La misión Artemis II de la NASA superó uno de los momentos más críticos: el regreso a la Tierra. El amerizaje se completó con éxito frente a la costa de San Diego este viernes. Sin embargo, una vez conseguido, se realizó un riguroso protocolo de recuperación de la nave y la tripulación con el objetivo de garantizar la salud de los astronautas tras su paso por el espacio profundo.
Luego de impactar en el océano Pacífico, la cápsula Orion fue interceptada por equipos de rescate que trasladaron a la tripulación en helicóptero hacia el buque USS John P. Murtha, donde se inició la primera etapa de evaluación médica.
Apenas salieron de la cápsula, los astronautas fueron asistidos por médicos especializados que monitorearon posibles efectos del regreso a la gravedad. Entre los síntomas más comunes se encuentran mareos, vértigo y dificultades para regular la presión arterial, producto del tiempo prolongado en microgravedad. Para minimizar estos riesgos, los tripulantes utilizaron trajes de compresión diseñados para estabilizar el sistema cardiovascular durante el reingreso.
Según la NASA, los viajes espaciales pueden generar múltiples alteraciones en el organismo. La exposición a radiación, la falta de gravedad y el estrés pueden afectar el sistema inmunológico. Esto puede derivar en una mayor propensión a infecciones, reactivación de virus latentes o incluso reacciones alérgicas.

Además, la microgravedad impacta en todo el cuerpo de distintas formas: los músculos se debilitan, los huesos pierden densidad y los fluidos corporales se redistribuyen hacia la parte superior, lo que puede generar presión en la cabeza y problemas de visión.
Una vez estabilizados, los astronautas comenzaron un proceso de rehabilitación para readaptarse a la gravedad terrestre. Uno de los métodos más llamativos es el llamado “circuito de obstáculos”, una serie de pruebas físicas que incluyen subir escaleras, levantar objetos y recuperar la coordinación motriz. Este entrenamiento no solo apunta a recuperar la movilidad, sino también a preparar a la tripulación para futuras misiones, incluyendo caminatas lunares.
Tras las primeras evaluaciones en el buque, los astronautas fueron trasladados nuevamente en helicóptero hacia tierra firme, donde abordaron un avión con destino al Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston. Allí continuará el seguimiento médico, con estudios más profundos para analizar el impacto del viaje en el organismo.
Además, la tripulación aportará datos clave para futuras investigaciones sobre la salud humana en misiones de larga duración, un aspecto fundamental para los próximos objetivos de exploración espacial.
Investigación AVATAR: uno de los estudios clave de la misión
Dentro de Artemis II, uno de los proyectos científicos más relevantes será AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response), una iniciativa desarrollada en conjunto entre la NASA, agencias gubernamentales y socios de la industria.
El objetivo de esta investigación es profundizar el conocimiento sobre la biología humana en el espacio, así como avanzar en la prevención de enfermedades y en el desarrollo de tratamientos personalizados.
Para ello, se utilizarán dispositivos conocidos como “órganos en un chip”, una tecnología que permite simular el funcionamiento de tejidos humanos en condiciones similares a las del espacio. A través de este sistema, los científicos podrán analizar cómo impactan la radiación y la microgravedad en el organismo.
