Daniel Lieberman es un paleoantropólogo estadounidense reconocido por su investigación en el campo de la biología evolutiva. Graduado de la Universidad de Harvard (donde hoy dicta clases), Cambridge y George Washington, este experto lleva publicados más de 150 artículos en revistas científicas de renombre como Nature, Science y PNAS, así como también libros: La evolución de la cabeza humana, La historia del cuerpo humano: evolución, salud y enfermedad y Ejercicio: por qué algo para lo que nunca evolucionamos es saludable y gratificante.
La pregunta fundamental que estudia y enseña es la de por qué el cuerpo humano tiene el aspecto y el funcionamiento que tiene. A esto, Lieberman lo denomina “enfoque evolutivo de la anatomía y la fisiología humana” y asegura que llegar a una respuesta no solo ayuda a comprender mejor por qué los seres humanos son como son, sino que también permite adquirir información clave sobre cómo prevenir diversos tipos de enfermedades y lesiones.
Ya con más de 30 años de experiencia en su área de estudio, se convirtió en una eminencia solicitada por todo tipo de instituciones académicas y medios de comunicación enfocados en ciencia y salud, que lo consultan para indagar en las creencias más persistentes sobre la biología humana.
A continuación, cinco de los mitos más frecuentes sobre la salud que el experto abordó en diversas entrevistas y en sus escritos académicos.
1 – La mejor forma de correr es con calzado deportivo
En un artículo publicado en 2010, Lieberman combate esta idea y expresa que, en base a lo estudiado, los humanos han practicado las carreras de resistencia descalzados durante millones de años. Su idea se refuerza al mencionar que el calzado deportivo comenzó a usarse en la década de 1970.
“Durante la mayor parte de la historia evolutiva humana, los corredores iban descalzos o usaban calzado mínimo como sandalias o mocasines y poca amortiguación en comparación con las zapatillas modernas», escribe.
Entre las observaciones del estudio se destaca que, incluso en superficies duras, los corredores descalzos tienden a apoyar con la parte delantera del pie y que esto resulta en fuerzas de colisión menores que los corredores con calzado que apoyan la parte trasera (como suele ocurrir en los casos que se emplean zapatillas con amortiguación). “Esta diferencia se debe principalmente a una mayor flexión plantar del pie al aterrizar y a una mayor flexibilidad del tobillo durante el impacto, lo que disminuye la masa efectiva del cuerpo que choca contra el suelo”, describe el investigador en la publicación.

2 – Al ejercitar conviene inhalar y exhalar por la nariz
Entrevistado por Steven Bartlett para el podcast The Diary of a CEO, el estadounidense refutó las teorías que promueven respirar solo por la nariz cuando se está ejercitando. “La idea de que cuando uno corre debería exhalar por la nariz es simplemente una tontería. Evolucionamos para exhalar por la boca cuando corremos”, sentenció. A la par fundamentó que su hipótesis se basa en que hacer esto último permite regular la temperatura corporal durante el esfuerzo físico.
3 – El sedentarismo atenta contra la salud
En el libro Exercised: Why Something We Never Evolved to Do is Healthy and Rewarding, Lieberman señala que el desgano por la actividad física responde, en verdad, a un principio básico de supervivencia: evitar el gasto de energía innecesaria.
“El ejercicio es un tipo especial de actividad física. Es actividad física voluntaria en aras de la salud y el bienestar que, hasta hace poco, nadie hacía», reveló al ser entrevistado por The Harvard Gazette. “Si fuésemos cazadores o recolectores activos no tendría sentido gastar energía extra en una carrera de ocho kilómetros por la mañana”, añadió.
Y para poner en práctica su teoría sugirió tres cosas: primero, no sentirse mal con uno mismo o castigarse por no querer ejercitar; en segundo lugar, recordar que los humanos evolucionaron para ser físicamente activos por dos razones: para ponerse en movimiento cuando era necesario o porque les era socialmente gratificante. “Si queremos ayudarnos a hacer ejercicio, necesitamos tener la misma mentalidad. Que sea divertido, pero también necesario”, dijo. Por último recomendó dejar de preocuparse por el tiempo o por la cantidad de ejercicio que se necesita. “La realidad es que nuestros antepasados eran razonablemente activos y fuertes, pero no excesivamente. No eran extremadamente musculosos y pasaban tanto tiempo sentados como nosotros, casi 10 horas al día».
4- El descanso debe durar unas 8 horas por noche
Abordando las mismas cuestiones previamente mencionadas, pero en este caso para Big Think, el paleoantropólogo aborda la problemática del descanso y las pantallas: “desde Edison, nadie ha podido dormir mucho”, enuncia. Pero cuestiona la idea de que la tecnología es la gran disruptora del sueño para plantear otra teoría: “Recientemente se han publicado algunas investigaciones en las que se demostró que en algunas partes del mundo donde la gente no tiene electricidad, no duerme ocho horas por noche. Quizá duermen cinco, seis, a veces siete por noche”, revela.
Menciona también que, aunque hoy las personas adjudiquen su insomnio a ruidos externos como los de un auto o un ladrido, durante la mayor parte de la evolución humana dormir era algo muy social. “La gente dormía en grupo, al aire libre, en el suelo y oían animales a lo lejos. No necesitamos colchones, ni almohadas sofisticadas, nada de eso”, afirma.
5 – Correr daña las rodillas
“La mayoría de las lesiones de rodilla que se producen al correr se pueden tratar e, incluso mejor, se pueden prevenir aprendiendo a correr correctamente y adaptando el cuerpo, especialmente fortaleciendo los músculos de las caderas y las piernas”, contó Lieberman a The Harvard Gazette.
De acuerdo con él “la idea de que correr cause artrosis de rodilla no está respaldada por la evidencia” y citó como ejemplo a los antepasados humanos que seguían siendo físicamente activos en su vejez.