
Si la vida pudiera contarse en una banda sonora, la de Fernando Velázquez estaría llena de instrumentos: las cuerdas de Lo Imposible, las voces de El Orfanato, el piano de Un monstruo viene a verme, o esa singularísima txalaparta con la que millones de personas se rieron en Ocho apellidos vascos. Y eso, sin contar con el resto de proyectos de un músico que, más allá de las 60 películas y series en las que hemos escuchado sus composiciones, cuenta con un Latin Grammy por su trabajo con el artista Jorge Drexler y realiza otros proyectos más locales en su Euskadi natal.
“Me aburriría haciendo siempre lo mismo, creo”, afirma en su entrevista con Infobae. “El mundo de la música y de la creación es tan grande que no veo la necesidad de anclarme a nada”. El último ejemplo de ello es la ópera Los Estunment, cuya música y dirección musical llevan su firma, en un libreto escrito y dirigido por Nao Albet y Marcel Borràs, conocido tándem en el mundo del teatro. Sea donde sea, “todo es bastante parecido”, afirma Fernando Velázquez. “Las etiquetas nos ayudan a comprender el mundo, pero luego las líneas son muy difusas, por lo menos para mí”.
Lo mismo ocurre, de hecho, con Los Estunment, donde, a pesar de tratarse de una ópera, los protagonistas de la historia son más cinematográficos que nunca: los dobles de acción. “La ópera también se parece mucho al cine. Y el cine bebe de la ópera y luego la ópera ha acabado bebiendo del cine y está todo como más conectado de lo que parece”, defiende Fernando Velázquez. “La manera de contar la, digamos, el drama, la épica, el lenguaje musical que se utiliza, las figuras, la retórica… Si piensas en la épica que nos gusta, incluso en las películas más actuales de superhéroes, remite muchísimo al mundo de Wagner, aunque parezca que no”.

Los héroes sin rostro
La creación de Los Estunmen surge de una idea previa de los dramaturgos Nao Albet y Marcel Borràs, pero Fernando Velázquez destaca el trabajo colectivo y la reflexión sobre el concepto de héroe: “La reflexión que hay detrás es la de, por un lado, lo falso que resulta en algunas cosas cuando el que se pega el tortazo no es el héroe, sino que es un antihéroe al que nunca se le pone cara. Y eso creo que es muy razonable, porque al final, detrás de casi todo hay gente anónima a la que no conocemos”.
El músico también describe la historia como “un viaje de tragedia, fragilidad y búsqueda de sentido a través de una madre que pierde a un hijo y, buscando una respuesta para lo que le ha pasado, transita por diferentes héroes, que le van enseñando cuál es el camino que hemos aprendido, no el que proponemos ni el que pensamos que sea el positivo, sino cómo nos han enseñado a entender la épica y la heroicidad”.
La música, digna de las grandes historias, acompaña toda una serie de “peleas testosterónicas” en las que nunca deja de estar presente el humor y la ironía con la que juegan los autores. Se trata de la primera incursión en el mundo operístico tanto de Fernando Velázquez como de los dramaturgos, que, tras un paso por el Teatre Lliure de Barcelona, podrá verse en Madrid del 2 al 14 de junio.
Una ópera para todo el mundo
Con esta premisa, parece claro que tanto los responsables del libreto como de la partitura de Los Estunmen buscan un público más amplio que el que se suele asociar con la ópera (basta con recordar las declaraciones del actor Timothée Chalamet, que dijo que tanto esta como el ballet “ya no le interesan a nadie”). Fernando Velázquez tiene claro que el objetivo de su música es conectar con el público más amplio posible: “Se trata de compartir, se trata de transmitir. Entonces, si te pones barreras a la transmisión, pierdes espectadores y pierdes capacidad de comunicación y también capacidad de reflexión, que es lo que queremos hacer”.
En Los Estunmen, ha buscado una obra comprensible y abierta: “En la ópera hemos utilizado todos los lenguajes, porque hay lenguajes muy sencillos, casi cercanos al pop, y hay lenguajes atonales o de diferentes maneras de hacer de la música contemporánea. Pero está todo hecho de manera que el público lo pueda entender, incluso cuando no entiende. Que pueda seguir el hilo aunque no haya un hilo o aunque parezca que no hay un hilo”.
Así, Fernando Velázquez desmonta la imagen de la ópera como un arte inaccesible: “Tenemos una idea de la ópera que es cierto que durante muchos años la ópera lo ha fomentado ella misma, pero si quitas la apariencia y vas a lo nuclear, que es la música y la escena y lo que se está contando, hay muchas óperas que son tan emocionantes y tan directas como cualquier obra de teatro musical”.

