Un oncólogo guía y sus afectos fueron el sostén para recibirse de médica antes de la última quimioterapia: “Mi carrera me salvó”

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El oncólogo fue su gran guía y se recibió de médica antes de la última quimioterapia: “Me transmitió una calma profunda y esa paz que necesitaba para no caer en el peor escenario”

Esos días donde todo parece alinearse sin explicación —un café improvisado, una charla fugaz en un aeropuerto o un like en redes que deriva en una conexión profunda— no son casualidad, sino causalidad pura. El universo, con su timing impecable, cruza caminos en el momento exacto en que dos personas necesitan esa intersección. Esa sincronicidad ocurre con frecuencia, uniendo historias con empatía instantánea y una cercanía que se siente eterna. Surge de hilos invisibles que tejen destinos, más allá del azar.

Lo extraordinario es que no solo unen trayectorias, sino que transforman vidas por completo. Estas conexiones especiales, cargadas de inspiración, muchas veces redefinen un destino, demostrando que ciertos encuentros están destinados a cambiarlo todo.

Ivana y Sebastián, ahora colegas.

Ivana y Sebastián

Ivana Rodríguez, de 35 años, creció en Villa Cañas, en Santa Fe, forjando allí su infancia y juventud antes de mudarse a Rosario. En esa ciudad, se formó como técnica en Diagnóstico por Imágenes, una pasión que la llevó a integrarse al staff del Hospital Provincial desde 2013, donde sigue ejerciendo con dedicación absoluta.

En 2020, tomó una decisión importante: anotarse en Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, un camino que culminó al completar el ciclo lectivo en 2024.

Mientras tanto, en las mismas instalaciones hospitalarias, compartía espacio con una figura clave de su entorno laboral. Así se tejía el vínculo con Sebastián Torres, 41 años, que había completado su residencia en ese Hospital Provincial, convirtiéndose en un colega habitual para Ivana en el área de Diagnóstico por Imágenes. Lo recordaba como un profesional ejemplar: cortés, atento y siempre dispuesto a colaborar. Sin embargo, por aquellos días Ivana no tenía idea lo importante que sería esa persona en su vida.

“Me transmitió una calma profunda, confianza plena y esa paz que necesitaba para no caer en el peor escenario. En ese momento, solo atiné a agradecerle, porque se puso a disposición de inmediato, sin dudarlo”.

¿Una lesión benigna?

Una noche de octubre de 2024, mientras dormía, Ivana se giró de costado y lo sintió: con la mano, palpó un nódulo en una de sus mamas. El corazón se le aceleró, pero actuó con rapidez. Consultó a su ginecólogo, quien ordenó una ecografía y una mamografía para aclarar qué era. En ese instante, todo parecía manejable.

Los estudios confirmaron una lesión benigna, tranquila en su comportamiento. Le recomendaron un seguimiento estricto y volver ante cualquier señal. El tiempo pasó, y ese nódulo pequeño empezó a crecer, rozándole el brazo en un roce constante que la inquietaba. Luego llegaron el dolor, la retracción de la piel y un cambio sutil en el color, susurros de que algo no andaba bien.

“Me impactó su fortaleza”

Ahí consultó a su mastólogo, quien sugirió una biopsia mamaria. Ese mismo día, con un panorama ya distinto, Ivana se acordó del Dr. Sebastián Torres, oncólogo que conocía del Hospital Provincial de Rosario. Aunque no había certezas, las sospechas de cáncer de mama la llevaron a contactarlo, buscando esa luz en medio de la incertidumbre.

“Recibí el caso de una mujer joven, en pleno desarrollo de su carrera de Medicina, enfrentando este diagnóstico oncológico. Me impactó su fortaleza: transmitía una positividad contagiosa y unas ganas inmensas de avanzar, de no rendirse ante sus metas. La acompañé con la misma empatía y humanismo que ofrezco a todas mis pacientes, en cada paso de su proceso oncológico. Estuve siempre atento a lo que necesitaba, motivándola día a día, impulsándola para que no soltara su sueño profesional en ningún momento”, recuerda el Dr. Torres.

Desde el principio, Ivana supo que estaba en las mejores manos, y la primera consulta con Sebastián Torres lo confirmó por completo. Nunca sintió miedo por lo que vendría.

Ese día, tras la biopsia, su mastólogo le advirtió que podía haber algo más —posiblemente cáncer—, aunque faltaban los resultados definitivos, que demorarían unos días. Ivana lo intuía: las manifestaciones clínicas y sus conocimientos como estudiante de Medicina le susurraban que quizás se trataba de eso. En medio de la incertidumbre, llamó a Sebastián, quien la contuvo con una calidez inmensa, ayudándola a prepararse para lo que viniera.

