Son las 9 de la mañana, Eugenia Tobal ya llevó a su hija Ema al colegio y se dispone a hablar con LA NACION. En lo que va del día aún no recibió notificaciones en el chat de mamis (aunque es temprano, los minutos previos a la entrada escolar pueden ser fatales en esta vía de comunicación). Pero a la noche, la espera otro “chat de mamis”, el que comparte con Manuela Pal, Carla Conte, Mica Riera, Karina Hernández, Lionel Arostegui y Berenice Gandullo de miércoles a domingo en el Multitabaris y en el que se transforma en Becky, una mami que en nada se parece a ella y que deja en evidencia su costado de comediante.
La maternidad, la culpa, los mandatos y la escuela son temas excluyentes de la obra y también de la entrevista, ya que la actriz es mamá de Ema de 6 años, a quien deseó y buscó fervientemente y con quien intenta disfrutar cada momento. Además, se refirió a su salida de Masterchef Celebrity y al abrupto final de Escuela de cocina, el ciclo gastronómico de El Nueve que la tuvo como anfitriona a principios de año y que duró solo unas semanas.

—¿Cómo es Becky, tu personaje en El chat de mamis, una comedia en el cole?
—Me gusta, Ezequiel (Corbo) me dio la posibilidad de elegir el personaje, había dos y cuando pensé en Becky fui por ese, porque quiero que se me vea más en la comedia… Siempre hice cosas más dramáticas. Becky es una transformación muy grande, es una mamá que tiene presencia con su hija pero de una manera equivocada, intenta darle lo mejor pero no de la mejor forma. Trato de buscarle aristas donde la pueda defender y tiene un montón de cosas lindas, porque muestra en un momento cierta empatía.
—Y además físicamente es exigido porque hasta cambiás la voz, por ejemplo.
—Sí, es un gran trabajo que tengo que hacer de sostener, porque es un trazo bastante grueso el que hacemos todas y trato de que tenga credibilidad. Ella es una mamá con tiempo, una mamá rosa que lleva una vida más liviana para el afuera, una nueva rica. Se van a divertir porque hay muchas situaciones donde uno se identifica. Hablamos de algo que nos interpela.

—¿Cómo te llevás con el chat de mamis en la vida real?
—Habla de quiénes somos los padres, no de quiénes son los hijos de esos chats. Es un mundo, y sobre los personajes, cada una de nosotras tiene un poco de estos monstruitos mezclados, un mix de varias mamis, y la verdad es que la realidad supera a la ficción. Son espectaculares los chats porque te facilitan un montón de cosas y yo soy tranquila, no miro todo el tiempo qué pasa.
—¿Qué mami sos?
—La mami más grande, la cincuentona, la mami menopáusica. La que menos soy es Becky, lo cual está buenísimo porque me divierte y era el desafío, poder jugar arriba del escenario, me transformo mentalmente.
—Emma está en primer grado, ¿arde el chat?
—Pensé que sería más activo, antes era más colorido, ahora es que la lectura, el cuadernito… Me mareo. Cuando es así voy al subgrupo y pregunto aparte. Emma va a la misma escuela que iba en jardín, que es laica, una comunidad de padres ex alumnos que hicieron una asociación civil, hay una cosa de comunidad.
—¿Tuviste festejo de egresaditos el año pasado?
—No, se hizo un acto como todos los años. Hicieron una remera con los dibujos que hicieron ellos, pero por suerte no más que eso.
—¿Tu nena perfila artista?
—Es muy sociable, hace gimnasia deportiva. La actriz se asoma, en cualquier momento me pedirá algo; le gusta desde mucho antes que a mí. Yo era muy tímida, no me gustaba el maquillaje ni la coquetería y a ella sí, por ejemplo. Yo empecé a estudiar actuación a los 15, en Ramos Mejía, y mi primer trabajo fue a los 20. Pero antes me daba vergüenza participar en los actos.
—¿Cómo se despertó esa pasión a los 15?
—Tuvo que ver con que mi hermano estudiaba en un centro cultural y lo fuimos a ver y me divirtió. Al año siguiente empecé yo y él no quiso saber nada más. Hacía clases con Carlitos Moreno [fallecido en 2014], él fue mi primer maestro.
