“Te voy a obsequiar la isla más bonita del mundo”, le dijo François a Sylvia al pedirle que se casara con él. Eso cuenta la leyenda, y lo concretó en 1912. No solo eso, sino que la convirtió en un rincón de ensueño al aprovechar la riqueza de la flora y sumarle un desarrollo agrícola incluyendo 200 ha de vides de calidad, cítricos, horticultura y hasta ganadería.

Para vivir este amor, pagó 1.001.100 francos por ese territorio e hizo construir una gran masía color durazno (la edificación rural típica del sur francés) para tenerla de vivienda familiar hasta el final de sus vidas. El complejo, Le Mas du Langoustier, funcionó además como establecimiento autosuficiente de labores agropecuarias.
La isla en cuestión es Porquerolles. El escritor George Simenon la definió como “uno de los rincones más maravillosos del mundo”. Asimismo, algunos dicen que es un paraíso, otros aseguran que es la más hermosa de la Costa Azul, hay quienes piensan que por ser poco conocida o escondida representa el discreto encanto de la Provence. Eso sí, hay algo indiscutible y muy identitario: su geografía tiene forma de croissant.

Es la principal del archipiélago de las Hyéres y está a pocas millas de la exquisita Riviera Francesa. De bordes irregulares, mide 7 km de largo por 3 km de ancho. Depende del municipio de Hyères, dentro del departamento de Var y la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. Sobre el pasado, lo más sencillo es referir que aquí dominaron celtas, ligures, griegos, romanos, piratas y corsarios… aunque poco importa; lo crucial es la saga romántica que marcó su futuro a inicios del siglo pasado.
El artífice fue un hombre de cuna humilde, François Joseph Fournier, un aventurero (no cabe duda), geólogo e ingeniero belga (luego nacionalizado francés) quien tras varios osados emprendimientos por diversos países amasó una fortuna con las minas de oro en México. Alguien estimó que su tesoro equivalía a un lingote de oro de 14 m de largo por 5 de alto y 4 de ancho… más una mina de plata.

Estando en el sur de Francia en 1911, a los 54 años, conoció y se enamoró de Sylvia France Antonia Johnston Lavis, nacida en Nápoles, quien tenía 24 años. Se lucía como cantante de ópera y ya había actuado en Europa. Se casaron en París y con ella tuvo siete hijos. Corresponde aclarar que fue el tercer matrimonio de François, dado tenía en su haber dos divorcios: de Claudine, en 1906, y de Mathilde, en 1911. Mucho no esperó.
Lo trascendente es que François −digno de un personaje de Alejandro Dumas o Jack London− gestionó la isla con dedicación, abrió caminos y senderos, contribuyó a la riqueza forestal plantando eucaliptos, aromos, pinos piñoneros y cipreses, montó una central eléctrica, un supermercado, una cooperativa, un colegio, un dispensario médico y organizó el transporte marítimo.

El patrimonio de la pareja decayó a partir de la muerte de él, en 1935; y de ella en 1971. El Estado compró el 80% de la isla para preservar el ecosistema existente y la integró en 2012 como parte del Parque Nacional Port-Cros.
El paisaje exuberante y las reliquias arquitectónicas
Por su vegetación frondosa con playas extraordinarias frente al mar turquesa forma parte del Parque Nacional Port-Cros y es conocida como la perla de las Islas Doradas (así les llaman). ¿Qué la diferencia de otras? Aquí no se pueden construir edificios, no se permite circular en vehículos con motor, se llega en barco o velero o ferry al puerto y luego hay que caminar o alquilar una bici.
Al fin de cuentas, es la mejor manera de disfrutar la Plaza Mayor con sus cafés y restaurantes, las callejuelas con casas estilo provenzal con frentes encalados cargados de buganvillas fucsias o violetas, recorrer sus playas solitarias, conocer los fuertes históricos o el faro, andar entre viñedos, ir al hotel, alquilar kayaks o servicios de buceo.

Un detalle clave: más vale conectarse con la Naturaleza porque el wifi no es generoso. En cuanto a cómo llegar, los ferris salen todo el año de Tour Fondue, en la península de Giens, en un viaje corto de 15 minutos; si bien en temporada alta hay embarcaciones desde Toulon, Saint Mandrier y Les Sablettes, entre otras localidades.
En el casco histórico, uno puede hospedarse en uno de los seis cuartos de Le Porquerollais; pero si se aspira a un alojamiento privilegiado está el hotel Le Mas du Langoustier, que Sylvia instituyó como casa de huéspedes en 1934.
Se halla frente al fuerte del mismo nombre y cerca del mar, atesorando el estilo de una residencia provenzal con sus fachadas rosas vestidas con las infaltables buganvillas, con sus objetos y muebles de época. Dispone de 47 habitaciones en tres alas, cada una con una vista diferente.
En sus instalaciones seducen el Restaurante Pinède, que abre para el almuerzo todos los días y a la noche está reservado para los huéspedes del hotel, y L’Olivier, con una gastronomía más formal y sofisticada que ha sido galardonada con una estrella Michelin en el pasado.
El que brilla desde 1830 es el faro. Se eleva 84 m sobre el nivel del mar en Cap d’Armes y su luz blanca tiene un alcance de 54 km. Los marinos dicen que es uno de los más potentes del Mediterráneo, pero está cerrado al público.

