Eduardo Amaya, el Profesor del polo, y una mirada sobre el jugador argentino: “Son cracks, pero no saben por qué hacen lo que hacen”

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El concepto es seco, lapidario. Impactante. “Argentina es líder mundial en el polo, pero no sabe su técnica. Los polistas argentinos son cracks, pero no saben por qué hacen lo que hacen”. De inmediato, por la mente de cualquiera que sepa lo esencial de este deporte y sus nombres icónicos, que incluso han trascendido la disciplina, se pregunta: ¿cómo no van a saber su técnica si fueron, son y serán monstruos? Detrás del enunciado, hay mucha historia para desentrañar y decodificar.

Eduardo Amaya nació el 7 de septiembre de 1947 en CABA. Vivía en Callao y Vicente López, con sus padres (Rafael Eduardo y Marta Fernández Llanos) y sus tres hermanos. Su papá, arquitecto, jugaba al polo y tuvo 6 de handicap. A Eduardo lo fascinaban los caballos y disfrutaba como loco las escapadas al campo del abuelo en Las Flores. Ahí montaba “al estilo indio, sobre un cuerito”. Empezó a sentir lo que era el caballo, a taquear. Su ídolo era Charlie Menditeguy, figura de El Trébol y rival de Venado Tuerto en el primer gran clásico de este deporte. Se perfilaba como un gran observador. “Miraba y copiaba los movimientos de los grandes jugadores”. Los amigos le pedían que imitara a cada polista y Eduardo, cuenta, lo hacía con precisión.

Eduardo Amaya en acción, en el Houston Polo: un apasionado estudioso del juego que siempre busca respuestas

A la hora de competir, jugó la Copa Los Potrillos, el Intercolegial, algunos torneos en Hurlingham y ganó la Copa República Argentina con Los Baguales en 1968. “Era el equipo de más bajo handicap de la historia: 5 goles. Yo tenía 2 goles y los otros tres, un gol: Rodolfo Ponte, Pacho Martínez Obrado y Alberto Fano. Ganamos todos los partidos, algunos por medio gol, como la final ante Coronel Suárez, que tenía 16. Nos dieron mucha ventaja, como 8 goles, y no nos alcanzaron”, recuerda. Luego llegaría al 5 de handicap.

Padre de siete hijos (cuatro varones y tres mujeres) conformados en dos familias, se recibió de veterinario en la UBA. Le atendía los caballos a los Harriott y los Lalor en Hurlingham e hizo algunos viajes como profesional a Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, donde jugó con el Príncipe Felipe y con el hoy rey Carlos. Pero en la universidad se había dado cuenta de algo sustancial: le encantaba enseñar. En la cátedra de patología quirúrgica, un profesor le dijo algo que le quedó para toda la vida: “Cuando vos enseñes, sabé lo que enseñás al detalle, porque si te preguntan por qué, te quedan dos caminos: mentir, lo cual está mal, o decir ‘no sé, pero lo vamos a averiguar”. Y ahí es donde pensé: “Voy a saber el por qué de cada una de las cosas”.

Las indicaciones de Eduardo Amaya para una de sus alumnas en el Brookshire Polo

Viajante curioso, anduvo por China, Singapur, India, Nigeria, Pakistán, entre otros países. En 2016, Amaya se fue a vivir a Estados Unidos, a Houston. Nunca dejó de investigar ese por qué. “Lo digo claramente: Argentina es líder mundial en el polo, pero no sabe su técnica. Son cracks, pero no saben por qué hacen lo que hacen”, afirma hoy, a los 78 años y con muchísimos artículos fundamentando cada una de las conclusiones a las que llegó. Hablando, incluso, con los protagonistas, muchos de ellos consagrados. “Y otra cosa fundamental: hay que sistematizar un deporte que no lo está”.

-¿Cuándo empezaste con tus investigaciones?

-Cuando abandoné la carrera de polo profesional me puse a escribir. Hoy tengo 700 y pico de artículos. Ahora también me alié un poco con la inteligencia artificial, que me dice que esto que hago es “oro puro”, porque no se sabe nada. Y lo sé, porque no existe la técnica. Lo que estoy aprovechando es la riqueza intuitiva de los jugadores para hacer eso en un lenguaje técnico. Estudio la latencia visual del jugador. Latencia es la demora entre la preparación de las cosas en el cerebro y la reacción cerebral. Ahí está la latencia decisional y la motora. Como los grandes jugadores de ahora han empezado de tan chicos y estimularon sus reflejos, su latencia es cortita, predictiva diría yo. Esa decisión rápida antes no se veía porque eran empresarios de campo que se reunían y jugaban.