—Su hijo Rodrigo Moreno es director (Los delincuentes, en 2023, fue la representante argentina en los Oscar), ¿trabajaste con él?
—No. Con Carlos tuvimos una conexión muy linda que me motivó para seguir. Después seguí en Capital con otros docentes, pero él fue el primero que vio algo. “Sos mi polla” me decía. Yo también di clases, pero ahora me tomé un tiempo porque con el teatro se complica, tenés que salir casi todas las noches y te cambia la estructura familiar, con Ema tenemos un vínculo muy estrecho, yo la acuesto y te cambia la logística.
—¿Sentís culpa?
—Trabajé bastante la culpa en mis terapias. Me da cosita porque al principio a Ema le cuesta [cuando ella empieza una nueva obra], pero después trato de enseñarle el apego seguro, que vuelvo, la llevo al teatro para que sepa dónde está mamá. Hablándolo con el psicólogo, uno tiene que vivir y me gusta que ella me vea realizarme y que hago lo que me gusta, que no soy una mamá que se queda en casa frustrada. Es una parte de la enseñanza para que ella cumpla su sueño. Estoy cansada porque me levanto a la mañana para que me vea antes de ir al cole, porque lo necesita, pero hay que manejar la culpa; es lo más sano porque sino se transforma en otra cosa y el cuerpo lo recibe. Mi vieja salía a laburar toda la vida y nos criamos viéndola trabajando de sol a sol, y siempre fue muy presente, luchadora y de ir para el frente
—¿Cómo continúa tu año?
—Sigo en El chat de mamis y siempre estoy en movimiento. Ahora estoy lanzando un proyecto que sale los domingos en mis redes, Me seguís, que es un recorrido por Buenos Aires, yo como turista en mi propia ciudad conociendo los espacios de manera genuina. Por otro lado estoy terminando de desarrollar el unipersonal basado en mi libro, donde hablaré de la maternidad de manera solapada, y alguna ficción dando vueltas. Trato de no hacer 800 mil cosas porque no me da tiempo y no me gusta estar mucho fuera de mi casa, no tengo ganas de perderme cosas que no me tengo que perder. Fui mamá más tarde, la búsqueda fue significativa y ahora tengo a esta cachorra para disfrutar.
—¿Te desilusionó el final del ciclo La cocina de El Nueve?
—Son cosas que pasan, caí en un momento entre la productora y el canal, las cosas se dieron así no por mí… Estoy muy tranquila en ese sentido. Pero pasé un mal trago y la situación desafortunada a la que nos expusieron a mí y a mis compañeros. No lo tomo personal, sé quién soy y cómo me manejo con mis trabajos.
—¿Y las cosas que se dicen en esos momentos te molestan?
—Sí, no me gusta cuando se arma barullo con cosas que no son ciertas y la gente que habla hiere o dice cosas que pueden dañar la imagen, pero yo me mantengo sabiendo quién soy. Es parte del momento que estamos viviendo. La tele está en una búsqueda, no es la tele de hace 25 años que conocí; capaz no encajamos y hay cosas que nos exceden, hay que adaptarse a los cambios más macro. Lo que no está bien y no hay que naturalizar son las desprolijidades, las maneras en las que se dice o no se dice. Soy buena gente y me manejo con franqueza y honestidad. Con el diario del lunes, te digo que fue bueno porque no podría haber hecho el programa y teatro.
—¿Y con MasterChef qué pasó?
—Fue hermoso, más allá de los resultados, el balance fue positivo. Hubo una situación personal bastante triste y tuve que decidir para tomar las riendas de la situación. En un reality, además de tener una funcionalidad y estar muy al palo, me encontré en una encrucijada muy grande. Con el ánimo bastante bajo, pasaba algo en mi casa que me tenía triste y tuve que tomar una decisión. Fue hermoso conocer a todos y hoy tenemos un chat.
—¿Y con los jurados? Se habló de que había mala relación…
—Lo que digan por fuera me excede; yo aclaro, y si me quieren creer, bien. Todos tuvimos alguna situación compleja en estado de nerviosismo y exigencia, que es como se vive ahí adentro, yo estaba vulnerable y sensible y cualquier cosa me podía afectar 10 veces más que hoy.
