Después de pasar unos días en Punta del Este, la argentina Delfina Morbelli (30) regresó a Manhattan, donde vive hace cuatro años. La modelo, quien dio sus primeros pasos de la mano de Pancho Dotto, construyó su carrera entre Buenos Aires, Londres, Japón, Los Ángeles y Nueva York. Con el título de arquitecta y sueños pendientes vinculados al diseño de interiores, Delfina dice estar lista para todo lo que le espera en este 2026.

“Un ritual que siempre repito es el de comer las doce uvas para recibir el año, dicen que atrae buena suerte y prosperidad. Eso viene de mi infancia y de haber crecido en España, así que es algo muy mío y que me gusta mantener donde esté. Este año también hice un nuevo ritual: escribir en un papel lo que quería dejar atrás y lo que me gustaría trabajar o mejorar en 2026. Me gusta empezar el año con esa intención, como una forma de ordenar ideas y emociones”, revela.
–¿Cómo es tu vida en la Gran Manzana?
–Nueva York es una ciudad increíble. Siento que me da muchísimas oportunidades y, sobre todo, mucha libertad y espacio para la expresión. Y el trabajo, por otro lado, me encanta. Tuve la suerte de ser con – vocada por marcas increíbles como Cartier, Double Ralph Lauren, Revlon, Clinique, David Yurman y J.Crew, entre otras. Hago base en Nueva York y trabajo entre Los Ángeles y Londres. Después, en mis días libres, trato de sostener una rutina más simple:voy a pilates, me junto con amigos… Vivo cerca del Central Park y siempre que puedo aprovecho para dar un paseo por ahí.

–¿Qué enseñanzas te dejan los viajes?
–Creo que siempre aprendo algo nuevo, sobre el mundo, pero también sobre mí. Con el tiempo entendí que, más allá del lugar, la gente con la que estás es lo que realmente lo vuelve especial. A los cuatro años me mudé a España con mi familia y crecí entre Ibiza y Barcelona. Después volví a Buenos Aires para terminar el colegio y empezar la facultad… En algún punto creo que siempre sentí que tenía un pie en Buenos Aires y otro en el resto del mundo.
–¿Estás en pareja?
–Sí, desde hace 12 años… y este año nos casamos: estamos muy contentos. Somos muy compañeros y siempre nos apoyamos en los sueños que tenemos cada uno. Él es argentino y es mi gran sostén, es todo lo que te voy a decir. Mi vínculo con él prefiero dejarlo en privado.

–Contame de tus comienzos como modelo…
–Empecé cuando tenía 17. Pancho [Dotto] está desde el inicio de mi carrera. Aprendí mucho de esa etapa, y si bien estoy trabajando en el exterior, él sigue siendo un referente. Cuando terminé de estudiar Arquitectura, me fui a trabajar a Europa y a Japón. Viví un par de años en Londres y después en Nueva York, donde mi carrera empezó a tomar otro empuje. Ya hace casi siete años que estoy afuera.

–Recién contaste que Pancho fue un gran referente en tus primeros pasos. ¿Qué recordás de aquellos años?
–Yo aprendí muchísimo con Pancho, a entender la industria, a cómo ir a un evento, a cómo presentarme. Pensá que cuando empecé todavía iba al colegio, así que él me apoyó para que pudiera hacer las dos cosas. Arreglaba los horarios para que no perdiera las clases y lo mismo hizo cuando empecé la facultad. Pude hacer ambas cosas porque él siempre fue muy “supportive”. Y eso no lo hace todo el mundo.
–¿En qué momento de tu carrera sentiste que te habías consagrado como modelo?
–Es difícil señalar un momento puntual. Siento que esas cosas se van dando de a poco. El año pasado fue muy especial para mí, porque algunas de las campañas se instalaron en los aeropuertos y en las calles de Nueva York, Londres y Madrid. Me acuerdo de la campaña de Clinique, yo justo estaba en el Aeropuerto de Heathrow y pasé por el freeshop. Y de golpe veo la foto de campaña. “Pará, soy yo”, me dije. Fue muy gracioso y emotivo al mismo tiempo. Llamé a mi familia y les mandé videos.

–¿Cómo es tu vínculo con la moda?
–La moda ocupa un lugar muy importante en mi día a día, pero siempre desde un lugar simple. Me gusta invertir en buenos statement pieces, priorizar la calidad por sobre la cantidad y tener poco pero bien elegido. Nueva York, en ese sentido, me dio muchísima libertad: es una ciudad donde realmente podés vestirte como quieras sin sentirte juzgada. Y eso, en algún punto, me permitió animarme a expresarme con naturalidad. En lo cotidiano no necesito mucho: un buen jean, unos loafers, una buena cartera, un pañuelo de seda y una campera de cuero son mis básicos infaltables. Los accesorios suman muchísimo a mi look… Cada vez presto más atención a los detalles: me encanta una linda cadenita o anillos que tengan significado. Siento que dicen mucho de la personalidad sin necesidad de gritar.

–¿Por qué estudiaste Arquitectura?
–Lo que siempre me atrajo de la arquitectura es la manera en que los espacios generan sensaciones y emociones. Me interesa mucho el estudio de las proporciones y cómo un espacio bien pensado puede influir en cómo nos sentimos. En mi tiempo libre dibujo mucho, es una práctica muy personal y está muy ligada a esa mirada: una arquitectura libre, cambiante, que evoluciona y no se queda quieta… Un poco como mi vida, en la que me gusta moverme de un lugar a otro constantemente.
–¿Cómo te imaginás en un futuro?
–Me imagino volviendo a Buenos Aires en algún momento, con una vida más tranquila y más tiempo para la familia. Me encantaría en un futuro hacer algo relacionado con la joyería o el diseño de interiores, pero todavía no lo tengo muy en claro. Soy inquieta, así que seguramente siga explorando y viendo hacia dónde me lleva la vida.
