No matar, el documental sobre la guerrilla de los años 70 que arroja una mirada inédita y que reabre el debate

admin

Mucho antes de la primera de sus tres proyecciones, prevista para este lunes 20, a las 19, en la sala 1 del Complejo Cinépolis Plaza Houssay, No matar se convirtió en el título más comentado y seguramente esperado de toda la programación del Bafici 2016. A esta función inicial, que ya tiene todas sus entradas agotadas, se suman otras dos: el martes 21, a las 14, en la misma sala, y el jueves 23, a las 14.30, en el complejo Cine Arte Cacodelphia.

Las razones están a la vista. El nuevo largometraje documental del director, autor, crítico y ensayista Juan Villegas (Sábado, Los suicidas, Las Vegas) impacta de entrada por su duración (tres horas y 42 minutos) y sobre todo por el modo en que decidió abordar la delicada y eternamente sensible cuestión de la violencia revolucionaria en la Argentina durante los tormentosos años 70 con una mirada diferente a la que estamos acostumbramos a ver desde el cine argentino.

Con un prólogo musical (“Percusión”, del primer álbum solista de Domingo Cura) que el propio Villegas incluyó como tributo al modelo de documental político acuñado por Fernando Pino Solanas en La hora de los hornos, No matar se reconoce desde el vamos como un “acto de memoria” sobre una década que se cerró con la llegada al poder en 1976 de la última dictadura militar, “lo más perverso y tenebroso que ocurrió en la historia de nuestro país”.

Pero de inmediato la siguiente placa de la secuencia de títulos dice que más allá de ese hecho, se mantiene hasta hoy un tabú sobre aquellos años relacionados con los crímenes de la guerrilla y una serie de acciones criminales que causó muchas muertes. “Es hora de empatizar de una vez por todas con el dolor de los familiares de esas víctimas”, se lee en una tercera placa de la película, que forma parte de la competencia oficial argentina del Bafici 2026.

“Podría ser un poco exagerado lo de tabú, porque en realidad se ha hablado mucho sobre este tema y a veces de otra forma, utilizando estos testimonios con un fin político o partidario que no está en mi intención. Hay que salir de esa dicotomía y contar las historias porque sucedieron. Me interesó intercalarlas con testimonios de gente que participó de la guerrilla y que ni siquiera diría que está arrepentida. Lo que hacen es una autocrítica y a la vez son conscientes de que en ese momento sentían que aquella era una forma legítima de cambiar el mundo. Pero el uso de la violencia como método principal genera algo muy concreto, las víctimas. Y eso es algo que no se había contado”, explica Villegas en el comienzo de una extensa conversación con LA NACION.

Desde esta perspectiva, Villegas sostiene que se hace necesario empatizar con el dolor de las familias y deudos de las víctimas civiles ejecutadas por las organizaciones guerrilleras, como Esteban Giovanelli, que tenía 4 años cuando su padre, directivo de Ford, fue asesinado por el ERP en 1973. O Delia Lozano, hija de un ejecutivo de Renault muerto a tiros en 1976 en Córdoba.

La imagen de Delia Lozano, hija de un civil asesinado por la guerrilla, que aparece en No matar desde el archivo y en la actualidad

Esos testimonios aparecen en el documental junto a la palabra, con mucho de autocrítica y observación de sus conductas durante los llamados “años de plomo”, de Aldo Duzdevich (exintegrante de Montoneros), Sergio Bufano (integrante en los 70 de una organización armada de extracción marxista que participó de la lucha armada) y el músico Emilio Del Guercio, miembro fundador de Almendra y Aquelarre, históricos y decisivos grupos en la historia del rock nacional.

“Yo soy ante todo un cineasta y para mí la palabra tiene un valor cinematográfico –afirma Villegas-. Me apasiona escuchar a alguien relatando una historia. Hay una fuerza cinematográfica también en lo que se calla, en un silencio, una mirada o una pausa. Quise contar la gran historia de esos años incluyendo el contexto político para que alguien que no conoce el tema en profundidad pueda entender lo que pasaba. Por eso incluí a Emilio, porque me interesaba mostrar que para esa generación era posible rebelarse desde el arte y no solo con las armas. Es posible que las canciones de Almendra hayan cambiado más las cosas en la Argentina que la guerrilla”.

