¿Se termina el proyecto de Orban? Una Hungría agobiada redefine su futuro en la elección con mayor atención mundial de su historia

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BUDAPEST.– Al ver los carteles desfilar a lo largo de la ruta desde el aeropuerto de Budapest hacia el centro de la ciudad, cualquiera diría que Volodimir Zelensky es candidato en las elecciones legislativas del 12 de abril. Es simple: ninguna otra cara está tan presente en esta campaña como la del presidente ucraniano, pegada en todas las esquinas, al borde de las autopistas y en las columnas publicitarias de la capital húngara. El hombre detrás de esta idea fija se llama Viktor Orban.

El primer ministro, en el cargo desde hace 16 años y en carrera para permanecer, ha gastado millones de forints al servicio de su único tema de campaña: atacar día y noche a Zelensky, supuesto aliado del líder de la oposición Peter Magyar. Según el inamovible jefe de gobierno, el dúo, patrocinado por la Unión Europea (UE), haría correr a Hungría un peligro de guerra inminente.

Su cartel más conocido representa al líder ucraniano en blanco y negro sobre fondo azul, con una sonrisa de oreja a oreja y mirada diabólica, acompañado del eslogan: “¡No dejes que Zelensky sea el último en reír!”. El partido en el poder, Fidesz, no buscó demasiado para encontrar esta idea, copiada palabra por palabra de su cartel de campaña de 2018, que entonces apuntaba al multimillonario George Soros.

Así funciona Viktor Orban, impulsado por la retórica del “enemigo público Nº 1”, ante la falta de buenas noticias. Porque su balance no hace soñar. Hungría acumula superlativos negativos: el país más corrupto, uno de los más pobres y seguramente el más liberticida de la Unión Europea. Y el país lo paga caro: 18.000 millones de euros de fondos europeos están actualmente congelados debido a las violaciones sistemáticas del poder al Estado de derecho.

Descontento en Hungría

El Fidesz ha tomado el control de la administración pública, la justicia y grandes universidades, ha domesticado gran parte del panorama mediático y ha vampirizado la economía, practicando lo que Peter Akos–Bod llama “el capitalismo de los amigos”. Este economista de centro derecha, exjefe del Banco Central, conoció e incluso asesoró a Orban durante su primer gobierno (1998-2002), cuando aún parecía liberal. Hoy es un feroz crítico suyo, lo que le vale insultos regulares y, hace algunos años, un cartel colocado clandestinamente en su jardín: “Bod es un maldito comunista”.

Los húngaros siempre han sido conscientes del amiguismo estatal practicado por Orban, pero no percibían realmente las consecuencias”, analiza. “Hoy ven que el país no gana nada con ello. Al contrario, otras naciones nos han alcanzado o superado: Polonia, Eslovaquia o Rumania”, agrega.

Personas pasan junto a un cartel electoral que muestra a Orban y el lema “¡Mantengámonos unidos contra la guerra!” en Albertirsa, Hungría, el 9 de abril de 2026

Humillación suprema para este Estado aún traumatizado por el Tratado de Trianón de 1920, donde Hungría perdió dos tercios de su territorio y más de tres millones de ciudadanos, relegados a la condición de minorías dispersas en los Estados vecinos. En los actos del Fidesz, todavía se exhiben mapas de la “Gran Hungría” y la bandera de Transilvania, exprovincia húngara ahora perteneciente a Rumania.

“Sin embargo, en los últimos cuatro años, ha cambiado algo fundamental: la convicción del pueblo húngaro de que Viktor Orban sigue siendo capaz de gobernar y de traer resultados positivos a su vida cotidiana. Desde las últimas elecciones en 2022, la economía húngara no ha crecido. Por primera vez, Viktor Orban debe presentarse a unas elecciones tras un mandato en el que no pudo demostrar al pueblo húngaro que estaría mejor si él permaneciera en el poder”, explica el politólogo András Bíró–Nagy, director del think tank Policy Solutions.

