Dijo que había estudiado en el “Lengüitas” de la porteña calle Juncal al 3200. Y contaba anécdotas con la profesora de geografía. Dijo que había vivido en un departamento de la avenida Callao 862 durante años. Y que adoraba el aroma de las medialunas recién horneadas que ascendía del local contiguo cada mañana. Pero fue todo mentira. Era un espía ruso, otro más, simulando ser brasileño, con pasado en la Argentina. Ahora, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva tiene en sus manos la decisión final sobre su extradición a Rusia.
Victor Muller Ferreira fue, hasta su caída, el espía “ilegal” de Rusia que más cerca estuvo de llegar a una posición relevante entre todos los agentes que detectó Occidente durante los últimos años. Su verdadero nombre es Sergey Vladimirovich Cherkasov, quien quedó a un paso de ingresar a la Corte Penal Internacional (CPI), hasta que su “leyenda”, la fachada falsa que construyó durante décadas, se cayó a pedazos. Y terminó en prisión.
La historia de su ascenso y caída es de película, según reconstruyó LA NACION en base a documentación obrante en expedientes judiciales brasileños y estadounidenses, y fuentes de inteligencia al tanto de lo ocurrido en Brasil y en la Argentina, en una trama que incluyó capítulos en Irlanda, Países Bajos y Estados Unidos, donde intervino “Rusia House”, un departamento especial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
El primer dato certero se retrotrae a 2009, cuando Cherkasov sí ingresó a la Argentina por unos días. ¿Cuándo? En las mismas fechas en que estuvo otro espía ruso, Artem Dultsev, pero con la fachada falsa de Martín Hausmaninger, y antes de su siguiente y definitiva metamorfosis como Ludwig Gisch, cuando se instaló con su esposa María Rosa Mayer Muños –en realidad, Anna Dultseva– en la calle O’Higgins de Belgrano.
Así, mientras los Dultsev criaban a sus hijos en Buenos Aires con el plan de que algún día siguieran sus pasos en el Servicio de Espionaje Exterior (SVR), Cherkasov pulía su identidad brasileña. El 16 de junio de 2010 cruzó la frontera hacia Brasil en autobús, proveniente de la Argentina. Permaneció en territorio brasileño durante casi dos meses, y se marchó el 14 de agosto. Pero ocho meses después, volvió. Esta vez para quedarse, como hijo de la brasileña Juraci Eliza Muller, ya fallecida, y de Júlio José Escalda Ferreira, de nacionalidad portuguesa y mozambiqueña, también fallecido.
Durante los años que siguieron, el espía obtuvo todos los documentos propios de un ciudadano brasileño -desde licencia de conducir y documento de identidad a certificado de exención militar y dos pasaportes-, y viajó otra vez a la Argentina en 2012. Luego, encaró la siguiente etapa de su misión. Estudió en el Trinity College de Irlanda, entre 2014 y 2018, y vivió luego en Estados Unidos, entre 2018 y 2020. Allí completó una maestría en Ciencias Políticas en la Escuela de Estudios Avanzados de la John Hopkins University, en Washington DC, a unas pocas cuadras de la Casa Blanca.
Allí, por motivos que no han salido a la luz, el supuesto ciudadano brasileño que tuiteaba a favor de Donald Trump y criticaba a Vladimir Putin en su blog, llamó la atención de las autoridades. Agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) iniciaron una investigación, que derivaría en marzo de 2023 en la presentación de cargos criminales ante la Justicia federal de Washington DC, y un pedido de extradición.
De regreso en Brasil, preparó la siguiente fase de su plan, que era infiltrarse en Europa. Tras viajar a Israel y Filipinas, entró como “analista junior” en la Corte Penal Internacional (CPI), en la Haya. El 31 de marzo de 2022 –cuando Rusia ya había invadido Ucrania- despegó desde San Pablo. Pero nunca llegó a entrar en los Países Bajos. ¿Por qué? Porque la agencia de seguridad nacional neerlandesa (AIVD), lo identificó como Sergey Cherkasov, ciudadano ruso de 36 años, lo acusó de integrar la inteligencia militar del Kremlin (GRU) y lo metió en el primer vuelo de regreso a Brasil.
En el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, en San Pablo, terminó esposado. Era el 2 de abril de 2022, y terminó en una celda, acusado de falsedad ideológica de documento público por portar un pasaporte con datos falsos, mientras que la Policía Federal brasileña encaraba una investigación más profunda sobre su historia y sus documentos.