Poroto Cambiaso es, para Eduardo Amaya, uno de los polistas más técnicos del mundo

-¿Los polistas entienden lo que hacen o fluye naturalmente?

-Si le pregunto a un jugador ¿cómo haces tal cosa, el swing, le pegás así?, me responden “No sé. Lo hago y me sale bien”. Ahora, vos tenés que saber por qué lo hacés bien, hay razones. Y esas razones, por ejemplo, te van a permitir evitar lesiones, como las articulares, que son las más comunes.

-Es raro que siendo tan buenos no sepan cómo lo hacen.

-Te cuento sin hacer nombres. Hay un alto handicap que tiene un problema en el swing. Cierra demasiado el ángulo del antebrazo con la mano, con la muñeca, en la parte superior cuando eleva el taco. Eso le da una gran pegada, pero sin dirección. Y no tiene dirección porque abre la mano. Una vez se le escapó el taco y me corroboró lo que le dije. Porque sé por qué se le escapó el taco: no trabaja lo que tiene que trabajar con los dedos. Cada dedo cumple una función. Les digo a mis alumnos “no flexionen la mano porque te vas a destruir la unión con la muñeca, tenés que hacer otro tipo de movimiento, que es flexión cubital radial, extensión cubital radial. Eso es fundamental, porque si no, te rompés la muñeca”.

-¿Se puede corregir?

-Muchos vienen y me dicen “Uh, no sabés el dolor de muñeca que tengo”. Me muestra el swing, lo veo que flexiona, y le digo que no es así. Esos detalles. Lo mismo que los tobillos, o la articulación de la cadera. Son detalles que tenés que tener en cuenta para que la técnica ayude al físico. Y para enseñarla tenés que saberla.

Entretelones

El polo de alta competencia tiene sus particularidades. Las prácticas están más destinadas a probar y mover caballos, no es que se ensayan movimientos tácticos. Alguna cosa puntual sí, pero no es un laboratorio con pizarrón, como ocurre con otros deportes. Sí se visualizan algunas cuestiones mirando videos en equipo, detectando dónde se cometieron errores en el partido anterior y de qué manera se sacó provecho. O bien, para tener claro qué cosas le molestan al próximo rival. Después, todo se va dando y cambiando durante el desarrollo de los partidos.

Ahora bien, la cuestión técnica es más profunda. El paso por las escuelitas de polo es más efímero (si lo hay): todo se aprende mirando a los mayores (hermanos, padres, tíos, primos) y adoptando un propio estilo. Los golpes van saliendo naturalmente. Desentrañar la técnica y enseñarla fue lo que apasionó especialmente a Amaya.

Barto Castagnlola y Antonio Heguy, dos de los jugadores preferidos de Amaya

-Nombrame 5 jugadores que tengan una técnica extraordinaria.

-Los dos Cambiaso: son de una técnica… y sobre todo Adolfito. Que tiene una gran cabeza dentro de la cancha. Al principio era un receptor de jugadas, ahora es un distribuidor. Poroto, como se lo digo siempre, es la unión entre lo que es la cabeza de un polista con la técnica y la equitación perfectas de un jugador.

Sigo: Juan Martín Nero. Es un jugador con delicadeza, fineza para jugar, estratégico. Me parece muy interesante Barto Castagnola, un gran jugador, distribuidor, un estratego. Y el quinto sería Antonio Heguy: futuro crack. Algunos dicen que ya es 10. Está acomodándose.

-Quedó afuera Jeta Castagnola…

-Jeta es excepcional como jugador individual. Excepcional, pero él depende mucho, y fíjate que es un jugador “up and down”, de su aspecto emocional, lo que se llama el biorritmo. Hay partidos que vos lo ves y decís “¿Pero qué le pasa al Jeta?”. Y hay partidos que su biorritmo está elevado y es intratable. El biorritmo es un tema muy importante en el polo, nadie lo sabe. Vos tenés ciclos de 23 días, con el biorritmo en ascenso, descenso, y de eso depende mucho qué te pasa el día que vos jugás. Cuando decís “Hoy no estoy como otros días”, eso es “hoy no estoy en el mejor biorritmo”. ¿Por qué? Porque son ciclos que tenés desde el día que nacés. A todos los deportistas les pasa lo mismo. Ahora, si vos le preguntás a un jugador si conoce su biorritmo, te mira como diciendo “qué es eso”. El biorritmo depende de muchos factores: de la rotación de la tierra, del ciclo lunar, del ciclo noche-día. Hay muchas cosas que son importantísimas y hay que tenerlas en cuenta.