Emilio Del Guercio en uno de los tramos del testimonio que brinda en el documental

-También aparece al comienzo una cita de Pilar Calveiro, politóloga argentina, ex militante de Montoneros y radicada en México desde 1979: “Identificar y condenar a los responsables del terrorismo de Estado ha sido reparador en muchos órdenes, pero temo que ha llevado a postergar el análisis de otras responsabilidades”. Es una de las figuras que desde la izquierda, como el fallecido Héctor Leis o Claudia Hilb plantean una mirada crítica de lo ocurrido esos años con las organizaciones guerrilleras.

-Allí también está Hugo Vezzetti, por ejemplo. Sin embargo, había una incomodidad para hablar de las víctimas. A mí la idea de “memoria completa” no me gusta, porque se termina usando para negar la existencia de otras víctimas que son innegables. En la película digo de manera explícita que es incomparablemente más grave lo que sucedió respecto de los crímenes de la dictadura y el terrorismo de Estado, algo que como nación nos tiene que dar vergüenza, pero que no sea comparable no significa que no se pueda hablar de lo otro. Mi ilusión es que el hijo de un desaparecido pueda sentir empatía por lo que le sucedió a alguno de estos hijos de civiles.

-La película incluye imágenes de una emisión de 1995 del programa de TV Hora clave, en la que el ya fallecido exdirigente montonero Jorge Reyna mantiene una tensa conversación cara a cara con Delia Lozano. Parece quedar planteada allí la imposibilidad de esa empatía.

-Es cierto que hay un diálogo entre ellos que no termina de conectar del todo, pero todo transcurre siempre de manera respetuosa. Reyna trata de explicar su posición y Delia la suya. Eso fue a mediados de los 90 y después hubo un retroceso. Hoy algo así sería imposible. Tengo la esperanza de que se pueda volver a hablar con adultez, con franqueza y comprensión de la complejidad de la historia sin buscar algún rédito partidario.

Juan Villegas, director de un documental que abrirá muchos temas de conversación sobre los años 70

-Hay muchas menciones a siglas y nombres que para los no iniciados resultarán extrañas. ¿No te sentiste tentado a incluir graphs, referencias o intertítulos explicando ese mismo contexto?

-La película ya era bastante larga y no quería detener el fluir de los relatos. Además, vivimos en un mundo en el que el acceso a la información es muy fácil. En un momento pensé en incluir imágenes de archivo, pero decidí no hacerlo porque sentía que los relatos tenían fuerza por sí mismos y el archivo iba a funcionar solo como ilustración o alivio visual. Para lo didáctico confío en que el espectador curioso buscará lo que falte. Y ahí también está, como decía, el tema del arte.

-Con el testimonio de Del Guercio y algunas imágenes de archivo con las canciones de Almendra separando cada una de las secciones de la película…

-En su último libro, No entender, Beatriz Sarlo reivindica la idea de acceder a las obras artísticas, inclusive las más vanguardistas, porque generan curiosidad y las ganas de saber más. Yo recuerdo haber visto muchas películas de joven y no entenderlas, pero quedaba fascinado con ellas. Me pasó con La hora de los hornos. Cuando la vi por primera vez había cosas que no entendía, pero me impactó, y eso me hacía leer y querer aprender más. Más allá de las diferencias ideológicas cito sutilmente esa obra al inicio con la percusión de Domingo Cura. Y la cierro con una milonga de Yupanqui, “Le tengo rabia al silencio”, maravillosamente cantada por Suma Paz.

-¿Cómo te gustaría que se viera esta película después de su paso por el Bafici?

-En una sala de cine, para lograr que se genere el efecto hipnótico que siempre tiene la historia oral. Me encantaría que la película habilite debates y recupere esa cosa antigua de la discusión en calor que se mantiene apenas terminada la película, porque siento que es un tema que nunca se ha contado de esta manera. Revisando el cine argentino desde el regreso de la democracia veo que hay muchas películas sobre la represión, pero poco sobre la guerrilla y el uso de la violencia. Tenemos el antecedente de Rafael Filippelli con Secuestro y muerte, sobre el caso Aramburu.

En No matar, Villegas se anima a cruzar una línea muy poco frecuentada por el cine argentino que se enfoca en lo ocurrido durante los violentos años 70

-Fue la película inaugural del Bafici en 2010, pero recién pudo estrenarse de manera muy limitada en nuestro país un año después. Hoy es imposible de ver.

