Las reuniones secretas que llevaron a Trump a atacar Irán y el único opositor interno

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WASHINGTON.– En las dos semanas y media previas a que Estados Unidos iniciara una gran campaña militar contra Irán, un pequeño círculo de asesores se reunió en la Sala de Situación de la Casa Blanca para una serie de encuentros decisivos. Detalles hasta ahora no revelados de ese período, extraídos de la investigación para un próximo libro, Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump, muestran cómo la alineación del presidente Trump con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y la falta de una oposición sostenida —salvo por un miembro del círculo íntimo del presidente— llevaron a Estados Unidos por el camino hacia la guerra.

Aquí, seis conclusiones de ese informe:

1. Netanyahu presentó un argumento detallado a favor de la guerra ante Trump y su equipo en la Sala de Situación

Sentado frente a Trump —en un espacio que rara vez se utiliza para reuniones presenciales con líderes extranjeros—, Netanyahu realizó el 11 de febrero una presentación de una hora ante el presidente y sus principales asesores. Argumentó que Irán estaba maduro para un cambio de régimen y que una campaña conjunta entre Estados Unidos e Israel podría derribar a la república islámica. En un momento, mostró un video que incluía un montaje de figuras que podrían liderar Irán si caía el gobierno teocrático. Entre ellas figuraba Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último shah de Irán.

El líder israelí y sus asesores describieron lo que presentaron como una victoria casi segura: el programa de misiles de Irán destruido en semanas, el estrecho de Ormuz mantenido abierto y una represalia mínima contra intereses estadounidenses. El Mossad, la agencia de inteligencia israelí, podría ayudar a fomentar un levantamiento interno en Irán para completar la tarea. La respuesta de Trump fue rápida y, para la mayoría en la sala, pareció de aprobación: “Suena bien”, le dijo al primer ministro.

Netanyahu y Trump se reunieron en la Casa Blanca y allí el premier israelí presentó su plan

2. Funcionarios de inteligencia de Estados Unidos calificaron los escenarios de cambio de régimen de Netanyahu como “fantasiosos”.

Analistas estadounidenses trabajaron contrarreloj para evaluar lo presentado por Netanyahu. Sus conclusiones, expuestas al día siguiente en otra reunión en la Sala de Situación, fueron tajantes.

Los dos primeros objetivos planteadosmatar al ayatollah y debilitar la capacidad de Irán para amenazar a sus vecinos— eran alcanzables, concluyeron los servicios de inteligencia. Pero los otros dos —un levantamiento popular dentro de Irán y la sustitución del gobierno islámico por un nuevo líder secularno lo eran. El director de la CIA, John Ratcliffe, utilizó una sola palabra para describir esos escenarios: “fantasiosos”. El secretario de Estado, Marco Rubio, lo tradujo así: “En otras palabras, es una tontería”.

Trump asimiló la evaluación —y la dejó de lado—. El cambio de régimen, dijo, sería “problema de ellos”. Su interés en eliminar a los principales líderes iraníes y desmantelar su aparato militar no disminuyó.

El vicepresidente estadounidense fue el primero en oponerse a la guerra

3. El vicepresidente JD Vance fue el principal opositor a la guerra —y el único en argumentar con firmeza en contra—.

De todos los integrantes del círculo íntimo de Trump, Vance fue quien más hizo para intentar frenar el avance hacia la guerra. Había construido su carrera política oponiéndose a este tipo de intervencionismo militar y advirtió a sus colegas que una guerra de cambio de régimen con Irán sería un desastre.

Frente al presidente y los demás asesores, Vance advirtió que el conflicto podría provocar caos regional y víctimas incalculables, fracturar la coalición política del mandatario y ser visto como una traición por los votantes que apoyaron la promesa de no iniciar nuevas guerras. Señaló además el agotamiento de municiones estadounidenses y el riesgo de una represalia desproporcionada e impredecible, dado que la supervivencia del régimen estaba en juego. También alertó sobre el estrecho de Ormuz y la probable suba del precio de los combustibles.

Su preferencia era no realizar ataques. Pero, consciente de que Trump probablemente actuaría, intentó orientarlo hacia opciones más limitadas. Cuando eso fracasó, abogó por un uso de fuerza abrumadora para terminar rápidamente. En la reunión final del 26 de febrero, su mensaje fue directo: “Sabés que creo que es una mala idea, pero si querés hacerlo, te voy a apoyar”.

4. Algunos asesores de Trump tenían serias preocupaciones en privado, pero cedieron ante el presidente.

Las posiciones dentro del círculo íntimo se distribuían en un espectro, pero con un punto en común: nadie, salvo Vance, planteó un argumento contundente para cambiar la opinión de Trump.

Pete Hegseth fue uno de los principales impulsores de la campaña bélica contra Irán

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue el más entusiasta: “Tarde o temprano vamos a tener que ocuparnos de los iraníes, así que mejor hacerlo ahora”, dijo el 26 de febrero, un día antes de la orden final. Rubio fue más ambivalente —prefería mantener la presión máxima en lugar de una guerra total—, pero no intentó disuadir al presidente. Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, temía que Estados Unidos quedara arrastrado a un conflicto en Medio Oriente en vísperas de elecciones legislativas, pero no consideró apropiado expresar esas preocupaciones en grupo.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, tenía serias dudas y señalaba riesgos de manera constante: agotamiento de armamento, cierre del estrecho de Ormuz y la dificultad de prever la respuesta iraní. Sin embargo, fue tan cuidadoso de no adoptar una postura que a veces parecía sostener todos los argumentos a la vez. Trump, por su parte, tendía a escuchar solo lo que quería oír.

5. Trump creía que sería una guerra rápida, como en Venezuela.

La convicción del presidente de que un conflicto con Irán sería breve y decisivo era profunda y resistente a la evidencia en contra. Se había visto reforzada por la respuesta limitada de Irán a bombardeos previos y por una espectacular operación comando que capturó al líder venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero sin bajas estadounidenses.

Nicolás Maduro fue capturado en Venezuela por el ejercito nortemericano

Cuando sus asesores plantearon la posibilidad de que Irán cerrara el estrecho de Ormuz —clave para el suministro mundial de petróleo y gas—, Trump descartó ese escenario, convencido de que el régimen capitularía antes. Ante advertencias sobre el agotamiento de arsenales estadounidenses, pareció contraponerlas con otro dato más atractivo: la aparente disponibilidad ilimitada de bombas de precisión de bajo costo.

Cuando el comentarista Tucker Carlson le preguntó en privado cómo podía estar tan seguro de que todo saldría bien, Trump respondió: “Porque siempre es así”.

6. Para Trump, fue una decisión basada en la intuición, reforzada por un entorno que ya no lo contradecía como antes.

La decisión de llevar al país a la guerra no se basó en evaluaciones de inteligencia ni en un consenso estratégico entre sus asesores, que no existía. Se basó en su instinto, el mismo que su equipo había visto producir resultados improbables una y otra vez.

A diferencia de su primer mandato, cuando muchos colaboradores lo consideraban un riesgo a contener, en su segundo período Trump está rodeado de asesores que lo ven como una figura histórica. Tras su inesperado regreso en 2024, los procesos judiciales, los intentos de asesinato y la exitosa operación en Venezuela, su entorno desarrolló una fe casi supersticiosa en su destino y en su intuición.

Al tomar esta decisión de alto riesgo, casi todos se alinearon con el instinto presidencial. Rodeado de personas dedicadas a ejecutar sus deseos, y con una racha de acontecimientos favorables, casi nada se interpuso entre la intuición y la acción.

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