A lo largo de la charla, Diego Topa se excusará ante el llanto que no podrá reprimir. Se emocionará al pensar su presente personal y la paternidad de su hija Mitaí, ejercida junto al actor Hugo Rodríguez, su pareja. Con igual intensidad, se quebrará ante el recuerdo de los casos de niños en situaciones de salud complejas que, con su arte, ayudó a partir en paz o, en no pocos casos, acompañar en su recuperación.
“No me gusta hablar mucho sobre eso, no quiero que se malinterprete”, dice, aunque desliza que son frecuentes este tipo de pedidos y sus visitas a diversos centros de salud.
También su regreso a la televisión le genera una sensación de amorosa emoción. “Acabo de ver la escenografía y es preciosa”, dice, aún sorprendido, mientras se acomoda en una sala de reuniones del canal para conversar con LA NACION.

Desde este sábado, a las 11 , se pondrá al frente de Topa, un mundo de colores, el nuevo espacio de la Televisión Pública que es una coproducción entre la señal estatal y la productora que lleva el nombre del animador, tal como es la dinámica actual en la generación de contenidos de la emisora.
“No será un programa solo para los más chicos, sino para toda la familia. Reunir a todas las generaciones no es una tarea fácil, pero Topa lo puede lograr”, se enorgullece ante lo aspiracional de su deseo esbozado en tercera persona.
El anhelo no es irrisorio, el conductor debutó hace más de dos décadas, lo que permite que su público hoy se encuentre diversificado en varios grupos etarios, los que lo vieron y crecieron con él y las nuevas infancias: “Tengo muchas generaciones que me siguen, es una tarea muy importante, me siento un privilegiado y con la responsabilidad de hacer un programa sano, divertido, con mucho humor”.
-Si bien tu manera de entender el espectáculo para las infancias lleva tu sello, por momentos con una impronta artesanal y analógica, lo cierto es que te enfrentás con una generación de niños muy estimulada por lo digital y con una enorme dependencia a las pantallas.
-Es un gran desafío, pero me encanta, ya que mi paso en esta vida tiene que ver con volver a las fuentes. Si bien todo va para un lado que hay que acompañar, como expresarse desde las redes sociales, hay que buscar un equilibrio.
Topa, un mundo de colores es una creación propia en sociedad artística con Hugo Rodríguez, su pareja. “Salió del corazón y tiene mucho de lo aprendido a lo largo de mi carrera y de mis inspiradores”.
-¿Cuáles fueron esas fuentes?
-Hay mucho de lo que viví en Disney, pero también lo que pude tomar de cuando este canal era ATC (Argentina Televisora Color).
-¿Por qué?
-Acá le dejé mi chupete a Carlitos Balá, canté en Festilindo, me acuerdo de Dulce de leche con Cristina Lemercier y estuve en el programa El Clan de Patsy. También Julieta Magaña era mi ídola, veía sus programas, y, con los años, se convirtió en una gran amiga.
Hace una pausa. Se toca los brazos. “Se me puso la piel de gallina, Julieta (Magaña) anduvo por acá, soy muy de conectar con eso”. Lo dice con naturalidad y convencimiento.
Marca registrada
Un plano espiritual manifestado acompaña la vida de este hombre de 50 años que convirtió su apellido en marca registrada. “Mis ídolos infantiles están vivos en mi corazón, lo que hago es también un agradecimiento a los que me hicieron feliz. Cuando hablo de la infancia, no hay manera que no me emocione, es una etapa única de la vida”. Se emociona sin más y lejos de todo pudor.
-Cuando despertó tu vocación artística, ¿imaginabas un camino dirigido al público infantil o te pensabas de una manera más integral?
-Quería ser actor, nunca me imaginé que esta iba a ser mi misión, la vida me puso en este lugar, el público me ubicó dónde estoy. Fue casi sin darme cuenta, lo hice jugando y viendo a otros artistas como Margarito Tereré, Julieta Magaña, Pipo Pescador, Carlitos Balá. Soy de la generación que disfrutó de muchos referentes del género, próceres. Hoy, desgraciadamente, somos muy pocos.
Topa reconoce que su arribo a la Televisión Pública conlleva varias resonancias: “Mi sueño era hacer un programa en este canal, porque llega a todo el país de una manera real, se ve en lugares donde no existen otras opciones”.
-Históricamente, desde que nació como Canal 7, ha sido así.
-Mi misión es poder retribuir un poquito de todo ese amor que recibí a lo largo de mi vida. Vamos a llegar a chicos que no tienen la posibilidad de acceder a nada.