Orban sube a su auto en una estación de servicio mientras se dirige a Debrecen para un acto de campaña el 9 de abril de 2026, cerca de Polgár, Hungría

Esto ha minado seguramente su credibilidad. Una mayoría de húngaros piensa hoy que es necesario un cambio de gobierno para mejorar su vida diaria, para que los servicios públicos funcionen mejor, para que se resuelva la crisis de la inflación. Esta afectó a muchos países, pero Hungría tuvo la tasa más alta en Europa en 2022 y 2023. Los precios de los alimentos se dispararon. Los húngaros aún no se han recuperado de este choque. Todavía no han vuelto a gastar porque no tienen suficiente confianza y prefieren ahorrar. A esto se sumó la congelación de los fondos europeos, iniciada a finales de 2022. Y la lección es clara: sin la financiación de la Unión Europea, la economía húngara puede sobrevivir, pero no desarrollarse. Está estancada.

El futuro de Orban

En todo caso, la estrategia del país acosado por enemigos externos tan querida por Orban empezó a cansar. Tanto que, por primera vez desde 2010, una oposición unida amenaza con voltearlo. Bajo la bandera del partido Tisza, Peter Magyar, abogado de 45 años y exmiembro del Fidesz hasta su disidencia en 2024, sueña con matar al padre. El último análisis de Politico, que compila una serie de encuestas, muestra que la brecha se amplía, con un 51% de intención de voto para Tisza, frente al 39 % para el Fidesz.

La caída del patrón de Hungría provocaría un terremoto mucho más allá de las fronteras de este país de 10 millones de habitantes. En 20 años de mandato, de los cuales 16 consecutivos, Orban ha inventado un oxímoron: la “democracia iliberal”, un modelo para los populistas de todo el mundo.

Orban y Vance se estrechan la mano tras una conferencia de prensa conjunta en Budapest, Hungría, el 7 de abril de 2026

En Budapest, un famoso cuadro del pintor y músico punk drMarias, alias Béla Marias, resume a la perfección este estatus de ídolo: se ve a Orban en el centro de una Última Cena reinterpretada, rodeado de sus discípulos Xi Jinping, Donald Trump, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu y Recep Tayyip Erdogan.

“¡Nunca una elección en nuestro país había suscitado tanto interés en todo el mundo!”, bromea el politólogo Peter Kreko, director del instituto Political Capital en Budapest. Al jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, que vino a Budapest en febrero, siguió el vicepresidente JD Vance el 7 de abril. El 23 de marzo, se congregaron aquí las estrellas de la extrema derecha europea –encabezadas por la francesa Marine Le Pen– para “la asamblea de los Patriotas por Europa”, el grupo político donde el Fidesz su ubica en el Parlamento Europeo.

Orban aparece acompañado por líderes de derecha europeos durante el

“Esta votación enviará un mensaje crucial a las democracias de todo el mundo. Si Orban fracasa, será un golpe para el auge del autoritarismo populista. Su victoria sonaría, por el contrario, como la del modelo avalado por Trump y Putin”, retoma Kreko.

Por su parte, el líder de la oposición Peter Magyar jura que, si es elegido, se dedicará a desbloquear los fondos europeos. Sin embargo, su candidatura suscita esperanzas contenidas entre los 26.

El líder del partido de oposición TISZA, Peter Magyar, se dirige a los participantes en la Plaza de los Héroes en el centro de Budapest, el 23 de octubre de 2025

“No olvidemos que formó parte del círculo cercano de Orban durante 10 años”, comenta un diplomático europeo. Hasta 2024, Magyar fue un alto cargo de Fidesz, casado con la ministra de Justicia. Ahora es disidente y divorciado, pero sigue siendo muy cauteloso con Ucrania, a quien se guarda bien de mostrar un apoyo incondicional. Incluso se opone a la entrega de armas a Kiev. Si lograra ganar, lo más difícil quedaría por hacer en un Estado “orbanizado” y casi en quiebra.

Como antes de cada elección, el gobierno ha vaciado las arcas para multiplicar los regalos preelectorales a la policía, a los militares o a los jubilados. En resumen, “Viktor” habrá hecho todo para hacerla una zancadilla a su rival. ¿Para volver mejor dentro de cuatro años? A los 62 años, Orban aún tiene vida por delante.

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