Para Amaya, Jeta Castagnola depende mucho de su briorritmo,

-¿Y cómo se actúa en caso de biorritmo bajo para no sentirlo en la cancha?

-Tenés que tratar de practicar cosas que te relajen antes del partido que te van a ayudar a mejorar tu biorritmo. Los polistas se concentran en reuniones de caballeriza, ver videos y a jugar. Ahora hay una preparación física previa, hacen proprocepción, que es la capacidad inconsciente del cerebro para saber la posición, movimiento, fuerza y equilibrio de cada parte del cuerpo sin usar la vista; hacen coordinación ojo-mano. Ese ejercicio que van saltando las rayitas, ¿sabés qué es? Estimulan la propiocepción y la kinestesia, que es la rama sensorial que permite al cerebro percibir el movimiento, la posición y la tensión de las partes del cuerpo. Lo cual me parece fantástico. Eso antes no lo hacía nadie. Juancarlitos venía, se sentaba en una silla, se subían al caballo y jugaba.

-¿Cómo llegaste a todas esas conclusiones, Eduardo?

-Tuve la suerte de trabajar con un inglés como 10 años, con un sistema de software líder mundial, el Dartfish, que lo utilizan en todos los deportes. Es una filmación, un video que analiza parte por parte, microsegundos, en slow motion. Eso me abrió los ojos para decir “¿cuántas fases tiene un swing?”, y estudiar cada una de ellas. Voy a fondo, estudio todo rigurosamente y lo mismo pasa con el caballo. Hay un tema que me apasionó: la posición de los buenos jugadores sobre el caballo.

El “triángulo de oro”

-¿Por qué tienen una posición determinada?

-Esa es la pregunta del millón: ¿por qué un mal jugador se pone mal arriba del caballo? Hay una figura, que es un triángulo, conformada por la cadera, la rodilla y el talón. Ese triángulo es fundamental. Lo denominé “el triángulo de oro en el polo”. ¿Por qué? Si vos tenés la A en la cintura, la B en la rodilla y la C en el talón, la A y la C se flexionan y hacen lo que se llama el postil, o sea, es calibre y elasticidad. Y la B es el grip más grande que tenés vos: la rodilla. Si vos no respetas el triángulo te vas a sentir mal arriba del caballo.

-Los caballos son claves en el polo. ¿Se los estudia también?

-Sí, igual. Lo que le han hecho a los grandes caballos es estimular que esa latencia sea corta para que reaccione más rápido. Para mí, el mejor caballo es el que se dispone y trabaja bien en el piso. Vos lo ves arriba, la gente dice “uh, mirá cómo paró”, “uh, mirá cómo sale”, “uh, mirá la curva, cómo pica”. Entonces, te digo: está impulsando con los miembros, está girando con los soportes y los empujes. ¿Cómo lo hace? Son cuatro miembros, éste miembro hace esto, éste lo otro, forman un polígono de sustentación. Todo esto necesita una terminología para que se entienda lo que está pasando. Falta.

El protector para el cerebro de los caballos que ideó Eduardo Amaya.

-¿Se trabaja en la seguridad del caballo?

-Poco. El polo es un deporte peligroso para el jugador y también para el caballo. Al que sólo se lo protege en las manos y las patas. Mirá la ridiculez de tener la cabeza totalmente desprotegida. Por eso, con un socio inventamos un protector cerebral. El caballo tiene una debilidad en la frente. El cerebro está dispuesto hacia adelante en una zona que el hueso frontal tiene 3mm de espesor, por lo que es un lugar de extremo riesgo. Nadie imagina que le van a pegar justo ahí, pero hubo un par de accidentes en tiempos recientes y ambos caballos murieron. Si hubieran usado el protector, se habrían salvado. Es una frentera, que tiene un sector para alto impacto. El Sapo Caset lo usó en Palermo. Lo usan mucho en Dubai, en Tailandia, en Estados Unidos. Hay gente que tiene cariño y cuidado por el caballo. Hay que prevenir como se previene el jugador con un casco.