DNI de tapas celestes
Nacido en Kaliningrado, en 1985, el espía insistió que se llama Victor Muller Ferreira, hijo de mozambiqueño y brasileña, que nació en Río de Janeiro, en 1989, su madre murió cuando tenía 2 años y que se crió con una tía llamada Pilar Palacio, en Buenos Aires, durante más de 20 años, lo que quiso demostrar con un documento nacional de identidad (DNI) argentino. ¿Cuál? El de tapas celestes, con formato de pequeña libreta.
El punto de quiebre para Muller Ferreira llegó cuando expertos informáticos analizaron sus equipos electrónicos. Desde su teléfono móvil Samsung, discos duros externos, notebooks y tablets, hasta pendrives e incluso un videojuego que los brasileños entregaron al FBI para su análisis. Allí encontraron material propio de de un agente de inteligencia. ¿Qué? Comunicaciones confidenciales, por ejemplo, e informes de rutina diaria e instrucciones detalladas sobre cómo acceder a dos escondites. También, un memo de cinco carillas con su biografía de cartón, escrito en portugués, acaso por su “handler”.
Con el apoyo de expertos oficiales argentinos, los investigadores brasileños detectaron que el DNI de tapas celestes de Muller Ferreira era “trucho”. ¿Por qué? Porque el número de documento correspondía al DNI de una mujer argentina. También verificaron que jamás estudió en la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas – Sofía Esther Broquen de Spangenberg, más conocido como el “Lengüitas” de Buenos Aires, aun cuando él podía recordar los nombres de la directora y del profesor de música. Y que su supuesta madre no había tenido hijos, según confirmaron los familiares de Juraci.
Ante los sabuesos brasileños, el espía también afirmó que había vivido en la avenida Callao 862 y rememoró el departamento de “techos altos” y las “dobles puertas de madera” donde dijo haber pasado alguno de los mejores momentos de su niñez. Pero ese departamento no existe, ni la numeración, que salta del 858 –donde hay un Café Martínez- al 868.
Encarcelado y expuesto el espía, Rusia decidió abandonar la pantomina. Su consulado en San Pablo confirmó que Muller Ferreira era Cherkasov y el agente contrató a un abogado, quien presentó un recurso de hábeas corpus para intentar liberarlo. Solicitó que el imputado fuera trasladado de una dependencia de la Policía Federal brasileña al consulado ruso, donde se comprometía a atender los trámites legales establecidos, con el argumento de que Rusia había emitido una orden de detención contra él.
El planteo de Cherkasov registraba un antecedente inmediato, pero que lo complicó. Semanas antes, el empresario ruso Artem Uss había sido detenido en Italia, a pedido de la Justicia estadounidense, pero un tribunal de Moscú emitió entonces una orden de arresto contra él, que resultó ser falsa, que buscaba bloquear su extradición a Estados Unidos. Tiempo después, Uss huyó de Italia y regresó a Rusia.
Red más amplia
En la misma línea, Moscú pidió la extradición de Cherkasov bajo cargos de traficar narcóticos desde Afganistán, vía Tayikistán, a Rusia. Pero la Justicia brasileña determinó que la acusación rusa era inconsistente, rechazó su extradición en ese momento y mantuvo al espía en una celda de máxima seguridad. En julio de 2022, apenas tres meses y medio después de su arresto, un tribunal lo condenó a 15 años de prisión, pena que luego se redujo a 5 años y 2 meses, por lo que recuperaría su libertad en 2027.
Estados Unidos también buscó avanzar contra Cherkasov, al que acusó de actuar en su territorio como “agente de una potencia extranjera” y de falsificar múltiples documentos, además de “robo de identidad agravada”, según consta en documentos del expediente 1:23-mj-00067-ZMF, cuya copia obtuvo LA NACION. Pero tampoco prosperó.
En paralelo, la Policía Federal brasileña amplió las investigaciones para determinar posibles conexiones con una red más amplia de espionaje ruso en América Latina. Hasta el momento, detectó diez casos de agentes rusos que acudieron a Brasil para construir sus “leyendas” como ciudadanos brasileños durante los últimos doce años, según precisó el Directorio de Inteligencia de la Policía Federal de ese país.
En el caso de Cherkasov, los investigadores concluyeron que su misión quedó trunca. Sospechan que planeaba utilizar la nacionalidad de su padre para obtener un pasaporte portugués y así convertirse en ciudadano de la Unión Europea (UE). Y que el trabajo en la CPI le ayudaría a recopilar datos de interés para el Kremlin.
Próximo a cumplir su condena, Cherkasov podría ser extraditado a Rusia en el corto plazo. Tanto la Policía Federal, el Ministerio Público Fiscal y el Poder Judicial brasileños informaron que ya no tienen investigaciones pendientes contra el espía, por lo que su legajo pasó al Ministerio de Justicia, que lo remitió a Presidencia. Lula da Silva definirá si da el visto bueno para el final, al menos por ahora, a esta historia de película.
