El conflicto bélico en el estrecho de Ormuz desata una peligrosa escalada que amenaza la estabilidad de la economía global. Los riesgos se incrementan y arrojan un saldo de mercados alterados, previsiones de crecimiento estancadas, precios de combustibles disparados y cadenas de suministros interrumpidas. El fantasma de una creciente inflación o posibilidades reales de estanflación afecta a diversos países. Irán apunta con un arma a la cabeza de la economía mundial. Al estrangular el tráfico marítimo por el estrecho, impidiendo el flujo de combustibles e insumos vitales, los ayatolas encontraron una poderosa palanca de poder internacional para desgastar a sus enemigos y prolongar su supervivencia.
Desde el inicio de los ataques aéreos israelí-norteamericanos el 28 de febrero, el régimen iraní recibió duros golpes que desmantelaron su cúpula y dañaron sus estructuras militares. Estados Unidos, Israel y los estados del Golfo Pérsico consideran a los sanguinarios clérigos iraníes como la mayor amenaza que persiste en la región más volátil del mundo. Pero Donald Trump y Benjamin Netanyahu proclamaron temprano victorias que aún no terminan de llegar. La ilusión de provocar un cambio de régimen no se produjo y una facción radicalizada de la Guardia Revolucionaria se adueñó del poder. Los misiles de los ayatolas surcan los cielos, la amenaza nuclear se encuentra latente y continúa activa la maquinaria represiva que aterroriza a su población.
La posibilidad de este conflicto era previsible, pero pareciera que nadie consideró el desencadenamiento inesperado de una parálisis global de suministros energéticos o un shock masivo en sus precios. Los ataques iraníes a buques mercantes e infraestructuras petroleras de las monarquías petroleras del Golfo Pérsico (Kuwait, Qatar, Barein, Emiratos, Omán y Arabia Saudita), implican el regreso del cisne negro. Acontecimientos imprevistos que, al igual que los ataques del 11 de Septiembre en 2001, la crisis financiera global de 2008, la pandemia de Covid-19 y la invasión rusa a Ucrania ocasionan grandes pérdidas globales. A ese escenario se suman tensiones adicionales por imposición de aranceles, guerras comerciales, medidas proteccionistas y fragmentación de alianzas. El FMI anticipa un recorte generalizado en las previsiones mundiales de crecimiento económico durante 2026. La OMC advierte que el bloqueo impuesto por los ayatolas desplomará el crecimiento de los intercambios comerciales.
Los principales índices de Wall Street registran cinco semanas de caídas, ante la posibilidad de una guerra prolongada. La Casa Blanca procura calmar a los mercados y frenar las subas del barril de petróleo, anunciando negociaciones diplomáticas en curso. Pero desde Teherán desmienten ese diálogo y alimentan el nerviosismo del sistema financiero. Para la Reserva Federal y el Banco Central Europeo el efecto más visible es el repunte de las materias primas energéticas. Europa y Asia son las regiones más afectadas por su alta dependencia del recurso energético de Medio Oriente. El escenario más temido sería una espiral inflacionaria que obligase a los bancos centrales a elevar sus tipos de interés, provocando un desplome del consumo y la actividad productiva.
Por las aguas del estrecho de Ormuz transitan 36 mil buques anuales que transportan el 25% del gas y petróleo que se comercializa en el mundo, 49% de la urea y 30% del amoníaco para agricultura, 33% del aluminio y 26% de la producción automotriz. Esa vía vital para el comercio internacional canaliza el flujo de suministros entre Europa, Estados Unidos, China, India, Corea del Sur, Japón y el sudeste asiático. Desde el inicio del conflicto el flujo de buques experimentó una caída del 90%, al suspender las principales empresas marítimas sus tránsitos por el estrecho. Los cielos cerrados afectan grandes nodos de logística aeroportuaria entre Oriente y Occidente. El canal de Suez, alternativa para los navíos, experimenta una brusca disminución ante el riesgo de ataques de las milicias hutíes asentadas en las costas del Mar Rojo. El comercio marítimo reprograma rutas contorneando Sudáfrica e incrementando sus costos.
