Tras la aparición de mensajes con amenazas de tiroteos en al menos una docena de escuelas del país, la psicóloga infantojuvenil Candelaria Irazusta explicó en LN+ los factores que están detrás de este fenómeno y pidió abordarlo sin caer en el alarmismo.
“No estamos frente a una epidemia de tiroteos, sino ante circulación de amenazas”, aclaró, aunque remarcó que cada caso debe ser tomado con “muchísima seriedad y responsabilidad adulta”.
El anonimato y la sensación de impunidad
Uno de los puntos centrales que señaló la especialista es el rol de las redes sociales en la propagación de estos mensajes.
“Los chicos están bajo el anonimato o el pseudoanonimato, hay mucho impacto y baja percepción de la consecuencia real”, explicó. En ese contexto, advirtió que muchas de estas conductas responden a una lógica de búsqueda de poder y control, más que a una intención concreta de ejercer violencia.
Sin embargo, subrayó una dificultad clave: “No sabemos detrás de estas amenazas cuáles son reales y cuáles son una actuación”.

“Genera un efecto contagio”
Irazusta también puso el foco en un fenómeno que, según explicó, está ampliamente estudiado: la reproducción de conductas a partir de su difusión.
“Genera un efecto contagio, que es real”, sostuvo. En ese sentido, la circulación masiva de mensajes similares —como los detectados en distintas provincias— potencia la repetición de este tipo de acciones, especialmente en entornos donde los adolescentes están altamente conectados.

Más que control: el rol de la escuela
Frente a este escenario, la psicóloga cuestionó las respuestas centradas exclusivamente en medidas de seguridad física, como la presencia policial en los ingresos.
“¿Eso nos hace sentir seguros? Para mí la respuesta es no”, planteó.
Según explicó, la prevención no puede limitarse al control, sino que debe incluir un trabajo profundo sobre los vínculos dentro de la comunidad educativa. “La seguridad también es emocional y vincular. Ahí es donde puede darse el aprendizaje pleno”, afirmó.

Protocolos institucionales
Irazusta insistió en que se trata de una problemática compleja que requiere respuestas institucionales integrales, más allá de acciones aisladas.
“No alcanza con reflexionar o hablar del tema. Tenemos que sumar procedimientos institucionales”, sostuvo.
Entre las medidas concretas mencionó la necesidad de contar con protocolos claros, políticas de prevención, acuerdos de convivencia bien definidos y capacitación docente. También remarcó la importancia de que las normas y las sanciones estén claramente establecidas.
“El cuidado se institucionaliza. No puede depender de un directivo o de un docente comprometido”, cerró.
