Lo que dice la psicología de las personas que fingen estar bien emocionalmente

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Mostrar una imagen de bienestar constante se volvió una conducta cada vez más frecuente, al punto de generar una desconexión con lo que realmente se siente. Desde la psicología, este fenómeno tiene nombre: “surface acting”, y describe el acto de fingir emociones para cumplir con lo que el entorno espera. Con el tiempo, este mecanismo puede provocar desgaste emocional, ya que se prioriza una versión externa funcional y aceptada socialmente por sobre la autenticidad interna.

En un artículo publicado en VegOut, el psicólogo australiano Lachlan Brown advierte que no se trata de una crisis evidente, sino de un proceso más silencioso. “Una persona puede fingir satisfacción durante tanto tiempo que esa actuación termina reemplazando lo que imitaba. No es una crisis. Es una erosión”, explicó. En ese contexto, respuestas automáticas como “estoy bien” dejan de reflejar una evaluación real y pasan a ser parte de un guion aprendido, sin conexión con la experiencia interna.

El “surface acting”: fingir emociones como forma de adaptación social

Esta dinámica, además, se ve reforzada por una cultura que impulsa la positividad constante, tanto en lo social como en lo digital. Sin embargo, lejos de generar bienestar, puede derivar en una sensación de vacío difícil de identificar. Según expertos, muchas personas naturalizan este estado y terminan desconectándose de sus propios deseos y necesidades, lo que las lleva a vivir más como observadoras que como protagonistas de su vida.

Señales que pueden indicar este fenómeno

Cuando la actuación reemplaza la experiencia emocional genuina

Entre las manifestaciones más comunes aparecen la apatía, la falta de motivación, la tristeza, el aislamiento o la ansiedad. A diferencia de la depresión clásica, no siempre hay un malestar evidente, sino una especie de “apagamiento” emocional: las cosas no se sienten intensamente, ni para bien ni para mal.

En este punto, la psicología también marca una diferencia clave entre actuar una emoción y sentirla realmente, puesto que se sostiene que las emociones positivas auténticas tienen efectos concretos: fortalecen vínculos, aumentan la resiliencia y amplían la capacidad de pensamiento. Estos beneficios, sin embargo, solo aparecen cuando la emoción es genuina.

Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que el primer paso es reconocer lo que ocurre, sin intentar taparlo. Recuperar la autenticidad emocional implica frenar la actuación, tolerar la incomodidad y volver a conectar con lo que realmente se siente, aunque no siempre sea positivo.

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