Las monarquías petroleras del Golfo gozan de altas rentas per cápita, alta inversión extranjera, desarrollos tecnológicos y un consolidado prestigio de plazas financieras seguras. Antes marginadas del mundo, se reinventaron como campeones en globalización de oportunidades. Irán ataca sus infraestructuras buscando lesionar el prestigio ganado en décadas de esfuerzos. Esos estados desean un pronto cese de hostilidades. Turquía también es golpeada por los misiles de los ayatolas. Irán se ha convertido en una amenaza sistémica para todos los países de la región. La libre navegación es solo una de las aristas del conflicto. En las aguas del Golfo Pérsico se concentran centenares de plataformas petroleras off shore y una extendida red de oleoductos y gasoductos. El amplio escenario geoeconómico del conflicto implica otorgar seguridad a un área de 200.000 kilómetros cuadrados.
Reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación hoy es la principal preocupación de la Casa Blanca. Trump realiza gestos de distensión, en tanto continúa el despliegue de efectivos militares. En tanto se avecinan las elecciones de medio término, la opinión pública norteamericana percibe distante al conflicto, desea su pronta finalización y estima que afecta su economía. Las críticas dividen aguas, The Wall Street Journal opina que “dependerá de Trump encontrar un camino para concluir esta guerra con el menor daño posible”. Los aliados europeos son reticentes a participar en la Operación Epic Fury, y propician una desescalada. Entre Washington y Tel Aviv surgen diferencias en cuanto a los tiempos de la guerra. La seguridad de Israel no pareciera consolidarse mientras se suman nuevos conflictos que no terminan de cerrarse. Los brutales ayatolas bajaron la edad de reclutamiento a 12 años, incorporan niños a sus filas, y prometen desencadenar “un infierno histórico”.
Las semanas próximas serán decisivas y existe la posibilidad de un incremento del uso de la fuerza. Trump pidió postergar su viaje a China al 14 de mayo. Es de suponer que para esa fecha el conflicto estaría encausado. Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, en las reuniones del G-7 en Paris, anunció que la guerra en semanas llegará a su fin, disipando temores de un largo conflicto a gran escala. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció esta semana que existe una mejoría en la situación, que se retomará el control del estrecho y se restablecerá la navegación con escoltas de buques norteamericanos o de una fuerza multinacional.
Europa se encuentra operando en un espacio entre la guerra y la paz. Francia, Alemania y el Reino Unido procuran apoyos internacionales para asegurar la libre navegación en el estrecho -una vez finalizadas las hostilidades- con una flota multinacional.
La mejor opción es retomar las sendas de la diplomacia para arribar a una solución política que permita recuperar una frágil estabilidad en Medio Oriente. Existen grandes obstáculos para construir niveles de confianza entre las partes y alcanzar la paz. La mediación diplomática que desarrollan los gobiernos de Turquía, Egipto, Pakistán y Arabia Saudita, podría alcanzar resultados. Las negociaciones son arduas, con posiciones enfrentadas y una compleja variedad temática, desde temas nucleares hasta el control del estrecho de Ormuz. Aún falta para lograr un cese del fuego. Algunos analistas interpretan que una debilitada economía iraní, sumada al vacío de poder en el gobierno, podría impulsar a los ayatolas a sentarse a negociar. Múltiples interrogantes se abren sobre la evolución futura, el más acuciante es el peligro de expansión de la inestabilidad regional.
La Argentina se encuentra alejada del conflicto y su repercusión en la economía global brinda a nuestro país oportunidades como proveedor de energías y alimentos. Al respecto, urge ampliar medidas para la modernización de infraestructuras que agilicen la salida de nuestras exportaciones. La distorsión producida en los precios del comercio internacional podría dificultar los esfuerzos que el gobierno emprende en la lucha contra la inflación. En cuanto al régimen de los ayatolas, los argentinos no podemos olvidar los cruentos atentados de 1992 y 1994 planificados por el gobierno iraní, ni el asesinato –con complicidades locales- del fiscal que los investigaba.