En cuanto al origen vitícola con François y sus viñedos, las buenas prácticas continúan con dos bodegas de renombre: Domaine de I’lle, de la cadena Chanel, que elabora cultivando varietales perfumados como las uvas garnacha y la tibouren; y Domaine de la Courtade, con sus hileras muy cerca del mar, que embotella blancos, tintos y rosados con la marca Côtes de Provence. Visitarlas y paladear sus vinos es primordial para los buenos bebedores.
Los baluartes constructivos estratégicos
Porquerolles está salpicada de estructuras militares para proteger el Mare Nostrum. Uno ineludible es el histórico Fort du Grand Langoustier, que data del siglo XVII y fue levantado bajo el gobierno del cardenal Richelieu. Se lo aprecia desde afuera porque pocas veces está abierto al público.

Otra joya patrimonial es la Fortaleza de Santa Ágata, la más antigua, construida en 1531 durante el reinado de Francisco I para resguardar la isla de los piratas y los sarracenos. Empero, la destruyeron las fuerzas inglesas en 1793; pero fue reconstruida al año siguiente. Gestionada por el Parque Nacional de Port-Cros, contiene exposiciones dedicadas a la historia y la biodiversidad.

Asimismo, cargado de historia, está el Fuerte de l’Alycastre del siglo XVII, mentado también por Richelieu con gruesos muros y sólidas torres que resistieron muchas embestidas. Se cree que aquí estuvo algunos días alojado el Hombre de la Máscara de Hierro, ese misterioso personaje que hicieron famoso el filósofo Voltaire y Leonardo DiCaprio en el cine.

Singular es el Fuerte de Repentance (del arrepentimiento) situado sobre una colina. Su nombre se debe a que era un lugar de monjes y ermitaños que buscaban encontrar redención espiritual. El bastión se concluyó hacia 1893 con torreones en sus esquinas y con el claro propósito de disponer cañones; sin embargo, su destino final desde 1995 fue volver a la serenidad conteniendo un monasterio ortodoxo. Se puede visitar con guías y en grupos acotados.
Hablando de defensas militares, se cuenta −más mito que documentos que lo demuestren− que aquí también estuvo de paso Napoleón, supuestamente cuando aún tenía algún grado militar ocupándose de temas defensivos, y luego por un par de semanas antes de su confinamiento en la isla de Santa Elena.
Las playas, el arte y los eventos
Tirarse relajado al sol en la playa es lo top, así como remando en kayak o haciendo snorkel o buceo con máscara y tubo en un fondo marino espectacular donde un par de barcos hundidos son como arrecifes para la fauna ictícola.
Una de las más lindas es la de Notre-Dame, entre las aguas turquesas y un bosque de pinos de Alepo y eucaliptus a la cual se llega tras una caminata de unos 30 minutos (si la ansiedad es normal) o pedalear una bicicleta 15 minutos desde el puerto.

La Courtade es la más cercana al pueblo y la de mayor amplitud, unos mil metros con pequeñas calas. Resulta cómoda para las familias por la suave pendiente de su fondo marino y por la protección que brindan los eucaliptus.
L’Argent, como su nombre lo sugiere, es de arena blanca y fina, como la plata. En 20 minutos se llega caminando o en 10 andando en bici desde la villa. Tiene un restaurante y un puesto de guardavidas, si bien es poco profunda y muy cristalina.

En plan de actividades fuera del sol hay hitos. Por ejemplo, está la Villa Carmignac, creada por el acaudalado y amante de la creación artística Édouard Carmignac. Desde 2018, su Fundación programa una fantástica galería subterránea de 2.000 m2 que alberga unas 300 obras de famosos pintores y escultores. Las excavaciones permitieron respetar el entorno, los árboles y arbustos y contar con claraboyas para que la luz natural inunde los espacios.
En este momento deslumbra con una oda a la libertad de los años 60 y 70 con la muestra Mar, Pop y Sol, con obras de 40 brillantes maestros: Roy Lichtenstein, Andy Warhol y Evelyne Axell, entre tantos otros, cuyas creaciones pueden verse hasta el 1 de noviembre.

La cultura también está siempre presente, por eso, del 10 al 14 de junio se desplegará el Porquerolles Film Festival, que acontece en la isla y en la península de Giens (en la costa francesa). Centrado en el cine, el medio ambiente y la ecología, fue inaugurado en 2020 con Juliette Binoche como estrella del jurado.
Asimismo, del 10 al 14 de julio, las noches del Fuerte Santa Ágata se llenarán de música con la esperada 26ª edición de Jazz à Porquerolles, con espectáculos de bandas itinerantes de metales, conciertos, jam sessions, talleres y sesiones de DJ.
En tanto que el acontecimiento deportivo está ocurriendo en las aguas locales, las cuales se vistieron de gala con la regata Porquerolles Classic, donde compiten medio centenar de los grandes barcos tradicionales y de época en el torneo organizado por Yacht Club anfitrión y por el prestigioso Comité Internacional del Mediterráneo, que programa estas lides desde hace un siglo.
La noticia, digamos, en esta disputa náutica, es que entre las embarcaciones que sueltan amarras hasta el domingo está debutando en esta pista el emblemático velero argentino “Matrero”, de Rafael Pereira Aragón, integrante del Club Náutico San Isidro, que se consagró días atrás como campeón en las Grandi Regate Internazionale de San Remo, en la costa ligure y logró el subcampeonato en Les Voiles d’Antibes en la Costa Azul.
