Milei quiere, como los K, jueces que le respondan

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El problema no son las formas. Nadie le va a pedir buenos modales a Javier Milei. El problema es que su tendencia al agravio alimenta un odio que crece y vuelve multiplicado. Llegado a la presidencia, debería encontrar otras satisfacciones, porque el gozo que le proporciona esa descarga emocional tiene su costo y pasará factura cuando el péndulo cambie de dirección.

Conviene no olvidar que el odio que el Presidente inyecta en la sociedad se apoya en el que antes propagó el kirchnerismo. Muchos disfrutan el dulce sabor de la revancha cuando los que humillaban desde el poder, ahora en el llano, pasan a ser los humillados. Milei ofrece, vicariamente, una suerte de desagravio. Pero se ceba y se pasa de rosca. Ataca a todos los que no se le rinden de forma incondicional, lo mismo que antes la señora. Y, cuando empieza, no puede parar. ¿Está gobernando un país o calmando sus demonios?

El odio no es forma. A juzgar por lo que se vio el domingo en el Congreso, parece el contenido de nuestra política: iba y venía del atril presidencial a las bancas de los legisladores kirchneristas, que devolvían la misma munición. Yo no sé si Milei logrará reencauzar la economía, pero el daño que le está haciendo a la política es evidente. Ese desprecio al diálogo, la ausencia de un mínimo respeto, es en verdad un desprecio a las instituciones. Y las desprecia porque suponen un límite a su voluntad. Quiere “hacer grande a la Argentina otra vez” (ni en esto es original), y prometió dejar atrás un sistema corporativo y corrupto que lleva décadas para conducirnos a través del desierto hacia una suerte de paraíso libertario. La figura de profeta y de redentor (todo en uno) que supo construirse en el imaginario colectivo lo han puesto, con cierto consentimiento social, un poco más allá de la ley. Eso, sabemos, es peligroso.

Mahiques y Viola son ahora escuderos de un gobierno con causas abiertas que no parece promover una Justicia autónoma

La elección de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia parece otro síntoma del desprecio de Milei por las instituciones. La cólera del Presidente es auténtica, así como también el cálculo. Para esto se apoya en su hermana, más fría. Después de que los libertarios insistieran tanto en llevar a Ariel Lijo a la Corte Suprema, no debería sorprender la elección del nuevo ministro. Los Milei quieren, como antes los Kirchner, una Justicia que les responda.

A veces parece que Milei batalla contra el kirchnerismo no para torcer el rumbo decadente del país, sino para desplazarlo y colocarse él mismo en ese lugar mediante los mismos métodos. El historial de Mahiques no invita al optimismo: lo exhibe como parte de la casta, la que desde los tribunales, en una red interminable de influencias, protege al poder de turno. Apadrinado por el incombustible Daniel Angelici, su relación con los investigados Claudio Tapia y Pablo Toviggino es pública: fue nombrado vicerrector de la Universidad del Fútbol Argentino, cargo al que renunció cuando se destapó el escándalo de corrupción de la AFA. Su padre, el camarista Carlos Mahiques, también renunció. En su caso, a la causa de la ostentosa quinta de Pilar adjudicada a Toviggino. Lo hizo con elegancia, dejando la suplencia en la sala que entendía en el asunto, pero solo después de que Hugo Alconada Mon revelara que el juez había festejado su cumpleaños ahí, en esa mansión hoy investigada como una pieza más de un fraude monumental. ¿No hay sanción, más allá de la vergüenza pública, por no haberse excusado de motu proprio? La primera decisión de su hijo, tras asumir el cargo, fue pedir la renuncia del jefe de la Inspección General de Justicia, Daniel Vítolo, que había conminado a Tapia a que explicara los oscurísimos estados contables de la AFA. Ya no queda ni el disimulo. Carlos Pagni contó además que el nuevo ministro de Justicia fue quien le proveyó a Toviggino, antes de que estallara el escándalo, los abogados que lo patrocinan.

Su segundo, Santiago Viola, tampoco ayuda a restablecer la confianza en la Justicia. El flamante viceministro fue acusado de plantar testigos falsos cuando defendía a los hijos de Lázaro Báez, para correr al juez Casanello de la causa de “la ruta del dinero K”. Pese a las pruebas, lo salvó la Cámara Federal de Casación. También fue sobreseído de la causa penal que se le siguió después de que embistiera con un BMW la parte trasera de un Peugeot 207, un sábado a las seis de la mañana en la Panamericana. En el accidente, ocurrido en 2018, murió un hombre de 65 años que viajaba en el asiento de atrás del Peugeot. Viola se negó a hacerse el control de alcoholemia, según fuentes de la investigación.

Estos muchachos, entre otras cosas, deberán decidir sobre las designaciones de doscientos jueces y fiscales. Por sus méritos, son ahora escuderos de un gobierno con causas abiertas que no parece promover una Justicia autónoma, acaso porque desconfía de magistrados cuyo apego a la Constitución y las leyes pudiera limitar a un líder que, en su cruzada para fundar una nueva Argentina, aspira a no encontrar obstáculos legales en el despliegue de su misión.

Donald Trump, que lanzó el ataque sobre el régimen iraní sin pedir permiso, dijo que lo único que puede detenerlo es su propia moral y su propia mente. No parece posible que Milei llegue a tanto. De cualquier modo, mientras dure su gobierno, habrá que velar por la Constitución y la ley. Nada nuevo bajo el sol.

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