Su banda sonora favorita
Al final de la entrevista, le preguntamos a Fernando Velázquez por cómo de decisiva resulta la música en el éxito de las películas y óperas. “De la música, el éxito de la película hasta cierto punto, porque cuando solo la música es buena, normalmente la gente recuerda la música, pero no recuerda la película”. Este fenómeno va mucho más allá en la ópera, donde algunos fragmentos musicales perviven hoy sin que la gente sepa a qué obra pertenecían, como Lascia ch’io pianga, de Georg Friedrich Händel, incluida inicialmente en el repertorio de la ópera Rinaldo.
Como es lógico, la combinación ideal es la de una gran historia con una gran música, de esas que “llegan a lo más hondo de nuestra cultura y de nuestra manera de ver el mundo”, algo que en la gran pantalla cuenta con varios ejemplos que él mismo rememora: “Estoy pensando en Cinema Paradiso, en La lista de Schindler, en Lawrence de Arabia, en El laberinto del fauno, en Memorias de África”.
En cuanto a las propias, le cuesta decidirse por una banda sonora en particular: “Me siento tan afortunado de haber compartido y de formar parte de tantas obras que me parecería cruel elegir una”. Sin embargo, acaba decidiéndose por la de El orfanato, “aunque solo sea por haber sido la primera que nos puso a muchos en el radar; le tengo mucho cariño. Es una banda sonora que creo que sigue ahí, que es algo que me hace mucha ilusión. La gente la sigue recordando y, de alguna manera, todavía está en la memoria colectiva y eso es muy, muy especial”.

Si la vida pudiera contarse en una banda sonora, la de Fernando Velázquez estaría llena de instrumentos: las cuerdas de Lo Imposible, las voces de El Orfanato, el piano de Un monstruo viene a verme, o esa singularísima txalaparta con la que millones de personas se rieron en Ocho apellidos vascos. Y eso, sin contar con el resto de proyectos de un músico que, más allá de las 60 películas y series en las que hemos escuchado sus composiciones, cuenta con un Latin Grammy por su trabajo con el artista Jorge Drexler y realiza otros proyectos más locales en su Euskadi natal.
“Me aburriría haciendo siempre lo mismo, creo”, afirma en su entrevista con Infobae. “El mundo de la música y de la creación es tan grande que no veo la necesidad de anclarme a nada”. El último ejemplo de ello es la ópera Los Estunment, cuya música y dirección musical llevan su firma, en un libreto escrito y dirigido por Nao Albet y Marcel Borràs, conocido tándem en el mundo del teatro. Sea donde sea, “todo es bastante parecido”, afirma Fernando Velázquez. “Las etiquetas nos ayudan a comprender el mundo, pero luego las líneas son muy difusas, por lo menos para mí”.
Lo mismo ocurre, de hecho, con Los Estunment, donde, a pesar de tratarse de una ópera, los protagonistas de la historia son más cinematográficos que nunca: los dobles de acción. “La ópera también se parece mucho al cine. Y el cine bebe de la ópera y luego la ópera ha acabado bebiendo del cine y está todo como más conectado de lo que parece”, defiende Fernando Velázquez. “La manera de contar la, digamos, el drama, la épica, el lenguaje musical que se utiliza, las figuras, la retórica… Si piensas en la épica que nos gusta, incluso en las películas más actuales de superhéroes, remite muchísimo al mundo de Wagner, aunque parezca que no”.