“Valores, familia, cuentos, canciones, juegos, sketches”. Esa es la fórmula con la que define a su flamante material. Además, el formato incluirá dos momentos de juegos con el público, uno de ellos a través de videollamadas realizadas en un “falso vivo”. Para el animador será “un homenaje a mi amada Susana Giménez”. Curiosamente, en 1987, la diva debutó con su show ¡Hola, Susana! en los mismos estudios que, casi cuatro décadas después, habita Topa.
El ciclo también comprenderá la participación de una suerte de “cartero”, que recorrerá el país en busca de videos (VHS) caseros para que el público pueda recordar momentos pasados de su familia o aquellas películas que acompañaron la vida.

-Irradiás una amorosa nostalgia.
-Soy muy nostálgico. En el programa estarán aquellas cosas que me remiten a mi propia infancia. Además, será la primera vez que me verán sin hacer un personaje. Hice Junior Express, pero era el Capitán Topa. Acá me verán como realmente soy, contando cuentos como yo se los relato a mi hija.
-La paternidad, ¿qué te modificó como artista de las infancias?
-La llegada de un hijo te llena de amor y te desestructura todo lo demás.
-¿Por ejemplo?
-Apareció una sensación nueva, única y constante que es el miedo. Todo el tiempo pienso en la nena, en que esté bien. Aparecen reflexiones como “que no le pase nada a ella, que me pase a mí”. Más allá de eso, es lo más lindo que me pudo pasar, ser papá me cambió la vida.
-¿Te acercó más al imaginario de los chicos?
-Siempre estuve muy conectado a mi alma de niño. Es natural ponerme en el lugar de los nenes, es una percepción innata, así que ser padre no modificó demasiado lo que respecta los contenidos de lo que hago. Desde ya, soy un adulto con un montón de problemas, como todo el mundo.
-Lo escindís en tu faceta artística.
-En lo laboral, estoy muy vinculado al sentimiento, al pensamiento y la mirada de los chicos, pero, con la llegada de mi hija, pasé a entender qué les sucede a los padres o a los abuelos cuando el chico ve a su ídolo. No puedo evitar emocionarme. Ahí entendés lo que un padre o una madre hace para que su hijo sea feliz. La gente puede no tener un mango y, sin embargo, hace el esfuerzo para que a los más chicos no les falte su juguete o ver el espectáculo de su artista. Ese es un amor enorme y que no se acaba nunca. Ahí entendí cómo, la llegada de un hijo, cambia la vida de toda la familia, no solo de los padres.
A su lado, asiente una joven productora, sobrina de Diego Topa. El actor suele rodearse de su familia para ocupar los diversos roles de su equipo de producción.
Testimonios
Suele recorrer hospitales y clínicas para acompañar a los niños internados, en muchos casos con pronósticos irreversibles. El caso de una niña llamada Milagros lo conmueve especialmente: “Antes de operarse, la nena se encontraba con mucho miedo, así que los papás le preguntaron qué era lo que más le gustaría que le regalasen cuando terminara la intervención”.
-¿Cuál fue la respuesta?
-Milagros dijo que su deseo era “conocer a Topa”, pero, desgraciadamente, en la operación no se pudo hacer mucho y quedó en estado vegetativo, dormidita. Era un tiempo sin tantas redes sociales, así que se fueron armando cadenas para ver quién me conocía o quién me había visto por última vez.
Se larga a llorar sin medias tintas: “No puedo más”. Su sobrina le acerca un pañuelo de papel. Toma agua. Recobra su entereza, pero sin pudores por exponer su costado más sensible.
Finalmente, Topa se acercó al hospital y pudo saludar a los padres de Milagros y visitar a la paciente en su habitación: “Estaba con la ropita con la que, si se recuperaba, iba a ir a ver mi show”.
Los padres le pidieron al actor si podía cantarle y así fue como, con la niña dormida, el artista cumplió con su misión: “Le canté la canción que más le gustaba. A la media hora la desconectaron y murió, pero pude darles un poco de tranquilidad a esos padres”.
Se seca las lágrimas y se justifica diciendo que “desde que soy papá, estoy más sensible”. Se lo percibe en carne viva, no anestesiado por la profesión y las rutinas de su oficio. Y con ganas de poner en palabras eso que dejó de ser esporádico para convertirse en una costumbre.

“En un recital en Corrientes observé que, en primera fila, había dos abuelitos que tenían en sus manos la foto de un niño. Como suelo hablar con la gente en cada presentación, los encaré y les pregunté con quién habían venido”.
-¿Qué te respondieron?
