Los años nuevos (España-Francia/2024). Creadores y guionistas: Rodrigo Sorogoyen, Sara Cano y Paula Fabra. Elenco: Iria del Río, Francesco Carril, Pablo Gómez-Pando, Ana Telenti, Lucía Martín Abello, Vladimir Perrin. Disponible en: Mubi. Nuestra opinión: buena
“Una relación, creo, es como un tiburón, ¿entendés? Tiene que avanzar constantemente o se muere. Y creo que lo que tenemos entre manos es un tiburón muerto”. De los numerosos brillantes diálogos que contiene Dos extraños amantes (Annie Hall), de Woody Allen, éste que describe con humor el comienzo del fin del amor entre Alvy (Allen) y Annie (Diane Keaton), podría ser la premisa de Los años nuevos, la miniserie española recientemente disponible en Mubi.
Celebrada desde su estreno en su país de origen en 2024, la ficción creada por Rodrigo Sorogoyen (As Bestas, 2022) cuenta de manera cronológica el romance entre Óscar (Francesco Carril) y Ana (Iria del Río), a través de 10 viñetas/episodios enfocadas siempre entre el 31 de diciembre y el 1° de enero, a partir de 2015.
Casi 50 años después de la extraordinaria comedia romántica de Allen, la miniserie que pretende ser un retrato del amor en tiempo de millennials no agrega mayor profundidad a la exploración de la vida de pareja de la que exhibía el inolvidable film.
Utilizando esos dos días del fin y comienzo de año como terreno fértil para el drama y al paso del tiempo como catalizador de los conflictos, la ficción española brilla en el registro de los episodios más anodinos, de los lazos que se construyen en la intimidad física y emocional. Sin embargo, a la hora de la construcción de sus personajes tanto protagónicos como secundarios no logra esquivar la superficialidad. Óscar es estructurado y desconfiado debido a traumas de su infancia y Ana es una indecisa crónica, por el rol que ocupa en su familia y el complicado vínculo que tiene con su madre.
Inmaduro abandono
Aunque en el primer episodio los protagonistas tienen ya 30 años, su comportamiento tiene algo de estudiantina, de inmaduro abandono que resulta más chirriante que divertido. Óscar pena por una exnovia que no termina de serlo y Ana prefiere no tomar decisiones, incluso aquellas que dice anhelar.
El encuentro y desencuentro inicial deriva en un segundo episodio que plantea cierta intriga: ¿Qué pasó después de la noche que pasaron juntos? ¿Cómo fue que Ana se instaló en el centro del grupo de amigos de Óscar como si siempre hubiese estado ahí? En ese caso, las elipsis sirven para sugerir una densidad que la serie se anima a mirar de frente recién en el cuarto episodio, dedicado a una cena de Nochevieja con los padres de ella y la madre de él, pero que abandona rápido para contar una crisis con algo de realismo mágico que tiene a Berlín como telón de fondo. “Debe ser la hostia pensar solo en uno mismo”, le espeta Óscar a Ana en medio de una rave más propia de 2009 que de 2019, año en el que transcurre el episodio.
En Antes de la medianoche (2013), Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke ya habían convertido los reclamos y desavenencias de una pareja en el extranjero en una forma de arte. Lo de Sorogoyen y su equipo conmueve, aunque de modo más epidérmico. Para esa altura, el espectador ya entendió de sobra que Óscar, el médico serio y afecto a la rutina, y Ana, la inquieta e inconstante gastronómica, no son precisamente uno para el otro. Aunque se quieran. Aunque tengan códigos compartidos, aunque jueguen a adivinar las vidas de otras parejas con las que se cruzan. Esas que rompiendo la diégesis resultan en una especie de separadores entre una escena y otra en la historia de la pareja. Una función cumplen las canciones del cantautor asturiano Nacho Vegas, que es casi un personaje más de la trama; un punto de referencia cultural e histórico que esmerila la frontera que divide la realidad de la ficción.
Ingeniosa en su estructura formal-aunque no exactamente original- Los años nuevos cuenta con un elenco de actores jóvenes no muy conocidos para el público internacional, lo cual contribuye a darle realismo a las viñetas anuales, casi como si se intentara poner a los espectadores en el lugar de voyeurs de los derroteros de una pareja real.
Las interpretaciones de Carril y Del Río están a la altura de ese desafío, tanto en las escenas de enamoramiento como en las que se muestra el desgaste del vínculo y todo lo que viene después. En la elección de sus protagonistas radica gran parte del impacto de la miniserie, que a las universales turbulencias que provocan los fines y comienzos de año le suma también el dato nada menor de que sus personajes centrales cumplen años en esas fechas. Se trata de un subrayado demasiado literal del modo en que los afecta el paso de los años. De cómo Óscar y Ana pasan de la sensación de que todavía les queda tiempo para todo, a la cuenta regresiva de las campanadas que suenan implacables hasta dar la medianoche.
