Este 21 de enero Netflix sumó a su catálogo un nuevo documental que ya genera impacto y conmoción: Kidnapped: Elizabeth Smart, una producción que reconstruye uno de los casos de secuestro más estremecedores de los Estados Unidos. A más de veinte años del hecho que sacudió a la opinión pública, esta producción vuelve sobre la historia de Elizabeth Smart, quien fue raptada en 2002 cuando tenía apenas 14 años, y expone con crudeza los nueve meses de cautiverio que atravesó, marcados por abusos, amenazas permanentes y un control extremo ejercido por su captor.
Elizabeth Ann Smart nació el 3 de noviembre de 1987 en Salt Lake City, en los Estados Unidos, y creció en una familia profundamente religiosa, integrada por sus padres y seis hermanos. Asistía al colegio Bryant Middle School y se destacaba como una estudiante aplicada, además de ser reconocida por su carácter alegre y su talento con el arpa. Sin embargo, meses antes de que su vida cambiara para siempre, un encuentro aparentemente inofensivo marcaría el inicio de una tragedia: durante el otoño de 2001, Lois, la mamá de Elizabeth, conoció en el centro de la ciudad a un hombre que pedía limosna en la calle y se hacía llamar Emmanuel. Movida por la solidaridad, conversó con él y terminó ofreciéndole un trabajo para arreglar el techo de su casa, tarea que realizó durante varios días.
La noche del 5 de junio de 2002, tras una jornada habitual, la familia se fue a dormir con normalidad. En ese entonces, Elizabeth tenía 14 años y compartía habitación con su hermana menor, Mary Katherine, de 9, y ambas se acostaron luego de leer y conversar. Sin embargo, pasada la madrugada, Elizabeth despertó sobresaltada al sentir una presión en su cuello: frente a ella había un hombre vestido de negro, con barba y un cuchillo, que la obligó a levantarse y salir de la habitación. Mary Katherine, paralizada por el miedo, se ocultó debajo de la cobija, fingió dormir y solo horas después se animó a salir de su escondite para avisar a sus padres.
Cuando la familia advirtió que Elizabeth no estaba, comenzó una búsqueda desesperada dentro de la casa que pronto reveló una señal inquietante: el mosquitero de una ventana estaba rasgado. De madrugada, se realizó el llamado al 911 y la noticia se difundió de inmediato en medios locales y resonó rápidamente a nivel nacional. El caso generó un impacto enorme, no solo por tratarse de una menor, sino porque había sido sustraída de su propio dormitorio, un espacio considerado seguro. En consecuencia, se desplegó un operativo masivo que incluyó a la policía local, al FBI y a cientos de voluntarios, mientras la familia ofrecía una recompensa millonaria para dar con su paradero.

Con el paso de las horas, y aun sin poder hablarlo abiertamente, Elizabeth comenzó a comprender quién estaba detrás de su secuestro. Se trataba del mismo hombre que meses atrás había conocido su madre y que había trabajado en su casa bajo el nombre de Emmanuel. Ese hombre -cuyo verdadero nombre era Brian David Mitchell- fue quien la mantendría cautiva durante nueve meses, lo que dio inicio a uno de los casos criminales más conmocionantes de la historia reciente de los Estados Unidos.
El cautiverio: violencia, control y amenazas
Tras ser sacada de su casa, Elizabeth fue obligada a caminar cuesta arriba hasta llegar a un campamento precario en medio del bosque. Allí conoció a Wanda Barzee, la esposa del hombre. Con el paso de las horas, comenzó la pesadilla: Mitchell se autoproclamaba predicador y decía recibir mensajes divinos. Esa misma mañana, en una ceremonia encabezada por Wanda, obligaron a Elizabeth a “casarse” con su captor.
Durante meses, Elizabeth fue sometida a abusos reiterados, amenazas constantes y condiciones de vida inhumanas. En ocasiones la encadenaban a un árbol; otras veces la encerraban en huecos en el suelo y le daban restos de comida. También era obligada a consumir alcohol y a mirar pornografía de forma cotidiana.
“Estaba en shock. Pensé que no podía estar hablando en serio. No se puede secuestrar a una niña y decirle que ahora es tu esposa”, expresó Smart en una entrevista con la revista People años después de su encierro. Asimismo, aseguró que el terror era su principal herramienta de control: Mitchell le repetía que si intentaba escapar o pedir ayuda, la mataría.

Mientras tanto, su familia vivía una angustia permanente. La investigación se volvió un caso nacional y se revisaron miles de pistas. Hubo sospechosos detenidos, interrogatorios a personas del entorno y una enorme presión mediática. Incluso el caso llegó hasta el entonces presidente George W. Bush, lo que impulsó la creación y fortalecimiento de sistemas de alerta para menores desaparecidos. Sin embargo, durante meses no hubo avances concretos y el dolor se profundizaba.
La clave llegó por televisión
Tiempo después de su secuestro, la hermana de Elizabeth, que se hizo la dormida cuando todo ocurrió, vio una imagen que le hizo recordar al hombre que irrumpió en su casa y, a partir de su testimonio, se hizo un identikit.
El giro decisivo llegó gracias a la exposición mediática. Tras la emisión del caso en el programa America’s Most Wanted, varias personas identificaron al hombre gracias al identikit: se trataba de Brian David Mitchell. A partir de allí, todo el país conocía su rostro. Paradójicamente, fue Elizabeth quien logró convencer a sus captores de regresar a Utah, al argumentar que “Dios quería que volvieran”. Ya de regreso, dos parejas los reconocieron gracias a la televisión y llamaron al 911. El 12 de marzo de 2003, a plena luz del día y a pocos metros de una comisaría, la Policía intervino y confirmó que la joven rescatada era Elizabeth Smart.

Tras un extenso proceso judicial, en 2010 Mitchell recibió una condena a prisión perpetua. Su esposa, Wanda Barzee, también fue hallada culpable por su rol en el caso y, aunque obtuvo la libertad en 2018, volvió a quedar bajo la lupa de la Justicia años más tarde: en mayo de 2025 fue nuevamente detenida por incumplir las condiciones de su registro como delincuente sexual.
El presente de Elizabeth Smart

Hoy, Elizabeth Smart tiene 38 años, está casada y es madre de tres hijos. Con el paso del tiempo logró transformar el dolor en una causa: escribió varios libros, creó la Elizabeth Smart Foundation y se consolidó como una de las voces más influyentes en la defensa de las víctimas de abuso sexual.

Justamente, Kidnapped: Elizabeth Smart no solo reconstruye uno de los casos más impactantes de secuestro de las últimas décadas, sino que también ofrece una mirada profunda y humana sobre las consecuencias que deja la violencia. A través de su propio testimonio, el documental invita a reflexionar sobre la importancia de escuchar, creer y acompañar a las víctimas, y transforma una historia marcada por el horror en un mensaje potente de conciencia, memoria y esperanza.