-Fue hermoso, me dijeron: “Nuestro nietito partió, pero, como en casa todo el tiempo te veía a vos, decidimos sacarnos las entradas para acompañarte. Disfrutar de tu show implica tenerlo a él más cerca”. El amor no tiene barreras, algo mágico pasa. Me siento un afortunado y privilegiado por poder vivir lo que vivo y ocupar el lugar que ocupo.
Nuevamente llora. Algo del orden emocional lo interpela profundamente.
-¿Alguna vez te han manifestado la sanación de algún niño gracias a tu intervención, ya sea presencial o a través de tu arte?
-Sí, pero siempre respondo que no tengo poderes. Lo único que hago es brindar amor y acompañar.
A la hora de pensar en algún caso en particular, recuerda a un niño salteño que no tenía el deseo de comer: “Se trata de patologías increíbles”. Desde su personaje del chef Arnoldo le grababa videos diciéndole que le enviaba exquisitos platos. El artilugio cumplió su cometido. “El chico volvió a comer”, se ufana el actor.
El Hospital de Niños, Casa Cuna y Casa Garrahan son algunos de los espacios que suele visitar. “Me convocan mucho para acompañar a chicos que están esperando algún trasplante. Es fundamental que, mientras llega el órgano, estén felices y tranquilos, porque los médicos me explicaron que, cuando un niño pierde la alegría, parte. Recuerdo a un chico que no se reía con nada, ya estaba sin energía, pero hice el sonido como si se hubiera escapado un ´peducho´ y el nene no paró de reírse. Desgraciadamente, nunca llegó el corazón para ese nene, pero lo pude hacer feliz. A la semana partió y los papás me llamaron para agradecerme”.
Una criatura que hacía días que no despertaba, recobró su conciencia al escuchar “Pompas de jabón”, uno de los hits que Topa le interpretó al lado de su cama. En la mayoría de estas experiencias, el artista es acompañado por Los Rulos, el trío de hermanos músicos de la serie Junior Express.
“Cuando un niño está feliz, se mejora lo inmunológico, no es magia”, busca desprenderse de toda connotación fantástica y apelar a la razón en función de esos acompañamientos: “Siempre que pueda estar, estoy”.
-¿Cómo hacés para que, el peso emocional de esas experiencias, no afecten tu propia salud?
-Es una retroalimentación de amor.
Se lo ve siempre igual. No aparenta sus cincuenta años, aunque reconoce que “recién este año comencé con el gimnasio” y confiesa que “ya me puse la vacuna de la gripe”, como explicando el combo sanitario que le confiere un rasgo atemporal. Seguramente, su actividad contribuye a ese bienestar físico. “Lo que uno hace hoy, repercute en el futuro”.
-¿Tomás en cuenta el paso del tiempo?
-Los cincuenta me pegaron raro, es como estar en la mitad de la vida, si es que llego a los cien como Mirtha (Legrand). Me gustaría acompañar mucho a mi hija y conocer a mis nietos, así que la fórmula es cuidarse. La vida tiene sus vaivenes, sus contrastes, me han pasado muchas cosas, pero soy optimista y salgo para adelante.
-¿Padeciste grandes dolores?
-Muchísimos.
-¿Por ejemplo?
-Que se terminen contratos que creías que eran para siempre y eso te obligue a reinventarte; disoluciones de sociedades que terminaron yendo por un lado no esperado.
-¿Te estafaron?
-No me gusta esa palabra, hablaría de desilusiones. En la carrera padecí muchas desilusiones. Al comienzo de mi carrera hubo gente que no compartía mis principios o intereses y opté por alejarme. Cuando algo no vibra conmigo, decanta solo. A todo el mundo le pasa. De esas cosas se aprende y te fortalecen.
Vínculos
A la hora de pensar en el amor, no se ufana de grandes enamoramientos: “Tuve dos parejas. Mi primera pareja, con la que compartimos siete años, hoy es un gran amigo”.
Tal es el vínculo que los une que aquel novio hoy formó una nueva relación y, en no pocas ocasiones, comparten cenas con Topa y su pareja. “Salimos los cuatro, vamos a comer y lo pasamos muy bien. Se puede terminar el amor, pero hay algo construido, vivido, sufrido y reído, es parte de la historia”.
A su pareja lo conoció trabajando. “Fue en El show de Topa, porque él también es actor y bailarín”. Durante años, solo fueron amigos. “´Hugui´ fue siempre uno de mis mejores amigos”. Ambos se separaron de sus parejas y el destino mutó el vínculo.

