La “China” Suárez y Verónica Llinás: las escenas de violencia para En el barro y el trabajo que compartieron hace 20 años

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María Eugenia “China” Suárez y Verónica Llinás son dos de las protagonistas de la segunda temporada de En el barro, que puede verse en Netflix a partir de este viernes 13 de febrero. En la serie creada por Sebastián Ortega interpretan a dos presas que tienen una relación violenta de sometimiento, pero en la vida real las actrices tienen muy buen vínculo. En diálogo con LA NACION, contaron que se conocieron hace veinte años trabajando en una comedia con Carlos Calvo, y que reencontrarse ahora fue una gran alegría. Además, dan detalles de cómo construyeron sus personajes y cómo grabaron las escenas de sexo y violencia. La China también explicó cómo se blinda para que los continuos rumores mediáticos no la afecten.

-¿Qué pensaron cuando las convocaron para esta segunda temporada?

María Eugenia “China” Suárez: -Yo acababa de terminar de grabar La hija del fuego. En realidad, iba a hacer la primera temporada de En el barro y no me daban los tiempos, entonces me sumé a la segunda. Había visto El marginal y pensaba: “Por favor, algún día quiero hacer este proyecto”. Y me llegó… Los nuevos personajes entramos a un grupo que ya estaba tan consolidado, que parecía que iban por la temporada 10.

Verónica Llinás: -Yo trabajé muchas veces con Pablo Cullel y con Sebastián Ortega, y creo que mi personaje iba a hacerlo otra actriz, que a último momento no pudo y me llamaron. De alguna manera, me tienen a mano porque me conocen y saben que les voy a rendir. Y también les dije que me gusta que me convoquen para otra cosa que no sea comedia. No me quiero encerrar en la comedia, aunque se me relaciona más con ese género. Entonces, así como me llamaron para El marginal, también pensaron en mí para En el barro. Igual, siempre se las arreglan y me matan, para que no haga otra temporada porque me quieren para la comedia (risas). Cuando me dijeron que tenía que interpretar a un monstruo, me encantó.

C.S.: -El primer día que Verónica entró al set caracterizada con sus chanclas, con la camisa abierta, arrastrando los pies y con los pelos parados, casi no la reconocimos. Fue impactante. Y en un momento, dije: “Yo la conozco, trabajamos juntas cuando tenía 14 años”.

-¿Ya habían trabajado juntas, entonces?

C.S.: -Sí, en una comedia con Carlín Calvo, en Canal 9. Se llamaba Amo de casa. Pero Verónica tenía otra imagen, claro. En ese momento era una especie de tía y, de repente, ahora la veía completamente distinta. Es brillante. Cuando me dijeron que iba a tener tantas escenas con Verónica yo estaba fascinada y me quedé supertranquila.

V.LL.: -En cambio, cuando me dijeron que iba a trabajar con ella, me dije: “Pobre China”. Porque con la belleza que es, iba a tener que estar con el monstruo al que interpreto. Pero a la vez, me parecía fascinante… Un personaje tan lindo con otro tan feo, y que la tenga sometida. Era una cosa muy tremenda. La verdad es que me encantó laburar con ella, aunque tenía un poco de miedo.

-¿Por qué tenías miedo?

V.LL.: -Porque la tenía que agarrar y hacerle cosas horribles.

C.S.: -Yo le dije: “Haceme lo que quieras”. Yo confío. Estaba superentregada.

V.LL.: -Y después, casi al final, hay una escena tremenda, que no vamos a spoilear. Pero, por suerte, pinta el humor, porque si no, nadie se la banca. Si no ponés humor es imposible hacer lo que hicimos. Es mucha energía negativa, y había que reírse.

Verónica Llinás como Rosamel Casares en una escena de la segunda temporada de En el barro

C.S.: -Sí, pero era todo muy genuino. Y con un equipo muy grande de personas que funcionamos muy bien. Es difícil llevarte bien con todos, que haya buena onda, y la verdad que todas pusimos lo mejor para el proyecto. Todas estábamos muy enfocadas y fuimos muy compañeras, y creo que eso se nota. Estábamos pendientes de que la otra brillara.

