Esta columna no fue aprobada por la policía de Milei

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De movida, una aclaración: cuando terminé esta columna me tomé el trabajo de enviarla a la flamante Oficina de Respuesta Oficial (ORO), para que la leyeran antes de su publicación. Lo hice porque su contenido era extremadamente sensible: la creación de esta oficina, una comisaría de medios y periodistas que enviará a la cárcel y al infierno a todos los que propalen informaciones falsas. Recibí de Juan Pablo Carreira, su jefe, una larga respuesta: “Mirá, te soy sincero: no sé qué hacer. Para mí es impublicable, pero no quise cortarme solo y les pedí su opinión a mis tres supervisores, Milei, Adorni y Santiago Caputo. Te voy a copiar lo que me contestaron, con el compromiso tuyo de no decir una palabra. Please, cuidame. Esto me puede costar el puesto, y es alta moneda. Milei: ‘Carlos Inmundo Roberts… Dale el OK: no lo lee nadie’. Adorni: ‘¿Me venís a consultar a mí, que desde hace años soy consumidor de De no creer? Mirá mis redes: todos los sábados la retuiteaba (ahora, imposible). Decidilo vos’. Caputo: “Preguntale a Roberts cuánto cuesta que este sábado no escriba. Que se ponga un precio’. ¿Te das cuenta en el bolonqui que me metí? Uno me dice que sí, otro que no sabe y otro me pide que te corra con un sobre. ¿Qué hago?”. Difícil el laburo de este esforzado comisario. Desconozco cuánta será esa “alta moneda”, pero la tiene bien ganada. Como que me arrepentí de haberlo puesto en problemas. “Juan –lo tranquilicé–, olvidate. Tiro esa columna y hago otra, sobre bueyes perdidos. ¡Abrazo y gracias por la confianza!”. ¿El primer buey extraviado? Juan. Con él empiezo.

La culpa no es del chancho… Lo hablábamos ayer con Marcelo Bonelli y su equipo en radio Mitre: muy jugada la elección de este chico. Si en un momento de iluminación se te pone entre ceja y ceja el noble objetivo de desmentir fakes news y salir al cruce de operaciones, para manejar eso pensás en un tipo riguroso, de prestigio, creíble. Digo, un periodista irreprochable, un académico… No. Eligieron a Juan, al que le venían pagando para que fuera propagandista, agitador, barrabrava de las redes. Un día, al comienzo de este gobierno, posteó: “Nunca trabajé ni quiero trabajar en el Estado”. ¡Fake news, Juan, denunciá al que escribió eso! Me va a decir que antes tiene al menos tres cosas más relevantes para negar, por la difusión que se les dio y las expectativas que crearon: la dolarización, el cierre del Banco Central y la portación libre de armas.

En realidad, no hubo iluminación. Javi, impulsor de esta comisaría, se inspiró seguramente en 6,7,8, gran plataforma gran en la que un panel de periodistas salía a la caza de medios y periodistas. O en el Observatorio de la Desinformación y la Violencia Simbólica en Medios y Plataformas Digitales del profesor Alberto, muchacho poco dotado para gobernar, pero ocurrente con el naming. O en Respuesta Rápida (hasta le replicaron la imagen), dispositivo creado por Trump para desactivar informaciones que lo perturban. En eso lo banco al Pelu: para qué andar inventando algo que ya fue inventado. Si funciona, cópiese. Mi única duda, por lo que pasó con esta columna, es que Juan más esa triple red de supervisión –Milei, Adorni y Caputín– conforman un número par, por lo que puede darse un 2 a 2. La sumaría a Kari para que desempate. Si bien hoy la provisión de materia gris está asegurada con el Presi, el jefe de Gabinete y el principal asesor del Presi –sorry, Juan, vos estás para otra cosa–, cómo no aprovechar el pensamiento lateral de Kari. Con su incorporación tendríamos a la cumbre completa del poder avalando, por ejemplo, que se le ponga un grillete al sacado de Jorge Fernández Díaz, o a Sofía Diamante, la entrañable “Carboncito”. A la inútil Corte de Suprema de tres miembros la compensamos con esta Corte Policial de cuatro. Hágase.

ORO, oro en polvo, te damos la bienvenida. No por otra cosa votamos al León: neutralizada la casta política, hay que ir por los cagatintas. A desenmascarar a los mentirosos, fabuladores y ensobrados, Juancito, a excepción, claro, de los que tienen correo abierto con tu empleador, Caputín. Chequeá bien antes de tirarte al agua. Lo mismo con las operaciones mediáticas, otra destreza de Caputín. ¿Te acordás cuando se reunía con periodistas, el año pasado, y hablaba a calzón quitado de los negocios de Martín y Lule Menem? Mi recomendación: pedile que te pase una lista de intocables. Ahí estoy yo.

Otro consejo, campeón: tu prioridad debe ser cuidar al Presi. Si se larga a vender criptomenedas truchas, al toque le decís: “Javier, con todo respeto, no se meta en esas estafas porque me voy a ver obligado a desmentirlo”. ¿Aparece el escandalete de las coimas en la Andis? Otra vez, línea directa con el Pelu: “Señor, esto parece muy serio. ¿Le parece que diga que 3% no es el porcentaje con el que suele trabajar su hermana?”.

Me distraje con ORO y ni una palabra del barro: lo del Indec. Quizás, mejor. Pensaba insistir con que el Gobierno manipula el índice de inflación. Hubiese sido mi última columna.

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