“Nos encontramos en el tiempo, casi sin darnos cuenta cómo nos íbamos acompañando. Lo bueno fue que, como hacíamos giras juntos, ya teníamos construido mucho en torno a la convivencia, algo que seguimos cuidando y alimentando”, describió.
Qué lío Hugo será un formato que estará a cargo de Hugo Rodríguez y que Topa producirá. “Primero estreno yo y luego llegará él”. El programa también se verá por la pantalla de la Televisión Pública, donde la pareja de Topa interpretará a un inventor con características especiales.
Tanto Topa como Hugo se presentaron en la última edición del Lollapalooza, donde convocaron a una multitud. Seguramente, muchos de los que consumieron los programas en sus infancias, hoy vuelven a recuperar aquel deseo de presenciar un show del artista que los acompañó durante varios años.
“Hace cuatro años que visito Lollapalooza y, cada vez, se reúne más público. La gente pide que me saquen del escenario kids, porque los que me vienen a ver son adolescentes y jóvenes. Ya lo hablé con la producción, quienes me tratan superbien y están muy contentos con lo que sucede”.
-Sos de ir en busca de lo que deseas.
-Siempre. Jamás me incomodó pedir trabajo, creo que el trabajo dignifica y está muy bien golpear puertas para poder cumplir objetivos.
-¿Cómo es la dinámica familiar a partir de la paternidad?
-Estoy en el chat con las mamás del colegio y ellas me ayudan mucho con algunas cuestiones de organización. Trato de estar en las fechas más importantes, no perderme los actos, el camping o la reunión en familia. Quiero que la nena sienta que tiene a los dos papás presentes.
Mitaí ya tiene seis años y comenzó primer grado.
-¿Tenés vínculo con la mujer que permitió la gestación en su vientre?
-Sí, nos vamos enviando fotos, me pregunta cómo está la nena. Con “Hugui” estuvimos en el parto, yo corté el cordón. Nunca pensé que la vida me fuera a premiar con algo tan hermoso. Se habla mucho de la subrogación de vientre, ojalá se pudiera hacer en nuestro país. Lo único que falta en la Argentina es la parte legal, allí hay un gris.
-Cuándo nació Mitaí, ¿qué recordás haber sentido?
-Fue como el despegue de un cometa, fue la sensación más fuerte que experimenté en mi vida. No sabía en qué plano estaba. A partir de ahí empezás a descubrirte y descubrirla. Cada día hay más amor.
-Y no quiere ser figura pública.
-No le gusta que la muestre, pero se graba a sí misma hablándole a sus amigas. Si subo ese contenido, va a tener más éxito que yo. Es muy directora, canta, baila.
-Disney, como compañía, evolucionó y hoy se permite pensar en sus contenidos algunas cuestiones vinculadas al género. En tus inicios, no habrá sido sencillo poder mostrarte y hablar sobre tu identidad sin eufemismos.
-Cuando comencé en Disney ni siquiera yo me había aceptado a mí mismo. Mucho tiempo más tarde, a los 33 años, pude aceptarme y hablarlo con mi familia. Una vez que me acepté y me di cuenta que la gente me quería más, fue hermoso. Es algo mágico decidir ser quién querés ser, mucho de estos temas los volqué en mis canciones.
-¿Cómo reaccionaron tus padres?
-Fue difícil, como todo, no lo vieron venir. Tenía miedo que no me aceptaran. Al principio fue un poquito difícil, pero crecieron mucho.
-Y los convertiste en abuelos.
-Y están chochos, mi familia es mi sostén, la base de todo.
Piensa en los cambios que ha ido ejercitando en su vida y entiende que “poder trasmutar es una de las cosas más lindas que me suceden”.
-¿Dónde se aloja más fuerte tu poder de “trasmutar”?
-Te diría dónde no puedo. La traición en la confianza, no va conmigo. Me pueden traicionar con la plata, pero traicionarme emocionalmente o no estar cuando te necesito, me duele muchísimo, porque yo estoy siempre, todo el tiempo.
Es hora de terminar la entrevista y, cuando se le remarca el peso de su nombre, no duda en reconocer: “Siento más reconocimiento, agradecimiento y afecto que antes, en la calle recibo amor a cada paso, los adolescentes me paran y me cuentan que los acompañé en su infancia”.
-Quienes acompañan las infancias quedan grabados eternamente en la memoria.
-Alguna vez, Carlitos Balá y Julieta Magaña me dijeron “cuando seas más grande, te vas a dar cuenta que tu jubilación será el amor de la gente hasta el día que te vayas de este plano”.
Para agendar.
Topa, un mundo de colores. Sábados y domingos, a las 11, en la Televisión Pública
