El olor de la comida recién hecha siempre abre el apetito, pero hay ocasiones en que los utensilios en los que se sirven pueden afectar su olor. Este problema es más común de lo que imaginás; pero para que no arruine tu desayuno, comida o cena, hay soluciones efectivas y económicas que se pueden implementar.
Existen múltiples razones por las que, a pesar de lavar los platos y verlos aparentemente limpios, estos pueden conservar un olor desagradable persistente. En el caso del lavado a mano, según señala el blog especializado en hogar Karen’s Green Cleaning, el problema ocurre tanto por el estado de los utensilios para lavarlos como por el deterioro de los mismos platos.

Por ejemplo, las esponjas suelen acumular restos de comida, grasa y humedad, creando un ambiente ideal para la proliferación de bacterias. Dichos microorganismos liberan compuestos que generan mal olor y, al usar la esponja, se transfieren fácilmente a los platos que ya fueron lavados.
Por eso, lo recomendable es desinfectar la esponja con frecuencia, cambiarla cada mes y permitir que se seque por completo entre usos. Por otro lado, si los platos presentan grietas o superficies porosas, es posible que pequeños restos de comida queden atrapados en ellas. Con el paso del tiempo, esos residuos se descomponen y se convierten en focos de bacterias y hongos, responsables del olor desagradable. Ante esta situación, lo ideal es evitar el uso de utensilios dañados y optar por materiales menos porosos, como el vidrio o el acero inoxidable.
No obstante, si el mal olor persiste incluso al utilizar lavavajillas, puede ser ocasionado por partículas de comida que no se enjuagan o filtran correctamente y que se depositan en el fondo del aparato o en el filtro. Justamente, la acumulación termina contaminando el ciclo de lavado y afectando el olor de los utensilios. Por ende, tener cuidado al momento de elegir los utensilios para lavar los platos, así como darles un correcto mantenimiento, es el primer paso para evitar olores desagradables.
Otros consejos para lavar los platos y evitar malos olores

- Antes de lavar los platos, eliminá lo que más puedas los residuos sólidos de alimentos, como cáscaras, huesos o restos de comida, y tiralos a la basura. Esto evita que se descompongan y generen malos olores.
- Separá los utensilios de cocina de los platos utilizados para comer, ya que los primeros suelen retener más el olor debido al contacto directo con alimentos crudos como huevo, pescado o carne.
- Enjuagá tus utensilios con agua caliente, puesto que ayuda a disolver la grasa y a desprender los restos de comida. El calor debilita las moléculas responsables del aroma, facilitando su eliminación.
- Frotá los utensilios con una esponja limpia y detergente, considerando el material del que están hechos; por ejemplo, una tabla de cortar de madera es más porosa que una olla de metal y por eso necesita una limpieza más profunda.
- Usá agua a temperatura ambiente para el enjuague final, puesto que permite retirar los residuos de jabón sin volver a fijar los olores en la superficie.
Truco casero extra
A veces no basta con lavar los platos, ya que el olor desagradable puede persistir porque ya se impregnó por completo en los utensilios. En estos casos, existe un truco casero con vinagre blanco para despedir los aromas. Para usarlo, alcanza con remojar los platos durante 10 minutos en una mezcla de 1 taza de vinagre con 3 de agua. O bien, se puede frotar directamente las superficies con un paño humedecido en este líquido antes del enjuague final.
Además, podés complementar la limpieza con jugo de limón, ya que ambos son ácidos naturales que, además de neutralizar los malos olores, ayudan a desengrasar y a eliminar residuos adheridos en platos y vasos, dejándolos con un aroma fresco.