“Me transmitió una calma profunda”

La charla telefónica fluyó con naturalidad. Desde el primer instante, Sebastián le transmitió serenidad absoluta y le aseguró que estaría a su lado para lo que necesitara —y así lo demostró—. Pase lo que pasara con los resultados, él se comprometió a acompañarla sin reservas.

“Me transmitió una calma profunda, confianza plena y esa paz que necesitaba para no caer en el peor escenario. En ese momento, solo atiné a agradecerle, porque se puso a disposición de inmediato, sin dudarlo”.

A la semana siguiente, en agosto de 2025, el resultado de la biopsia confirmó lo temido: cáncer de mama. Ivana recibió la noticia de su mastólogo con los ojos llenos de lágrimas, luchando por asimilar que eso le estaba pasando a ella justo en ese momento de su vida.

La familia y los amigos estuvieron a su lado incondicionalmente.

¿Por qué a mí o por qué no a mí?

En medio del shock inicial, donde apenas podía procesar la realidad, actuó con determinación. Le informó a su mastólogo que ya contaba con un oncólogo y, de inmediato, ambos profesionales se coordinaron para avanzar.

El Dr. Sebastián Torres la llamó por teléfono en ese instante crítico. Con voz serena, la tranquilizó: “Tranquila, que tu cabeza no maquine; hacete todos los estudios, y cuando quieras charlamos por teléfono si lo necesitas, y nos vemos en consultorio”.

Ivana se inundó de preguntas en esos días duros: “¿Por qué me pasa esto a mí?“. Poco a poco, se respondió con honestidad: “Ivi, ¿por qué no a vos? ¿Para qué, entonces?“. Ese diálogo interno la llevó a un giro profundo.

“Sebastián me devolvió la vida”

Desde el principio, Ivana supo que estaba en las mejores manos, y la primera consulta con Sebastián Torres lo confirmó por completo. Nunca sintió miedo por lo que vendría. Su mayor temor era no cumplir el sueño de graduarse como médica, pero él la tranquilizó: “Recibirte también es parte del tratamiento, nos vamos a recibir juntos”. Ese instante le trajo alivio y una confianza absoluta.

Ivana nunca dejó de soñar con recibirse de médica.

“En esa primera consulta con Sebastián lo confirmé del todo. Definirlo sería limitarlo: es generoso, empático, paciente, honesto, humilde, con el corazón más inmenso que conozco. Sebastián es y será siempre mi ángel; me devolvió la vida. Nuestra relación fue mucho más que médico-paciente: me acompañó con una mezcla única de profesionalismo, empatía y humanidad, atento no solo al tratamiento sino sosteniéndome afectivamente cuando más lo necesitaba. Su forma de explicar, escuchar y estar presente hizo que nunca me sintiera sola”.

No solamente Ivana contó con el apoyo y la contención del Dr. Torres, sino que tuvo un ejército que no la dejó nunca sola. Cuando arrancó la odisea de los estudios complementarios para estadificar su enfermedad —darle nombre y apellido a su tumor—, ella se activó en modo automático, sin hundirse del todo en la realidad abrumadora. Su familia y amigos, convertidos en familia extendida, le inyectaron el empuje constante para avanzar paso a paso.

“Las primeras personas en enterarse de mi diagnóstico fueron dos amigas íntimas, entre ellas mi mejor amiga, mi hermana de la vida: Aldana. Ellas fueron mi primer refugio, absorbiendo el impacto conmigo. Pero llegó el momento de contárselo a papá y mamá. Busqué el instante perfecto para transmitirles calma y asegurarles que todo saldría bien. Mamá me respondió con el corazón en la mano: ´Va a estar todo bien, pase lo que pase. Vos sos una genia y siempre pudiste con todo´. Con papá me costó un poco más reconocerlo, pero lo tomó incluso mejor que yo, con una serenidad que me sostuvo”.

¿A qué se aferró durante el tratamiento?

Ivana inició el tratamiento con seis meses de quimioterapia, seguidos de cirugía y radioterapia. Lo transitó con una fortaleza serena: aunque por momentos la fatiga y alguna náusea la rondaban, mantuvo su rutina diaria. Siguió con actividad física guiada por su profesor de educación física en el gimnasio y running, siempre bajo el control de su kinesióloga. Se apoyó en sus amistades, compartiendo momentos clave, y en su carrera de Medicina, que se convirtió en un salvavidas emocional.

