoy se habla tanto, tu próximo proyecto?
-Yo tengo muy buena relación con Netflix, que ha colaborado mucho conmigo en mis últimas películas, también en Torrente presidente, así que en cualquier momento tal vez termine haciendo algo con ellos. También le estoy dando vueltas a algo que todavía no está cerrado, una película argentina de la que me gustaría mucho hacer una remake. Como te decía al comienzo, a mí me gustan mucho las cosas que se hacen en el cine argentino.
-Con tanto público y tantos millones en danza alrededor de tus últimas películas cualquiera tendría la impresión de que en este momento podrías hacer lo que quisieras.
–Es que yo he tenido siempre la suerte de hacer lo que quise. Y lo que quiero es muy sencillo: hacer las películas que a mí me gustaría ver. Torrente empezó como la película que yo vería con mis amigos, que son todos anormales, gamberros, gente así. Luego, con las películas familiares, la pregunta es: ¿qué película iría a ver con mis hijos? Vamos evolucionando en ese sentido. Con Torrente ahora vuelvo a esa especie de rebeldía, a recuperar ese humor salvaje, volver a ser joven y conectarme con la sociedad de ese modo. Voy probando cosas. Y nunca digo: ahora puedo hacer lo que quiera. Nunca he hecho algo que no quisiera hacer.

-En el caso de Torrente, entonces no está dicha la última palabra con esta película que está por llegar a los cines argentinos.
-No, claro que no. Torrente nunca dice la última palabra. Nunca calla. No es como otros grandes héroes a los que les da por morirse, como James Bond.
