Juan Pablo Escobar: una infancia violenta, una sentencia de muerte, las mujeres que “lo salvaron” y su vínculo con Sebastián Ortega

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LILLE, Francia.- En esta ciudad, en un auditorio lleno de gente, agarra la mano de su mujer y la besa. Se seca las lágrimas que se niegan a pasar inadvertidas. Tiene la emoción a flor de piel. Está sentado frente a una pantalla gigante en la première mundial de la serie Dear Killer Nannies: criado por sicarios, de la cual es cocreador, pero no es por eso que está emocionado, no, es porque en esta producción se cuenta su historia, una que marcó para siempre a un país y que convirtió a su padre “en el narcotraficante más peligroso del planeta”. Estuvo más de una vez al borde de la muerte y desde su infancia la violencia formó parte de su apellido. “Es un milagro que yo esté acá con vida para contar esta historia”, dirá luego Sebastián Marroquín, su actual nombre, micrófono en mano, sobre el escenario de Le Nouveau Siècle´s en el festival Series Mania.

“Me tomó mucho tiempo poder decir en voz alta mi nombre es Juan Pablo Escobar. Vivir bajo otra identidad más que una decisión fue un acto de supervivencia. Soy el hijo de Pablo Escobar Gaviria”, con estas palabras arranca la ficción de ocho capítulos que tiene como showrunner, cocreador y coguionista a Sebastián Ortega. Luego de una noche cargada de emociones, ambos se sentaron a hablar con LA NACION sobre esta gran producción realizada por Telemundo Studios, Underground y Tis Studios, que se estrena el 1° de abril en Disney+.

¿Cómo se conocieron Sebastián Ortega y Sebastián Marroquín?

—¿Cómo se conocieron?

Sebastián Ortega: —Nos conocimos a través de un amigo común, el escritor y periodista Rodolfo Palacios. Sebas [Marroquín] tenía ganas de hacer una serie y Rodolfo sintió que nos teníamos que conocer, así que arreglamos un almuerzo que duró hasta las cinco y media de la tarde. Hablamos muchísimo y creo que salí ya de ese primer almuerzo convencido de que teníamos que seguir reuniéndonos y que había que intentar hacer este proyecto.

Sebastián Marroquín: —Yo recuerdo algo muy bonito que me dijo Sebas ahí… Nosotros, obviamente, estábamos buscando a quién le podía interesar [esta historia] y en ese momento estábamos hablando con una compañía norteamericana y Sebas me dice: “Este es un proyecto que tiene que hacerse en América Latina, ojalá que quede acá… Es una historia latinoamericana y debe ser contada con ese espíritu y esa actitud”. Y nunca me olvidé de eso. Pasó un tiempo en que no nos volvimos a encontrar hasta que después la vida nos volvió a juntar y ya estábamos dispuestos a hacerlo y arrancamos. Después nos atravesó la pandemia y muchos problemas…

Sebastián Marroquín y Sebastián Ortega hoy se consideran amigos

—Más allá de la pandemia, ¿hubo alguna dificultad de las que atravesaron que creyeron que era un obstáculo difícil de superar y que el proyecto no se iba a poder concretar?

Ortega: —No, la verdad es que no. Fluyó bastante bien. Utilizamos la pandemia y todas esas horas de encierro para trabajar mucho la parte de la escritura. Y bueno, ahí nos comunicábamos por Zoom. Creo que lo que estuvo bueno fue que ambos decidimos no salir a ofrecer el proyecto hasta no tener bien terminados los libros.

Marroquín: —Hubo mucho tiempo dedicado a escribir, contar las historias y recordar otras. Todo también en algún momento estuvo basado en un cómic que yo estuve trabajando con Pablo Farina [otro de los creadores de la serie] sobre mis nannies. El cómic me sirvió como un vehículo para poder sentir la libertad de contar estas historias, pero con mucha prudencia porque tengo mucho respeto por las víctimas de mi padre y es difícil para mí revelar historias que tienen que ver también con situaciones cómicas que pasaron, extremas y demás, pero que no hacen a la historia de Pablo Escobar como tal, pero sí a la mía personal y que yo sentía que era difícil revelar.

Revivir un doloroso pasado

¿Cómo fue revivir el pasado?

—Juan Pablo Escobar, Sebastián Marroquín, tus nombres. Has dicho en más de una ocasión que tu nombre no te define…

Marroquín: —Sí, es algo que aprendí también. A veces estamos muy aferrados a nuestros apellidos, historias familiares… “Pertenezco a tal familia, vengo de tal país, somos inmigrantes de no sé qué…”. Entonces, veo que los seres humanos nos aferramos a eso y de alguna manera eso define el camino que tenemos que recorrer.