-Hace poco leía una nota de Juan Cabandié que me sorprendió positivamente. Hablaba de Rucci y decía que antes, desde ese sector estaba la idea cristalizada de “Rucci traidor”, sin pensar que su muerte fue un crimen horrible. El tiempo ayuda y el cine argentino tenía una cuenta pendiente para animarse a salir de ese canon indiscutido. Yo mismo reconozco que cuando empecé esta película dudé mucho en incluir los testimonios de las víctimas.

-¿Por qué?

-Estaba el tabú de creer que esos relatos podían leerse como una reivindicación de la dictadura o una minimización del terrorismo de Estado y tardé en darme cuenta de que no era así. Así que me dije: tengo que hacer esto justamente porque es incómodo y no se había hecho hasta ahora. Por eso mismo me pareció que el video que sacó el Gobierno en el aniversario del golpe está fuera de lugar. Recordar el golpe y no mencionar a las víctimas de la dictadura fue muy errado. Y contradictorio, porque decían querer contar la historia fuera de las luchas partidarias y a los tres segundos sostienen que lo hacen para contradecir el relato kirchnerista.

El exdirigente montonero Aldo Duzdievich, otro de los participantes del documental de Juan Villegas

-¿Por qué en la película decidiste terminar la secuencia histórica más o menos alrededor del golpe de marzo de 1976 y titulás la última parte con la frase “hablar es sanador”?

-Hay historias que sucedieron después del golpe. También se cuenta la última etapa de militancia de Sergio Bufano en México, ya en dictadura, el exilio y lo que hace allí con la revista Controversia. Pero es cierto que en ese tramo final se le da más voz a las víctimas y cómo sus familiares fueron procesando el dolor. Y agrego una reflexión general desde hoy: yo coincido con el planteo histórico de que la guerrilla a principios de 1976 estaba totalmente diezmada y deslegitimada frente a la sociedad, lo que hace todavía más cruel y sanguinaria la represión de la dictadura. Por eso el concepto de una guerra entre dos ejércitos es una historia forzada y falsa para justificar esos crímenes. Yo lo tengo clarísimo y la película lo plantea.

Villegas presenta a partir de este lunes su película en la competencia oficial argentina del Bafici

-Ya dirigiste documentales, pero No matar tiene otra significación por el tema que elegís abordar. ¿Podría significar un quiebre en tu carrera como realizador?

-Creo que no. Tenía muchas ganas de hacer esta película porque la política y la historia de la Argentina me interesan mucho. Lo mismo me pasa con la música y alguna vez haré una película sobre fútbol. Tengo ganas de abordar desde el documental temas que me apasionan.

-¿Estás dejando la ficción entonces?

-No la estoy abandonando, es que no me están dejando filmar. La situación del Incaa nos restringió mucho y lo estamos sufriendo. Sigo con proyectos de ficción, escribiendo guiones. Pero a la vez siempre tuve la tendencia de no quedarme en un lugar, salir y hacer cosas siempre distintas. En este caso venía escribiendo, investigando mucho y me dije en un momento: “quiero hacer una película con esto, porque si no la hago yo nadie más la va a hacer”.

Cine y cocina

Villegas está presente este año por partida doble en la programación del Bafici. También presenta, dentro de la sección Artes y Oficios, Juan Urondo, un cocinero impertinente, que llega a Buenos Aires después de su estreno mundial en el último Festival de San Sebastián.

Dirigida por Villegas y Mariana Erijimovich, el film explora a lo largo de 70 minutos en la experiencia del “arte de comer” de la mano de un cocinero que además es hijo de Francisco Urondo, poeta, periodista y militante revolucionario en la Argentina de los años 60 y 70.

La película se estrenó el último sábado con entradas agotadas y queda una sola función disponible el miércoles 22, a las 15.15, en la sala 2 del complejo Cinépolis Recoleta.

Facebook Comments Box

Deja un comentario

Next Post

Ricardo Centurión marcó un golazo en el 3 a 0 de Racing de Córdoba sobre Defensores de Belgrano, por la Primera Nacional

El gol fue mucho más que un 2-0 parcial, porque para Ricardo Centurión, además de ser el primero con la camiseta de Racing de Córdoba, fue como un renacer. Como una forma de sentirse otra vez pleno dentro del un campo de juego. Por todo eso es que fue una […]
Ricardo Centurión marcó un golazo en el 3 a 0 de Racing de Córdoba sobre Defensores de Belgrano, por la Primera Nacional
error: Content is protected !!