Barrera de 300 km: proponen un impresionante sistema para evitar el cruce de guanacos en una provincia

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EL CALAFATE.- Un innovador modelo de ganadería ovina sustentable para regenerar la estepa patagónica fue presentado ante los productores que asistieron a la 102a. Exposición Rural de Puerto Deseado: la propuesta incluye construir una barrera física de dos metros de altura efectiva de más de 3OO km a lo largo de la ruta nacional 3 para evitar el cruce de guanacos y, de este modo, recuperar la salud del suelo, generar un manejo ecosistémico, acceder a financiamiento a través de bonos de carbono y recuperar la rentabilidad del sector ovino de Santa Cruz.

La propuesta parte de un diagnóstico crítico del sistema tradicional, afectado por la falta de políticas agropecuarias sostenidas, la presión de la fauna silvestre, el aumento de depredadores y el avance de la desertificación, factores que provocaron pérdida de stock, abandono de campos y menor actividad económica en vastas zonas rurales de una producción que fundó la economía del territorio.

El “Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable” se trata de un proyecto técnico de gestión macro-ecosistémica para el corredor de la ruta nacional 3 y propone una transición hacia un modelo de “ganadería regenerativa” con tecnología que permita recuperar la salud del suelo.

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“Será un proyecto inclusivo porque dentro de esta área hay productores grandes, medianos y chicos, proponemos programación de pastoreo, pero también hablamos de lugares que se van a dejar descansar, porque el productor que no tiene animales también va a poder recibir sus bonos de carbono”, detalló a LA NACION el productor Sebastián Apesteguía, con dos establecimientos en el departamento Deseado, donde se gestó la emergencia agropecuaria anunciada días pasados para toda la provincia.

Apesteguía presenta el proyecto ante productores de la Sociedad Rurl de Puerto Deseado.

El proyecto propone la construcción de una barrera física de dos metros de altura efectiva a lo largo de un tramo de entre 315 y 400 kilómetros en el noreste provincial, entre la ruta 3 y el mar en una superficie de 2.260.000 hectáreas que incluye un centenar de establecimientos agropecuarios. Técnicamente se establece la altura de 2 metros como un estándar innegociable debido a la capacidad del guanaco para saltar obstáculos de hasta 1,60 metro. La obra está diseñada para una vida útil de 50 años y utilizará materiales de la economía circular local, como tubing petrolero recuperado.

Objetivo

El objetivo es regular las cargas animales dentro de un clúster para lo cual establece, entre otros puntos, que la carga de guanacos dentro del área productiva no deberá superar el 10% de la receptividad del suelo, destinando el excedente al aprovechamiento comercial de carne y fibra, actividad que en la provincia ya se implementa a través del Plan de Manejo del Guanaco.

Detrás de la propuesta, inspirada en Australia y Nueva Zelandia, está Apesteguía, Técnico de Producción Agropecuaria, dueño de La Rufina y La Pava, dos establecimientos ubicados a 70 km de Puerto Deseado que se convirtieron en los primeros en exportar lana con certificación orgánica. “Estamos en un punto de inflexión, el cambio climático nos está pegando feo, ahora atravesamos sequía, los mercados a nivel internacional remontan, pero no lo vemos reflejado localmente, tenemos predadores, guanacos, y si bien hay un Plan de Manejo del Guanaco, no alcanza si tomamos dimensión de lo que es la provincia de Santa Cruz”, dijo.

Apesteguía conoce no solo de campo, sino también del trabajo que se realiza a través de los organismos gremiales del sector, fue dirigente en la Sociedad Rural de Puerto Deseado, presidió la Federación de Instituciones Agrarias de Santa Cruz (FIAS), donde hoy es vocal, y cree que la salida para el campo santacruceño solo puede ser de manera colectiva.

“Planteamos construir una barrera que nos va a permitir tener la carga ovina que soporta nuestros campos, pero, además, regular la fauna y también los predadores. No decimos no queremos pumas o guanacos, sino que proponemos manejarlos”, reflexionó.

Según la presentación de la propuesta, a la que accedió LA NACION, la barrera que delimitará el clúster contará con eco-ductos o compuertas para garantizar la conectividad biológica, situados cada 5 a 10 kilómetros, que permitirán un paso controlado y que se abrirán de manera estratégica para permitir el flujo genético de la fauna silvestre.

En amarillo el clúster previsto que contendrá más de 100 estancias en el nordeste de Santa Cruz

¿Cómo se financiará?

De acuerdo con la propuesta, la inversión para estos dispositivos y toda la infraestructura perimetral proviene de un esquema de financiamiento cruzado: el capital inicial se compone de un 50% de inversión privada, un 30% del Estado y un 20% de créditos blandos. Este sistema se sustenta en el insetting regional, donde empresas mineras e hidrocarburíferas locales comprarán Bonos Santacruceños para financiar la obra y cumplir con sus metas ambientales.

Apesteguía apuntó a que la obra de la membrama sea financiada con el aporte de las empresas mineras y petroleras que realizan explotación en la provincia: “Parte del dinero que adelantan se les van a devolver con los bonos verdes para ellos pueda compensar la huella de carbono que generan”. También apuntan a que esta prefinanciación se sumen aportes nacionales y créditos internacionales. Todo será amortizable a 50 años y los productores mantienen el sistema devolviendo la inversión inicial mediante el pago a “valor producto” (kilos de lana, carne o carbono), lo que garantiza la sostenibilidad operativa a largo plazo.

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“Queremos que el INTA genere el protocolo nacional, avalado internacionalmente para certificar los Bonos de Carbono, y nuestro insetting regional, es que proponemos que la industria extractiva como la minería en el Macizo del Deseado, en vez de comprar bonos a nivel internacional, compensen su propia huella comprando bonos de carbono en Santa Cruz”, se entusiasmó Apesteguía.

Para asegurar la transparencia, se utilizarán caravanas electrónicas y tecnología permitiendo que los productos (lana y carne) cuenten con una trazabilidad completa y una huella de carbono negativa certificada, en tanto la transición de un control de depredadores letal a otro basado en defensa con barreras físicas permitirá a los productores certificar su lana y carne como wildlife friendly, amigable con la fauna.

Los bonos se crean transformando la capacidad de captura de la estepa en un producto financiero certificado, cuya validez dependerá directamente de la infraestructura tecnológica de control de cargas animales.

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