V.LL.: -Hubo mucha entrega. La China en un momento tenía que estar atada, tirada en un piso frío, todo horrible, y podría haberse hecho la estrella, pero se lo bancó como una diosa. Tengo que decir también que yo me veo y me doy vergüenza y miedo. Pero no vergüenza por la serie, sino por la brutalidad y la fealdad. Confié mucho en mis compañeras porque mi personaje rozaba un límite todo el tiempo y yo necesitaba la contención, que me dijeran que era por ahí.

-Cuando se apagaban las cámaras, ¿cómo se llevaban?

C.S.: -Nos reíamos mucho. Tuvimos varias escenas con Lola Berthet, que es muy graciosa. Era un ambiente tan hostil como cualquier cárcel, porque si bien era una antigua fábrica, los paredones altos eran de verdad, y las rejas y la energía, también. Cuando hacía frío, hacía mucho frío. Y cuando hacía calor, no lo aguantabas. Creo que ese contexto ayudó, porque no estábamos cómodas físicamente y había una realidad que estuvo buenísima.

V.LL.: -Sin esa buena onda y ese compañerismo de todo el equipo hubiera sido imposible.

Un set muy cuidado

-Compartieron muchas escenas de sexo y violencia, ¿cómo se pusieron de acuerdo y cómo fue filmarlas?

V.LL.: -Netflix cuida mucho todo lo que tenga que ver con sexo y con violencia. Hay una coordinadora de intimidad, Tati (Rojas), con la que conversamos mucho. Ella habla con cada una para saber qué querés y qué podés hacer y qué no, y qué limites necesitás. Y hay también un equipo que te entrena para que no pegues de verdad, pero que sea creíble. Cuando le pego con el cinturón, que parece que la estoy matando, en realidad ella no siente nada. Yo soy medio bruta y, en el afán de actuar, podía pasarme; entonces le pedía perdón.

C.S.: -Igual estaba todo bien. En ese momento no podés estar quejándote. Y si te tiran un poco más del pelo, no pasa nada. Hay comunicación y confianza.

Verónica Llinás reconoce que es altamente autocrítica con sus trabajos

-Cuando ven la serie, ¿son autocríticas?

C.S.: -Me pareció tremenda. Es un orgullo que se pueda hacer una serie así en la Argentina y que se pueda mostrar en más de 190 países. Y esa producción, que para mí es un placer…

V.LL.: -Sí, está muy buena. Yo igual necesito verla de nuevo, porque soy tan maniática que, primero, me impacta mi imagen y no la puedo tolerar. Veo que todo el mundo está divino y yo soy un asco. Me pasan un montón de cosas que hacen que mi visión sobre la serie no pueda ser objetiva. Estoy todo el tiempo criticándome. Pero después, cuando ya sale al aire y recibo ciertas reafirmaciones, me tranquilizo y la puedo volver a ver. Ahí es donde verdaderamente la disfruto.

C.S.: -Yo al principio no me podía ver. Me costaba muchísimo. Lo mismo me pasó con La hija del fuego, hasta que me llamó Adrián (Suar) y me dijo: “Tenés que darle rosca, no le tengas miedo”. Porque entré con miedo. Llegué con un registro muy distinto, pero me gustó mucho el resultado.

-¿En quiénes se inspiraron para construir esos personajes?

C.S.: -Mi personaje es una chica nueva en la cárcel y está muy perdida, por lo tanto, no requería una investigación previa ni tenía que estar familiarizada con ese espacio. Había algo de eso que yo quería remarcar porque es lo que me pasó en la vida real. La primera vez que entré a esos decorados quedé impactada, porque era como estar realmente en una cárcel. Ya entrando al lugar, entrás también en el personaje. Y a eso se le suman las compañeras, las tribus que había. Fue muy fácil la construcción desde ese lugar, y siempre digo que apoyarme en mis compañeros me salva. El trabajo es colectivo. Estar rodeada de colegas tan talentosos que se obligan a subir el nivel, es buenísimo. Tengo que estar a la altura.