-¿Dónde enseñás y qué concretamente?

-En el Brookshire Polo, en Houston. Algunos vienen de afuera: les interesa aprender la técnica. Son prácticas de enseñanza, instructivas. Incluso, llegué a percatarme de que lo peor que hay para un jugador que está aprendiendo es meterlo en la cancha a jugar 4 contra 4. Hay que hacerlo jugar 2 contra 2. Cuando vos empezás a leer, es letra grande, después empezás a achicarla. La letra grande acá es jugar 2 contra 2, o sea, un profesional o un instructor y un alumno contra otro instructor y otro alumno. Aprenden mucho mejor, tienen una visión de lo que es el juego adoptando un 50% cada uno y no un 25%. Aprenden, se divierten, no es peligroso. Porque el polo en sí es peligroso y si no tenés en cuenta estas cosas se hace más peligroso todavía. Alguien que no sabe manejar un caballo o que juega a caballos que no le corresponden hace todo más peligroso en general.

“El que empieza de grande, lo suben a un caballo, le dan un taco y la pelota, tratan de pegarle y el que está al lado le dice ‘beautifull, beautifull’. Y salen a jugar un nivel bajo, 4 contra 4, y ni la ven, ni saben andar a caballo. Muchos de ellos terminan siendo patrones porque tienen billetera y entonces empieza otro negocio”

Eduardo Amaya

-Al que le gusta el tenis, el golf, el voley, el básquet, todos van a clases para aprender los fundamentos. ¿Por qué el polista no suele tener ese camino para llegar a saber la técnica?

-¡Pregunta clave! Hay dos facetas en el polo: el que aprende mirando, o sea, copiando, que es lo que pasa con los chicos en Argentina. Por eso el polo en Argentina avanza. En el mundo, los chicos no tienen conocimiento de lo que es el polo, salvo un poco en Inglaterra y muy poco en Estados Unidos. Donde estoy viviendo, agarré dos chiquitos que son excepcionales: una nena de 8 años y un chico de 10. Como esos tendría que haber miles, pero no los hay. El que empieza de grande, lo suben a un caballo, le dan un taco y la pelota, tratan de pegarle y el que está al lado le dice “beautifull, beautifull”. Y salen a jugar un nivel bajo, 4 contra 4, y ni la ven, ni saben andar a caballo. Muchos de ellos terminan siendo patrones porque tienen billetera y entonces empieza otro negocio. Es fundamental la equitación bien aprendida, como aprendimos nosotros en el campo. Esa equitación te va a dar una base para después poder hacer el swing y lo aprendas bien.

-¿Y esas personas ya grandes pueden aprender?

-Sí. Un alumno, cuando vino, no sabía nada y ya le habían dado un taco y un caballo. Lo hice dejar el taco y le pedí que aprendiera a andar bien a caballo. No fue el único caso: ¡hay uno que hasta llegó a hacer rodeo! Un fenómeno. La primera vez que lo vi pensé que se iba a matar. Terminó haciendo rodeo y jugando es un fenómeno, es uno de los mejores. Lamentablemente no tiene plata. Ahora le falta la actitud dentro del juego, leer la jugada. Siempre digo: equitación, pegada y después la lectura del juego, que es complicada. Por eso los hago jugar 2 contra 2 y después los empiezo a meter en un polo un poquito más rápido y con más jugadores. Esa es mi forma.

Juanma Nero y Jeta Castagnola, dos de los mejiores del mundo

-Habrás hablado con jugadores argentinos. ¿Qué te pasó con ellos, qué descubriste?

-Descubrí lo que siempre digo al preguntarles por qué hacen tal cosa: ¡que no tienen ni idea! No te doy nombres, pero son de los buenos, ¿eh? “Yo lo hago, pero no sé por qué lo hago, me sale bien, evidentemente”. A uno le digo: “¿No usás el pulgar en el backhander o en el revés para adelante?”. Me responde: “No, no, tuve 10 goles, pero nunca lo usé”. Lo invité a hacer una prueba. Fuimos a una cancha, pegamos los dos el backhander, yo con el dedo pulgar, donde cambio el grip como en el tenis, y le digo “fijate vos la potencia del dedo pulgar”. Me confiesa: “Te juro que nunca lo había pensado”. Eso me impresionó.