Se aferró a la convicción de que su historia no culminaría en una enfermedad. Su meta clara —convertirse en médica— la impulsaba a levantarse una y otra vez, sin rendirse hasta lograrlo. Así lo hizo, transformando el proceso en un camino de determinación inquebrantable.

Una decisión fundamental

En septiembre de 2025, entre la primera y segunda quimioterapia, Ivana decidió rendir su primer final de los cuatro pendientes —uno que había fallado dos veces tras meses de estudio—. Esta era la vencida: aprobó con éxito. La emoción la invadió; perdonó sus tropiezos pasados, se abrazó fuerte y se felicitó, entendiendo que la vida fluye por caminos inesperados.

Con Agustina, su compañera y amiga, prepararon el siguiente, que también aprobaron. Quedaban dos, con la meta de médica tan cerca que la ansiedad se mezclaba con alegría pura. Llevaba libros y computadora a cada quimio, estudiando sin pausa. Rendirse nunca fue opción, como ella misma dice. En febrero de 2026, con Magali, tachó otro; las quimios avanzaban en paralelo, como decía Lorena: “una más, una menos”.

¡Felicidades doctora!

El 25 de febrero rindió la última materia en el Hospital de Niños de Zona Norte, rodeada de quienes la esperaban con el corazón en la mano. Ese lugar y esas personas hicieron su futura graduación aún más inolvidable, un cierre cargado de esperanza.

La materia final era Pediatría, con dos instancias: un oral teórico el primer día, que Ivana debía aprobar para pasar a la práctica. El 24 de febrero rindió el teórico ante su docente de 4° año y lo superó; al día siguiente, el 25, enfrentó la práctica con la profesora de 5° año y también aprobó. Así se recibió de médica en el Hospital de Niños de Zona Norte.

La última quimio, uno de los días más esperados.

Afuera la esperaban su mejor amiga y su jefe del servicio de Diagnóstico por Imágenes del Hospital Provincial —como un padre para ella—. “Me emocioné muchísimo al verlos; el abrazo fue inmenso, con lágrimas incluidas”, confiesa. En la Facultad de Ciencias Médicas, papá, mamá y todos sus amigos la aguardaban para festejar.

El broche de oro

Dos semanas después de los festejos por su recibimiento como médica, Ivana recibió otra noticia monumental: había llegado el momento de su última sesión de quimioterapia. Era el broche final a un año de batallas entrelazadas con su carrera, un hito que sellaba no solo su título, sino su victoria sobre la enfermedad.

“Mi carrera me salvó la vida, porque me mantuvo con la meta clara y los brazos en alto hasta lograrlo, sacando fuerzas de donde no las había. Claro que no estuve sola: mis afectos, esa red de contención de la que tanto me enorgullezco, me las prestaron generosamente; soy afortunada de tenerlos. Yo lideraba la batalla, pero ellos fueron mis soldados leales, cuidándome la espalda de principio a fin, ¡y lo hicieron de maravilla! Como siempre dije, las ganas de vivir me sobraban, y aquí estoy, más fuerte que nunca”, llora.

El día que Ivana terminó su quimioterapia, el Dr. Sebastián Torres compartió un emotivo posteo en Instagram celebrando su doble victoria.

“Ivana atravesó una etapa importante de su tratamiento. 🧬 Terminó su última quimioterapia… pero eso no fue lo único que logró en este tiempo», escribió, destacando su tenacidad.

“Mientras transitaba todo este proceso, también siguió estudiando. Rindiendo. Preparándose. Avanzando. Y en estos días, aprobó su última materia. Ivana se convirtió en médica 👩‍⚕️“, continuó el oncólogo. “Porque los procesos no siempre detienen los sueños. A veces, los hacen todavía más fuertes 🙌🏻“.

“Detrás de cada tratamiento hay una historia. Y algunas, como esta, merecen ser celebradas 🤍. Gracias por dejarme acompañarte en este camino», cerró con calidez, un mensaje que resonó en redes por su carga humana e inspiradora.

!Hola doctora!

El Dr. Torres aprendió de Ivana, como paciente y persona, a no aflojar nunca, a soñar sin límites, a perseguir los deseos con pasión y a encarnar la resiliencia en su forma más pura.

“Su historia deja un legado transformador: humanizar la medicina es fundamental. Acompañar con presencia, empatía y abrazos resulta tan esencial como cualquier tratamiento médico, en el sentido más profundo y sanador”, dice y agrega: “Cada paso, incluso en los momentos más duros, es donde se forja la fuerza para salir adelante y, al final, hay recompensa”.

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