—Claro, qué hubiera pasado en tu caso…

Marroquín: —Sí, imagínate si yo me hubiera tomado esa parte en serio, ¿a qué estaría obligado? ¿A darle continuidad al legado criminal de mi padre? De ninguna manera. Entonces siento que el haberme podido cambiar legalmente la identidad, si bien no es una renuncia ni al amor ni al afecto que siento por mi padre, sí definitivamente es una declaración de independencia de esa historia y de que yo puedo elegir y formar mi propio camino, mi propio destino, independientemente de la historia que haya vivido, de la historia de mi familia, de mi país. Aprendí que lo que nos definen son nuestras acciones, esa es nuestra verdadera identidad, no el apellido que llevamos en el momento que las vivimos.

—Viviste situaciones de niño y de joven, que miles de personas en el mundo no la viven en toda su vida, ¿cómo fue revivir tu historia en todo este proceso?

Marroquín: —La estoy volviendo a vivir ahorita, ¿no? Ayer que estuvimos en la première estuve muy emocionado. La verdad hacía mucho rato que no lloraba, pero es verte en el espejo. Volver a enfrentar tu pasado, tus vivencias, tus traumas, tus dolores, tus situaciones que no te atreviste a revelar.

El actor Julián Zuluaga (que se pone en la piel de una de las

—¿Por ejemplo?

Marroquín: —Yo recuerdo cuando Sebas nos invita a ver los primeros cortes de los capítulos y demás, y fui con mi esposa. Terminamos y ella me dice: “No puede ser, esto no pasó”, por una de las escenas y tal, y yo le dije: “Sí, mi amor, sí pasó”. Y llevamos 30 años juntos, pero nunca me había atrevido a contarle, pero sí pasó. Es decir que realmente hay muchos secretos y vivencias que se revelan en la serie y que ni siquiera mi propia familia sabía de lo que yo había atravesado.

—La serie muestra a dos mujeres muy fuertes e importantes en tu vida: tu madre y tu mujer. ¿Es por ellas que pudiste decir “hasta acá, esto no es lo que quiero” en un momento clave de tu vida, que es cuando muere tu padre y vos solo tenías 16 años?

Marroquín: —Absolutamente, yo creo que el resultado de mi vida hubiera sido totalmente diferente si al momento de la muerte de mi padre hubiese quedado rodeado de hombres. Sin duda que otra habría sido la historia, el destino mío. El haber quedado rodeado de mujeres, de mi hermana también, fue el eje fundamental para que yo me mantuviera tranquilo. Nunca eran personas que me incitaran a continuar con el legado de violencia de mi padre. Al contrario, siempre fueron llevándome por el buen camino. Yo también tenía esa intención, pero de alguna manera si tienes alrededor a personas que te empujan y que te aplauden y que te llevan hacia el camino equivocado, terminas pensando que estás en el camino correcto.

Basada en hechos reales

En esta ficción se puede ver además material inédito de Pablo Escobar, videos y fotos familiares que “milagrosamente” se salvaron de ser destruidos durante todos los episodios de violencia que vivieron y de todas las mudanzas que hicieron desde que Escobar empezó a ser buscado no solo por la Justicia, sino también por sus enemigos.

—Sebastián Ortega, ¿cómo fue para vos contar esta historia, una que está basada en hechos reales? ¿Sentiste alguna vez miedo de no ser fiel a su relato o al mensaje que él quiere transmitir sobre su padre o de no cumplir las expectativas?

Ortega: —Sí, siempre, me pasa con todos los proyectos, ya sean basados en historias reales o no, la responsabilidad es muy grande. Y en este caso particular, creo que era más grande todavía porque se estaba tocando un tema muy delicado que afectó a cientos de miles de personas, por no decir millones, y que involucraba además a un menor de edad. Entonces, creo que en ese sentido, sentimos todos una gran responsabilidad de contar las cosas con el cuidado y el respeto que merecía la historia, ¿no? Y siempre apoyados en realidad y en la verdad de lo que tuvo que atravesar él a una edad muy temprana, haciéndose cargo de un legado que le dejó dos opciones: continuar o tomar el camino opuesto que, gracias a Dios, es el que supo tomar Sebas y hacer de su vida lo que pudo hacer: formar una familia, estudiar, recibirse y hoy dar charlas por el mundo predicando la paz. Y además usando sus vivencias con su padre para mostrar que ese es el camino equivocado.

Las mujeres que lo «salvaron»

—Hay una escena en la serie que muestra que vos tras la muerte de tu padre, en principio, amenazás con vengarte, pero después de unos minutos y, tras una charla con tu novia -hoy tu mujer-, cambiás de parecer. En la vida real, ¿qué fue lo que te decidió decir esta guerra no es mía y voy a poner un freno?

