El día que lo mataron, Walter David Aguirre, de 55 años, ingresó en el edificio de Hidalgo 375, en Caballito, tomado del brazo de un muchacho joven. En ese momento, el profesor universitario no lo sabía, pero el joven al que llevó a su departamento del primer piso era, en realidad, un viudo negro que lo había seducido para robarle y lo asfixió hasta matarlo.
El cuerpo de Aguirre fue hallado el miércoles, minutos después de las 14, en la habitación del inmueble que la víctima también usaba como oficina.
A partir de la revisión primaria de la escena del crimen, los investigadores policiales y judiciales determinaron que Aguirre había sido víctima de una muerte violenta.
Vestía una remera azul y un pantalón de jogging del mismo color. Estaba boca arriba, en el piso, y a un costado de la cama sobresalía una remera fucsia. Esa prenda estaba en la boca de la víctima. Las manos, maniatadas con un precinto, quedaron apoyadas sobre el abdomen.
Completaba la escena un cajón tirado y dado vuelta sobre la cama, prendas de vestir desordenadas y la mesa de luz abierta con el contenido desparramado.
En las conclusiones de la autopsia se determinó que el docente universitario fue asesinado mediante un mecanismo de doble asfixia, causado por la remera que tenía en la boca y por la presión que el homicida aplicó sobre el cuello.
No había ventanas ni puertas violentadas. Esa circunstancia reforzó la sospecha de que la víctima y el atacante se conocían o que Aguirre le abrió la puerta.
La presunción se confirmó cuando los responsables de la pesquisa revisaron la cámara de seguridad del edificio. En las imágenes quedó registrado el momento en que el profesor universitario ingresaba tomado del brazo de un joven.
Fue la última vez que se lo vio con vida. Después, vino el ataque del homicida, al que la víctima habría conocido circunstancialmente. Hasta el momento, los investigadores no establecieron si el vínculo surgió a través de una aplicación de citas o de redes sociales.
El encargado del edificio aportó un dato clave: el sospechoso tiene un perfil distinto al de la pareja de la víctima. El profesor mantenía una relación estable con un hombre casi de su edad, pero el muchacho registrado por las cámaras “era más joven”.
Con esos datos, los detectives de la Policía de la Ciudad comenzaron el relevamiento de cámaras de seguridad de la zona para tratar de encontrar alguna imagen más clara del presunto homicida.
En esta etapa de la investigación, la hipótesis más firme indica que se trató de un robo que terminó en asesinato, cometido por un agresor al que la víctima conoció de manera circunstancial, posiblemente a través de una aplicación, un territorio de caza usado por los viudos negros que buscan hombres en situación de vulnerabilidad afectiva y buen pasar económico.
César, empleado de la víctima, encontró el cuerpo. Al ingresar en el departamento, que funcionaba como oficina, vio un notable desorden y halló al docente en una habitación.
Ante ese escenario, llamó al número de emergencias 911. Así comenzó una investigación que aún sigue abierta.