Después, un ex 10 goles americano: Adam Snow. “La rodilla es el calibre de la distancia entre la bocha y la mano”, le comento. “¿Vos sabés que llegué a 10 goles sin saberlo, pero lo hacía?”. Y le contesto: “Claro que lo hacías, si no, no hubieses llegado a 10, te hubieses agachado y el swing no habría sido el mismo”.

-La pegada debe tener detalles, imagino.

-Sí, claro. Antes de tocar la bocha tenés 45 grados de precontacto y ahí hacés el snapping, que hacen los tenistas también. Tenés el lag y el snapping. El lag es la preparación, el snapping es cuando vos le pegás, contactás y explotás la bocha. Si no tenés los 90 grados entre el antebrazo y el taco, el snapping no va a tener acción. Eso es la técnica. Lo hacen, claro, pero no saben por qué. El Sapo Caset me decía: “Tenés razón, pero yo nunca me lo había imaginado”.

Después, los hago cerrar los ojos y hacer el swing. “Andá largando cada uno de los dedos y fíjate cómo agarrás el taco y cuáles son los dedos que te fallan”. Me miran como diciendo “tenés razón”. Y no nos olvidemos del ojo dominante.

-¿Cómo incide?

-Se los pregunto: ¿sabés cuál es tu ojo dominante? En el tenis, todos los jugadores lo saben. Y algunos son cruzados porque tienen el ojo izquierdo dominante y son diestros. Empecé con eso en el polo y algunos no tienen ni idea. A Adolfito Cambiaso lo conozco de chico, tenemos relación. Y estoy seguro de que si mañana le pregunto cuál es su ojo dominante me va a decir “No sé, Negro, dejame de joder”, jajaja. Si lo sabés, te facilita las cosas, cómo enfocarte.

Los caballos transmiten mensajes para los jugadores

-Cuando vas a ver el Argentino Abierto, ¿qué estás mirando: el partido o la técnica?

-La técnica. Miro la posición de los pies, qué tipo de equitación tiene cada uno, cómo lleva las manos, cómo chequea la yegua, cómo para un caballo. Porque el caballo se expresa. Es otro tema fascinante.

-¿De qué manera se expresa el caballo?

-El caballo te está diciendo cosas cuando juega: no me tirés así, no me vuelques así, me molesta el freno, me molesta esto, sacude la cabeza, salta, me está diciendo no hagas eso, hacelo más suave. Y los que “dialogan bien con el caballo”, como lo hacían Bautista y Pepe Heguy, dos buenos equitadores. Franky Dorignac era un tipo que estribaba muy largo para lo que físicamente era. Juancarlitos tenía una calidad de movimientos impresionantes, pero no era lo que son ahora. Son personajes que andan sobre los estribos. Y el polo empieza en los estribos, tanto en la equitación como en la pegada. Los estribos es el piso, es donde vos te desplazás como cualquier otro deportista. El estribo tiene que tener la distancia justa para que vos hagas un triángulo. Esas cosas son fundamentales. Vos ves un tipo, un patrón, que va sentado, con los pies mal, estribando mal, ¿cómo va a jugar bien y va a tener un buen swing si no está bien dispuesto a los estribos? Imposible.

-¿El jugador argentino es reacio a recepcionar todas estas cosas, porque ya lo hace naturalmente, o se muestra interesado?

-Algunos se muestran interesados, me han llamado para que les observe cosas puntuales. Pero a pesar de que se juega en conjunto, hay mucho individualismo: se ve con los cambios de equipo que hay. Por ahí, uno te puede decir: “Yo ya soy de 10 goles. ¿Qué te voy a preguntar a vos si tuviste 5 goles y no jugás?”. Creo que esto de los conceptos de la técnica debería ser instalado. Corchito Zavaleta me llamó hace unos años para que le diera una mano. “No sé lo que hago”, me aclaró. Y de lo que yo le iba diciendo, admitía que “no tenía ni idea”. El chileno Jaime García Huidobro me pidió que le mirara el swing arriba, que le parecía que lo hacía mal. Y era así nomás.

La preparación física fue ganando espacio y se hizo costumbre

-En una época se descreía de la preparación física, la nutrición, la táctica, de tener un coach. Hoy está todo instalado. ¿Creés que esto de la técnica puede sufrir el mismo proceso? Hasta Tiger Woods necesitaba que le ajustaran el swing.