Los héroes sin rostro
La creación de Los Estunmen surge de una idea previa de los dramaturgos Nao Albet y Marcel Borràs, pero Fernando Velázquez destaca el trabajo colectivo y la reflexión sobre el concepto de héroe: “La reflexión que hay detrás es la de, por un lado, lo falso que resulta en algunas cosas cuando el que se pega el tortazo no es el héroe, sino que es un antihéroe al que nunca se le pone cara. Y eso creo que es muy razonable, porque al final, detrás de casi todo hay gente anónima a la que no conocemos”.
El músico también describe la historia como “un viaje de tragedia, fragilidad y búsqueda de sentido a través de una madre que pierde a un hijo y, buscando una respuesta para lo que le ha pasado, transita por diferentes héroes, que le van enseñando cuál es el camino que hemos aprendido, no el que proponemos ni el que pensamos que sea el positivo, sino cómo nos han enseñado a entender la épica y la heroicidad”.
La música, digna de las grandes historias, acompaña toda una serie de “peleas testosterónicas” en las que nunca deja de estar presente el humor y la ironía con la que juegan los autores. Se trata de la primera incursión en el mundo operístico tanto de Fernando Velázquez como de los dramaturgos, que, tras un paso por el Teatre Lliure de Barcelona, podrá verse en Madrid del 2 al 14 de junio.
Una ópera para todo el mundo
Con esta premisa, parece claro que tanto los responsables del libreto como de la partitura de Los Estunmen buscan un público más amplio que el que se suele asociar con la ópera (basta con recordar las declaraciones del actor Timothée Chalamet, que dijo que tanto esta como el ballet “ya no le interesan a nadie”). Fernando Velázquez tiene claro que el objetivo de su música es conectar con el público más amplio posible: “Se trata de compartir, se trata de transmitir. Entonces, si te pones barreras a la transmisión, pierdes espectadores y pierdes capacidad de comunicación y también capacidad de reflexión, que es lo que queremos hacer”.
En Los Estunmen, ha buscado una obra comprensible y abierta: “En la ópera hemos utilizado todos los lenguajes, porque hay lenguajes muy sencillos, casi cercanos al pop, y hay lenguajes atonales o de diferentes maneras de hacer de la música contemporánea. Pero está todo hecho de manera que el público lo pueda entender, incluso cuando no entiende. Que pueda seguir el hilo aunque no haya un hilo o aunque parezca que no hay un hilo”.
Así, Fernando Velázquez desmonta la imagen de la ópera como un arte inaccesible: “Tenemos una idea de la ópera que es cierto que durante muchos años la ópera lo ha fomentado ella misma, pero si quitas la apariencia y vas a lo nuclear, que es la música y la escena y lo que se está contando, hay muchas óperas que son tan emocionantes y tan directas como cualquier obra de teatro musical”.

Su banda sonora favorita
Al final de la entrevista, le preguntamos a Fernando Velázquez por cómo de decisiva resulta la música en el éxito de las películas y óperas. “De la música, el éxito de la película hasta cierto punto, porque cuando solo la música es buena, normalmente la gente recuerda la música, pero no recuerda la película”. Este fenómeno va mucho más allá en la ópera, donde algunos fragmentos musicales perviven hoy sin que la gente sepa a qué obra pertenecían, como Lascia ch’io pianga, de Georg Friedrich Händel, incluida inicialmente en el repertorio de la ópera Rinaldo.
Como es lógico, la combinación ideal es la de una gran historia con una gran música, de esas que “llegan a lo más hondo de nuestra cultura y de nuestra manera de ver el mundo”, algo que en la gran pantalla cuenta con varios ejemplos que él mismo rememora: “Estoy pensando en Cinema Paradiso, en La lista de Schindler, en Lawrence de Arabia, en El laberinto del fauno, en Memorias de África”.
En cuanto a las propias, le cuesta decidirse por una banda sonora en particular: “Me siento tan afortunado de haber compartido y de formar parte de tantas obras que me parecería cruel elegir una”. Sin embargo, acaba decidiéndose por la de El orfanato, “aunque solo sea por haber sido la primera que nos puso a muchos en el radar; le tengo mucho cariño. Es una banda sonora que creo que sigue ahí, que es algo que me hace mucha ilusión. La gente la sigue recordando y, de alguna manera, todavía está en la memoria colectiva y eso es muy, muy especial”.
