Ha fallecido el Doctor Miguel Ángel De Marco, que era el miembro de número más antiguo de la Academia Nacional de la Historia. El “académico decano”, como le gustaba recordar, al igual que a otras tradiciones de la institución de la que había sido tres veces presidente. Era también, no por su edad sino por su antigüedad en la institución, el último de la vieja guardia: había sido elegido académico de número en 1986 y antes correspondiente, desde 1972. Contenía, así, en su memoria, muchos fragmentos de esa historia de la institución que no se encuentra en la actas y los documentos oficiales, conocimientos que narraba con placer pero siempre sobriamente y sin caer nunca en lo que Goethe, antes que otros personajes ilustres, había llamado “el punto de vista del camarero”.
Además de un gran conversador, en el que afloraba una muy amplia cultura, no solo historiográfica, era un buen forjador de vínculos y de consensos, con un estilo amable de hábil negociador, más veneciano que florentino, como era una parte de su linaje. Conservaba, asimismo, los buenos hábitos de otros tiempos, con menos prisas y más urbanidad, y estaba siempre presente en la sesiones privadas y en las públicas, cualquiera fuera el tema o el expositor de turno. Marcó de muchos modos a la academia y durante sus gestiones se lograron muy importantes avances en la estructura de la institución, en su acervo bibliográfico y documental y en la obtención de fuentes de financiación para la misma.
Además de su larga labor en la docencia universitaria, dejó una extensa obra sobre muchos aspectos de la historia argentina y dio contribuciones muy importantes y originales sobre la guerra del Paraguay, o sobre la historia del periodismo argentino, junto con numerosas biografías de personalidades de nuestro pasado y todavía estaba preparando una sobre Alberdi en tiempos recientes. Obras escritas con sobria claridad y fluidez, en lo que podía verse su formación en el periodismo, que había sido otra de sus vocaciones y profesiones, desde los tiempos en que era jefe de editores del diario La Capital de Rosario.
Además de historiador, periodista o miembro también de muchas otras instituciones que se ocupan del pasado y de las memorias públicas, tenía también otra pasión. Con orgullo le gustaba recordar que, en tanto corresponsal naval, había llevado los diarios de a bordo de la Fragata Libertad y que por esa y otras tareas ostentaba el antiguo grado de Comodoro en la Armada Argentina, cuyo uniforme le gustaba lucir o mostrar en fotos a sus contertulios.
Con Miguel Ángel De Marco se ha ido un notable historiador, pero también un testigo y un protagonista de la Argentina de los últimos sesenta años.