V.LL.: -Para interpretar a la Gringa Casares lo que hacía, por ejemplo para moverme, era imaginarme que tenía huevos. Entonces, todos los movimientos eran tratando de sentir eso. Y después, apelar a aspectos míos que, a lo largo de mi vida, he tenido que controlar, porque soy una persona muy furiosa. De hecho, mis compañeras de las Gambas al Ajillo me decían el Yeti. De pronto soy muy vehemente y furiosa. Y me doy cuenta de que puedo infundir miedo. Y acá busqué al Yeti que tenía adentro, que estaba ahí, aplacado… Y decidí, además, que este personaje no iba a ser una mala maquiavélica a la que no le pasa nada… Decidí que iba a padecer su propia maldad. Cuando le pega al personaje de la China, no le pega gratis. Sufre. Lo padece. Lo mismo con la hija, que la quiere pero de una manera brutal.

-Contaron que ya se conocían, ¿qué recuerdan de ese momento?

V.LL.: -Ella era una nena. Me había comprado una cámara mini DVD que parecía una cámara de fotos y grabé muchísimas horas… Teníamos charlas de preparación larguísimas y estábamos todos aburridos… Se la ve a Luciana Salazar sentada, tirando serpentinas… Tengo escenas espectaculares grabadas…. Yo era una especie de vecina que la cuidaba a ella y a Franco (Rau), que tenía ocho años. Y un día decidí irme de la tira. Cuando ellos se enteraron, me pidieron que me quedara… Ella era más grande, pero el nene era chiquitito y andaba solo, nadie le daba bola y yo estaba con ellos. Me partió el corazón.

C.S.: -Cuando sos chiquita te acordás perfectamente de quién te dio bola y quién te trató bien. Hay gente que no tiene onda con los chicos. Y nosotros la amábamos a Verónica.

Planes

-¿Cómo sigue su año?

V.LL.: -El 5 de marzo volvemos con Una Navidad de mierda al Teatro Premier. Y en abril voy a filmar una película de Santiago Mitre, con Peter Lanzani. Trata sobre la infiltración de un grupo de tareas dentro de las Madres de Plaza de Mayo.

C.S.: -Yo ahora estoy tranquila. Estoy viviendo en Turquía, así que voy y vengo con los niños y todo. Desde que tengo 10 años, es la primera vez que me tomo un descanso y me está gustando. Bajé mil revoluciones, la verdad…

Camila Peralta como Solita y la China Suárez como Sofía en una escena de la segunda temporada de En el barro

-China, ¿hay algún secreto para que no te afecten los continuos ataques mediáticos?

C.S.: -Yo tengo muy claro cuál es mi vida real y quiénes forman parte de ella. Soy una persona bastante solitaria, tengo pocos amigos, cada vez menos. Soy supercerrada; muero y mato por mis hijos, que me aman con locura y tengo el foco puesto en eso. A mí, la gente que habla boludeces o que se mete en mi vida o me señala, me tienen sin cuidado. Tengo muy bien ubicados dónde tienen que estar. Fue un trabajo de años. Para mí no existen. Y sí, peco de soberbia… Me lo dicen todo el tiempo. Soy recontra soberbia con eso, pero es una realidad.

V.LL.: -También es una manera de protección.

C.S.: -Sí, y es algo con lo que lidio desde que soy muy chica. Siempre se me han juzgado. Si era chica y tenía novio, porque tenía novio… Si estaba en Casi ángeles, me habían elegido porque era rubia. Conviví con eso a lo largo de toda mi vida y, si no es una cosa, es otra. Me blindó mucho la maternidad. Muchísimo. Puse el foco ahí, en donde tiene que estar. Me muero por mis hijos y, mientras ellos tengan salud, todo lo demás es ruido, cosas del ego. A mí me importan mis hijos… El resto, que se maten.

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