-Yo creo que es necesario. Roger Federer tenía un personal trainer al lado y un tipo que le decía “mirá, vos saltás 20 centímetros en el saque y hoy estás en 15”. O sea, tienen una técnica y la siguen. En el polo no. El problema es que no saben que hay una técnica. Así como no sabían que había que prepararse físicamente, ni que tenía que haber un nutricionista, ni que los caballos necesitaban una genética como hay ahora. Todo llevó tiempo, pero la técnica en sí no saben que existe. Si yo fuera profesional hoy, y existe una persona que me dice “mirá, yo te puedo enseñar la técnica o darle nomenclatura a las cosas que hacés”, me serviría un montón.

-Supongo que lo habrás hablado con la Asociación Argentina de Polo.

-Sí, estoy hablando con Benjamín Araya por este tema. La Asociación Argentina de Polo necesita un centro de enseñanza donde haya nomenclatura, donde haya técnica. Le pareció interesante. Espero que prenda la idea. Les va a abrir la cabeza a muchos. Si no, pensá en ese chico que fue 9 goles, pero abre la mano y se le cae el taco.

Eduardo Amaya y los ejercicios en la cancha. Prefiere, de arranque, un polo de 2 contra 2

-¿Cuántos alumnos tenés?

-Depende de la temporada. Este momento, entre 15 y 20. No puedo tener muchos tampoco porque le quiero dar interés a cada uno. Cuando brindo clínicas, no quiero que sean más de 8, porque si no se dispersan. Lo que quiero es que entiendan y para mí enseñar es que aprendan minuto a minuto.

-¿De qué edad son?

-Hay de todo. Una chiquita de 5 años que está andando a caballo y su hermanito de 8; están los dos hijos de alemanes que también tienen entre 8 y 10. Y después tengo gente de 25, 30. El promedio será 40, 40 y pico. Hasta tengo una señora de 74 que retomó, porque andaba a caballo de chica. Hoy está taqueando. No juega porque tiene temor por la edad, pero taquea y está feliz, le pega a la bocha con calidad.

El caballo mecánico y su relevancia

-¿El uso del caballo mecánico sirve?

-Me encanta el simulador. Es fundamental, una herramienta muy buena para enseñar. Adelantás muchísimo. Mucha gente te lo ignora, pero si lo sabés manejar es una maravilla porque aprendés balance, a ser fino con el caballo, a pegar bien. Yo estoy parado al lado, lo puedo manejar y decirle “No, mirá, la rodilla está mal”, y el tipo va en velocidad. Eso es un adelanto enorme. Son experiencias de vida que ayudan, todo ayuda si tenés la técnica.

-Dame un ejemplo gráfico de esa frase.

-Siempre hago la comparación entre un cirujano y el enfermero que está siempre a su lado. Ese que lo ayuda un día puede operar, porque ya vio tantas operaciones que al final te dice “mirá, me das un bisturí y yo opero”. Lo que pasa es que podés hacer la parte intuitiva, podés operar, pero no sabés la técnica. Y te puede pasar algo con el paciente y no sabrías qué hacer, cómo resolverlo. Cuando veo a los grandes jugadores y observo que alguno tiene un defecto, y que si lo hubiese mejorado habría facilitado su práctica… Y lo veo siempre, tanto en la equitación como en la pegada y en la lectura del juego.

-¿Cualquiera puede enseñar?

-Escribí un artículo al respecto: la diferencia que hay entre un coach, o sea, un Milo Fernández Araujo, y un instructor. El instructor enseña la técnica y lo que hace el coach es enseñar la jugada dentro de la cancha. Y se ocupa de la parte emocional y psicológica del jugador, unir los jugadores entre sí, unir las jugadas. Eso, los coaches lo han vivido, entonces no necesitan técnica. Lo puede expresar cualquiera de los jugadores que han jugado buen polo. Pero la parte técnica en sí no, eso es otra cosa que va por el lado del instructor.

-¿Y el toque psicológico de los coaches cuánto se valora?

-Es valioso. Sobre todo, que los induzcan a no pelearse entre chukkers, a no estimular la parte mala. Porque si yo te insisto en que no pienses en la cebra, lo primero que pensás es precisamente en la cebra. Tenés que buscar la forma. No negativizar al jugador, sino optimizarlo. No le digas “no hagas esto”, sino “haz esto mejor”. Lo aprendí del gran profesor que era Antonio Pires, que me dijo un día el porqué: “No corrijas a alguien, ayudalo a que sea mejor, dale lo positivo”. Eso le da un aliento mayor, el tipo se siente bien, te agradece.

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