Detrás de un lote urbano típico, se despliega un paisaje inmersivo que propone otra forma de habitar el exterior

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El Estudio Bulla estuvo a cargo del paisajismo de este jardín bien urbano de 175 m² en el barrio de Palermo. El proyecto de paisaje para la casa se concibe como una operación de sutura entre arquitectura y naturaleza: un sistema en el que los límites entre interior y exterior se disuelven, y donde la vegetación actúa como materia constructiva tanto como el hormigón o la madera.

El artista Leo Battistelli trabajó para el jardín tres obras de la serie “Luminosos”. En el centro del patio, una pieza del artista Federico Colletta rodeada por las creaciones de Battistelli, que incorporan luz y arte como parte del paisaje doméstico
Detalle de las lajas de los senderos y de una de las esculturas del artista Leo Battistelli

Desde el acceso, el espacio se organiza en torno a una pieza principal: módulos de lajas realizadas in situ articulan la circulación y estructuran el espacio exterior.

Con especies nativas y de sombra, el diseño atrae aves, abejas y mariposas, integrando naturaleza real al entorno urbano

Las juntas vegetadas se intercalan y permiten que el suelo mineral conviva con el crecimiento vegetal, lo que genera un tapiz dinámico que cambia con las estaciones y acompaña el uso cotidiano de la casa.

Helechos, trepadoras y herbáceas se desarrollan bajo la cobertura existente, mientras el piso de hormigón organiza el recorrido y articula el espacio
Tres ejemplares de bauhinias estructuran el lugar y generan una nueva capa de sombra

La vegetación se dispone en bordes densos y envolventes, casi selváticos, que activan un clima propio dentro del lote estrecho y urbano. Salvias, helechos, pastos palmeras acompañan la circulación creando una sensación de inmersión y una transición progresiva entre lo doméstico y lo natural. Se prioriza el uso de especies de sombra y media sombra, adaptadas al tejido urbano de Palermo. Éstas, en un gran porcentaje, son nativas que aportan a la atracción de biodiversidad y permiten la incorporación de diferentes especies de pájaros, mariposas, abejas a la vida cotidiana.

Las pasionarias cubren la pared medianera y la luz acompaña el estar exterior para que pueda ser usado también de noche
Este patio jardín es disfrutado por todos los habitantes de la casa

La arquitectura, a cargo del Estudio Grimaldi Natch, se lee como un soporte que contiene y enmarca el paisaje. Los muros funcionan como fondo neutro para que la vegetación trepadora ascienda y tome altura. El diseño busca que los espacios exteriores sean utilizables y habitables todo el año.

Las plantas que estructuran el espacio tanto como los materiales tradicionalesComo expansión de la cocina, el piso escala a placas de mayor superficie, lo que permite soportar un alto tránsito y alojar una gran mesa con bancos de lapacho

La estrategia general propone un paisaje denso, cercano y sensorial, que enfatiza la experiencia de caminar, tocar y oler. Cada desplazamiento por el jardín construye una secuencia espacial: pasajes estrechos envueltos en vegetación, aperturas hacia el patio principal, rincones semicubiertos y claros donde la luz cae filtrada entre hojas.

En un contexto urbano consolidado, el proyecto convierte el exterior doméstico en un verdadero refugio climático y emocional.

Artefactos de iluminación sutil e indirecta aportan clima sin provocar encandilamientos (izq.). De cerca, escultura del artista Federico Colletta (der.)

“El desafío de los proyectos domésticos es resolver, en pocos metros, muchas especificidades técnicas y necesidades de uso. El vínculo con la arquitectura es indisoluble en términos proyectuales, materiales y de uso.”

El proyecto se realizó con colaboración de Estudio Agustina Aguilar (interiorismo), Andrea Arosa (equipo de proyecto), Sebastian Berdichevsky (estructuralista)

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