Marroquín: —Tardé 10 minutos desde que me llama una periodista a insistirme “qué voy a hacer”, “qué voy a decir”, “cómo voy a reaccionar”. Después de diez veces que le dije “no quiero hablar”, logró el resultado de lo que quería que yo respondiera y dije: “Yo solo los voy a matar a todos”. Y me puse a reflexionar después de que colgamos, diez minutos después, de cómo iba yo a llevar a cabo todas esas amenazas, qué acciones iba a tener que emprender…

—El camino de tu padre…

Marroquín: —Sí, rápidamente empecé a darme cuenta de todas las veces que yo le recriminaba a mi padre por todas esas acciones de violencia. Y ahí me di cuenta: “¿Qué estoy haciendo? Ahora estoy a punto de dar los mismos pasos, de irme en la misma dirección… Este es el único momento de mi vida en el que yo tengo la libertad de elegir hacia dónde quiero ir. Y tengo un camino desconocido, que es el camino de la paz. El camino de la violencia, de la guerra, de la destrucción, ya lo conozco, lo viví, mi padre fue un triste ejemplo, considerado el Da Vinci del crimen”. Tenía el peor y el mejor ejemplo de la criminalidad…

—¿Entonces…?

Marroquín: —Entonces, dije: “De ninguna manera me voy a atrever a seguir por ese lado”. Y ahí fue cuando yo tomé la iniciativa de llamar a los medios y decir: “Hasta aquí llego y mis amenazas… Me arrepiento, fue un momento de intenso dolor, desafortunado, pero yo voy a hacer la paz”. Pero todo eso también tiene que ver con la reacción de mi esposa, de mi madre y de mi hermana, cómo que me miraban y decían: “¿Ahora vamos a darle continuidad a esto? ¿Ahora yo iba a seguir al mando? Y qué bueno que tomé esa decisión. Creo que ha sido la decisión más importante de mi vida, pero no fue solo esa decisión aquella vez, esa decisión la tomo a diario, es levantarme y mantenerme en ese camino, y no darle continuidad a ese legado criminal.

Una historia que dejó muchas heridas

De izquiera a derecha: Juanita Molina, Janer Villarreal, Sebastián Marroquín y Sebastián Ortega durante la charla con el público en Francia

En Lille, tras la proyección de tres capítulos de la serie en pantalla grande, se abrió un espacio de preguntas y respuesta para Marroquín, Ortega y los actores Janer Villarreal [quien interpreta a Juan Pablo Escobar de joven] y Juanita Molina, quien hace de una de las nannies-sicarias del grupo que lo cuidaba de niño. Y una de las preguntas que más se destacó fue cómo se iba a tomar en Colombia esta serie, que vuelve a poner a Pablo Escobar en primer plano, con lo que significa los prejuicios que genera para el resto de los colombianos.

Pero para Marroquín la respuesta es clara, su mensaje nada tiene que ver con las otras producciones: “Creo que hay una diferencia enorme de este proyecto con el resto… Los otros se han dedicado a glorificar a mi padre como criminal, a crear una nueva generación de jóvenes pensando que el camino del éxito se obtiene a través de la criminalidad, pero doy mi palabra que ningún joven y ninguna persona que vea todos los capítulos de esta serie va a quedar con ganas de repetir la historia de mi papá”.

Y luego remarcó: “Yo entiendo la estigmatización de Colombia por las acciones de mi padre, pero un pueblo que no está dispuesto a reconocer su historia, está condenado a repetirla”. En tanto, Ortega durante el ida y vuelta de preguntas señaló: “A diferencia de otras historias que se hicieron sobre la vida de Pablo Escobar, esta está contada desde la perspectiva de un niño que se da cuenta a muy temprana edad quién era su padre”.

Ese niño del que habla Ortega estuvo cuidado por más de 50 sicarios a lo largo de los años, pero con propósitos narrativos ese extenso grupo en la serie quedó representado por un puñado de ellos. “Yo me crie con sicarios, los peores criminales de mi país, pero también fueron mis mejores amigos, todos dieron la vida por mí”, contó Marroquín.

Un legado diferente

En una escena de la serie Dear Killer Nannies, Juan Pablo de pequeño (interpretado por el actor Miguel Tamayo) junto a su padre (que en esta producción es realizado por John Leguizamo)

—Tenés un hijo, que es chico todavía, ¿qué le contaste de tu historia y qué le dijiste de su abuelo?

Marroquín: —Sí, a mi hijo no le he ocultado absolutamente nada. De hecho, desde que empezó a hablar, desde que yo sabía que nos podíamos comunicar, desde ese momento, yo no le oculté nada acerca de la historia de su abuelo y me he encargado de llevarlo a Medellín a mostrarle el Museo del Horror, donde están las fotos de los crímenes más atroces que ha cometido mi padre. Con mucho dolor, pero lo he hecho con toda la conciencia para que él sepa las consecuencias de convertirse en Pablo Escobar. Y le he mostrado toda la historia de mi padre sin medias tintas. Si pudieras hablar con él y le preguntas quién era tu abuelo, lo primero que te va a decir es: “Mi abuelo era un criminal”.

Fuerte…

—Sí, tiene perfectamente claro lo que hizo, el daño que causó a la sociedad y está más consciente que cualquiera de nosotros de que es una historia para no repetir. Es mi gran desafío como papá, educar a un hijo siendo nieto de Pablo Escobar.

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