Los centros de datos ya no solo generan un impacto ambiental en el consumo de energía y agua, sino que también están aumentando la temperatura de los vecindarios residenciales próximos a ellos. Así lo reveló un estudio publicado en la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Mecánicos (ASME) y realizado por investigadores de la Universidad de Arizona, que decidió estudiar esta problemática y presentar la primera evidencia de campo que demuestra que los centros de datos operativos producen un calentamiento medible en los barrios residenciales adyacentes.
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A través de recorridos vehiculares dentro de vecindarios residenciales a los que se dirige el aire de centros de datos, en el área metropolitana de Phoenix, Arizona, los investigadores detectaron un calentamiento de la temperatura del aire a sotavento (la zona hacia donde se dirige el viento) de hasta 2,2 °C. Además, identificaron temperaturas medias del aire a sotavento entre 0,7 y 0,9 °C superiores a las temperaturas a barlovento, extendiéndose más de 250 m a sotavento. En otras palabras, encontraron que el aire era más cálido en las zonas ubicadas después del centro de datos en la dirección del viento (“a sotavento”) que en las zonas ubicadas antes (“a barlovento”).
“El estudio es relevante porque cambia el foco: ya no se trata únicamente del consumo eléctrico, sino también de cómo el calor expulsado por estas infraestructuras puede agravar fenómenos como las islas de calor urbanas”, explica la empresaria especialista en IA Belén Ortega y señala que los resultados funcionan como una señal de alerta temprana: “La IA está impulsando una expansión sin precedentes de infraestructura digital y muchas ciudades todavía no tienen regulación térmica específica para este tipo de instalaciones”.

Los centros de datos que estudiaron los investigadores de Arizona abarcaban desde un complejo de 36 MW -que disipa calor residual equivalente al consumo eléctrico de aproximadamente 40.000 hogares- hasta un campus de coubicación de 169 MW en Chandler -que en este caso su calor disipado equivale al de más de 180.000 hogares. Vale aclarar que los dos están concentrados en superficies menores que las de una sola urbanización residencial.
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Los números del estudio preocupan, si se tiene en cuenta que, tal como proyecta la Agencia Internacional de Energía (IEA), el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse hacia 2030 y alcanzar cerca de 945 TWh anuales. De hecho, según números de la misma entidad, la demanda eléctrica de los centros de datos aumentó 17% solo en 2025. “La industria de los centros de datos está creciendo a una velocidad histórica. Actualmente, la expansión está liderada por hyperscalers como Microsoft, Google, Amazon Web Services y Meta, que están construyendo campus gigantescos para soportar modelos de IA cada vez más demandantes”, explica Ortega.
El estudio también agrega que los centros de datos liberan una cantidad enorme de calor por metro cuadrado, mucho mayor que otras fuentes de calor urbanas analizadas hasta ahora. Si se tiene en cuenta que “muchas instalaciones están ubicadas junto a vecindarios residenciales, y sus conjuntos de condensadores enfriados por aire descargan aire a temperaturas de 8 a 14 °C por encima del ambiente —a menudo superando los 50 °C durante los veranos de Phoenix— con velocidades del aire de 2 a 4 m/s, creando columnas térmicas que son transportadas a sotavento sobre áreas habitadas“, la preocupación es mayor.
En definitiva, los hallazgos señalan al calor residual antropogénico de los centros de datos como «un riesgo térmico urbano previamente no documentado» que exige nuestra atención y necesita de planificación urbana.

¿Cómo solucionarlo?
El informe aclara que estas mediciones representan una muestra relativamente pequeña de observaciones iniciales de tan solo cuatro centros de datos y unos pocos periodos de medición, aunque advierte que se está planificando una campaña de campo más exhaustiva para recopilar datos durante un periodo de tiempo y en diversas condiciones meteorológicas. De todas formas, se trata de información valiosa que sirve para explorar alternativas de diseño de centros de datos, que busquen mitigar el impacto ambiental, especialmente en zonas situadas muy cerca de lugares residenciales.
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En ese sentido, Ortega explica que Europa es actualmente uno de los casos más avanzados en reutilización de calor de data centers: “Finlandia, por ejemplo, ya utiliza calor residual de centros de datos para calefaccionar ciudades enteras. Un proyecto de Microsoft junto a Fortum busca abastecer hasta el 40% de la calefacción de Espoo reutilizando calor de servidores”.
La especialista también apunta algunas estrategias que hoy están siendo estudiadas o implementadas para mitigar el impacto térmico:
- Reutilización del calor residual: en lugar de expulsarlo al ambiente, el calor puede redirigirse a sistemas de calefacción urbana, edificios, industrias o procesos agrícolas.
- Sistemas de refrigeración líquida: reemplazan parte de la refrigeración por aire y son mucho más eficientes para disipar calor.
- Ubicación estratégica: construir data centers en regiones frías o cerca de fuentes renovables reduce la carga térmica urbana.
- Integración con redes inteligentes de energía y calefacción distrital.
- Diseño arquitectónico y urbano adaptado para disipación térmica.
