El mono: la maldición regresa (The Jolly Monkey, EEUU / 2025). Dirección y guion: Ryan Ebert. Fotografía: Camilo Godoy. Montaje: Rob Pallatina. Música: Christopher Cano. Elenco: Dominic Keating, Jane Hajduk, Courtney Fulk, Neirin Winter, Anthony Jensen y Patrick Labyorteaux. Duración: 93 minutos. Nuestra opinión: regular.
Antes que nada, una advertencia: El mono no es El mono. Esto puede sonar como un aforismo abstruso pero debe ser entendido literalmente. Esta película estrenada esta semana tiene el mismo título, casi el mismo afiche y el mismo mono de juguete diabólico en sus imágenes promocionales que otra película estrenada en 2025. Todo esto puede llevar a confusiones, algo que no es casual en absoluto. Para decirlo claramente antes de que alguien decida comprar su entrada online: esta no es la película del nuevo auteur del horror Osgood Perkins basada en un relato de Stephen King.
Los espectadores que estén entrenados en el juego de las pequeñas diferencias podrán comparar ambos posters y notar que el que circula esta semana tiene el disimulado tagline “El juguete volvió…”. Asunto aclarado, entonces: es una secuela. Tampoco. El mono… de 2026 pertenece al noble género de la réplica cinematográfica, ese dedicado arte de lo trucho llamado “mockbuster”. El mockbuster es una copia de bajo presupuesto realizada de apuro para que sea confundida con un blockbuster o, al menos, para capitalizar su campaña promocional y capturar a los espectadores que se hayan quedado con ganas de más y también a algún que otro desprevenido. Evidentemente estamos aquí ante copistas más temerarios o con mejores abogados que de costumbre, porque los mockbusters no tienen exactamente el mismo título que la película que imitan. Seguro que la palabra mágica “volvió” abre las compuertas a todo tipo de paraguas legales. Ahora que ya está claro qué es este film, pasemos a lo importante: por qué no verlo.
El título original de esta película es The Jolly Monkey y es una producción de The Asylum, la compañía que nos dio Sharknado!, una productora con casi tres décadas de historia que perfeccionó la fórmula del cine de bajísimo presupuesto, lanzó decenas de películas y, según sus dueños, nunca perdieron dinero. Sus mockbusters tienen los elementos justos de las originales como para justificar un título o un afiche similares, pero no son completos plagios. Tal vez sería mejor que lo fueran. La película de Perkins es una comedia de horror sobrenatural sobre un mono a cuerda que, al ser activado, provoca la muerte inesperada y muy sangrienta de un personaje secundario, de modo similar a la franquicia Destino Final. Esta, en cambio, es una slasher movie hecha para un público cautivo que disfruta de reencontrar los tropos más frecuentados del género antes que novedad.

Hay un sobreentendido que indica que nada debe ser tomado muy en serio, algo que también es un pase libre para justificar todo tipo de despropósitos que son producto de filmar muy rápido y muy barato. Hay humor pero es mayormente involuntario, producto del laissez faire generalizado. “The Jolly Monkey” es el nombre de un insólito hotel con temática simiesca en el que abundan los monitos mecánicos como los del film original -que no tienen mayor peso en la trama. El hotel es heredado por dos hermanas que se mudan con sus familias a esta práctica unidad de lugar. Mientras se debaten entre repararlo o venderlo, descubren que conviven con un psicótico oculto tras una máscara de mono que empieza a descontar personajes a puñaladas.
Si bien hay algunos momentos de gore logrado, todo lo demás, desde los diálogos a las interpretaciones, tiende a provocar incomodidad. Estas películas tienen dos tipos de espectadores: los fanáticos del terror, el cine bizarro, la clase b, etc, y los entregados al consumo irónico. Todos los demás se van a sentir, con razón, estafados.
